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Reportaje:ATLETISMO

La carrera más sucia de la historia

Steve Cram, ex campeón mundial de 1.500m, cuenta en la BBC los recuerdos de la carrera de 100 metros de Seúl 88 que destapó el dopaje de Ben Johnson

Hace ya 20 años que Ben Johnson, culpable de dopaje, fue despojado de la medalla de oro y expulsado de los Juegos Olímpicos de Seúl, tras su victoria fraudulenta en los 100 metros libres.Hubo escándalos de dopaje antes de los juegos de 1988 pero ninguno tuvo el impacto de éste.

Esta carrera es conocida ahora como la más sucia de la historia, ya que aparte de Johnson, allí estaba Carl Lewis, que heredó el oro y que en las pruebas de clasificación del equipo de Estados Unidos para los juegos de 1988 dio positivo por drogas tres veces (En 2003 se supo que alrededor de 100 atletas estadounidenses habían dado positivo entre 1991 y 2000, pero las autoridades los exoneraron de culpa. Entre ellos estuvo Carl Lewis, quien habría dado positivo por tres drogas: seudoefedrina, efedrina y fenilpropanolamina), mientras que el británico Linford Christie, medalla de plata, también dio positivo en un análisis en el ocaso de su carrera. Yo hablé con Ben Johnson sobre esto, y la entrevista será transmitida por Radio 4 de la BBC, el sábado 19 de julio.

Me dijo que si las técnicas de análisis hubieran sido más eficaces en aquella época, tal vez se habría abstenido de tomar drogas. También dijo que le había sorprendido que la droga identificada en el análisis fuera el estanazolol, porque él había consumidos sustancias diferentes.

En aquella época ya había teorías conspirativas sobre las cosas raras que ocurrían, pero ahora parecen más convincentes y la gente está más dispuesta a aceptar su veracidad. Se tiene la impresión de que las diferentes federaciones de atletismo no se esforzaban demasiado en detectar el abuso de drogas por parte de sus atletas más destacados.

Johnson se agitó cuando le mencioné a Lewis, pero es que ambos nunca se llevaron muy bien y el tema es de esos que causan una impresión muy profunda en el ánimo. Hubo momentos en que tuve que recordarle que, a fin de cuentas, su dopaje fue real, pero al finalizar nuestra conversación no estuve muy seguro de mis sensaciones. En cierto sentido siento simpatía por él y comprendo su punto de vista, pero lo realmente importante es que Ben Johnson le hizo un daño irreparable al deporte. Cuando uno está envuelto en el atletismo, el deporte en general, esto del dopaje nunca es una novedad.

Ya entonces, en 1988, no me sorprendí cuando supe que Ben había dado positivo, aunque esto no significa que haya sospechado de él más que de otro. Según la interpretación de Ben Johnson, él fue una víctima de esta situación, un chivo expiatorio. Lo cierto es que todos sabíamos que el dopaje era una realidad extendida. Esa fue la primera vez que el público en general tuvo un atisbo de lo que estaba ocurriendo, porque nunca antes había quedado comprometido un atleta tan conocido, en una carrera tan importante como la de 100 metros. También hablé con Johnson sobre las discrepancias entre su versión y la de su ex entrenador Charlie Francis, en su libro Speed Trap (la trampa de la velocidad). Esto elevó considerablemente la temperatura de la entrevista.

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