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LIGA | BARCELONA 1 - VILLARREAL 2

El Barça entrega media Liga

El Villarreal asalta el Camp Nou con una lección táctica que pasó por encima del pobre fútbol azulgrana

La Liga ofrece visibles signos de resolverse antes de lo que algunos aventuraban. A la solvencia del Real Madrid, escaso de recursos pero con la fiabilidad de un reloj suizo, el Barcelona responde con un fútbol pobre, trastabillado y tan sólo maquillado por el delicioso juego de Iniesta. Pero el manchego no es suficiente. El Villarreal, con la eliminación copera todavía en su retina, aterrizó con las ideas claras y un planteamiento más que correcto. Aprendida la lección, el equipo castellonense sirvió en frío su venganza, como mandan los cánones. Los de Pellegrini devolvieron el 'ko' de la Copa del Rey con una victoria que dilapida gran parte del crédito azulgrana (el Madrid amplía su ventaja a 8 puntos) y descubre las carencias del ciclotímico conjunto de Rijkaard, que confunde a su parroquia entre esperanzadoras actuaciones y notables decepciones.

El Camp Nou presenció un choque viril. Un cuerpo a cuerpo aderezado de constantes forcejeos, entradas a ras de hierba y acciones al límite del reglamento. Quizá por este motivo, el holandés puso en liza toda la artillería pesada. Apostó por el tridente formado por Ronaldinho, Henry y Eto'o en la punta de ataque, y dejó en el banquillo al imberbe Giovanni, a priori, el remiendo más lógico para paliar la dolorosa ausencia de Messi. Un planteamiento radicalmente opuesto al de su homólogo Pellegrini. El entrenador chileno dejó las jerarquías a un lado e introdujo en el equipo titular a Matías Fernández en lugar de Nihat, que habitualmente ofrece buenas faenas en el coliseo azulgrana.

La ausencia del turco restó verticalidad al conjunto castellonense, que se aferró al contragolpe para superar a su rival. Sin embargo, pudo adelantarse el Barça en el primer minuto, cuando Eto'o cazó un balón en el interior del área y puso a prueba las todavía gélidas manos de Diego López. Superado el sobresalto, el Villarreal devolvió el golpe unos instantes después. Guille Franco y Matías, en permanente brega con Thuram y Milito, fabricaron una jugada en la que el joven delantero chileno enfiló la portería de Valdés con decisión y trazó una bella parábola a la que respondió con mucho acierto el meta de L'Hospitalet.

Entre los envites particulares y el juego de pizarras, el Barça asumió el dominio del partido. El talento de sus estrellas comenzó a aflorar, aunque en el caso de Ronaldinho y Henry, con cuenta gotas. El brasileño sirvió dos buenas asistencias, mientras que el francés, exento de chispa, recurrió a su gran clase para colaborar en las incisivas internadas de Abidal. Tan sólo Eto'o ofrecía soluciones de garantías, pero maniatado el camerunés, el Villarreal preparó el golpe de efecto para enmudecer el Camp Nou. Al filo de la media hora, Guille Franco tumbó a Milito con dos fintas pero cuando se disponía a marcar, Valdés le derribó. Senna, perfecto en la contención y fino en la creación, no tuvo piedad del guardameta azulgrana y transformó la pena máxima con autoridad. El tanto desdibujó al Barça hasta el descanso, que carente de argumentos, apenas sembró peligro sobre la portería de Diego López a excepción de un empujón de Cazorla sobre Henry en el que Pérez Burrull pudo haber señalado penalti.

Iniesta no es suficiente

La segunda mitad era un todo o nada para el Barcelona. Con media Liga en juego, Rijkaard decidió sustituir a Henry y dio entrada a Bojan entre la estruendosa acogida de la grada. El descaro del ariete blaugrana y el creciente protagonismo de Iniesta insuflaron aire fresco al encasquillado juego del equipo catalán. El medio manchego tomó el mando y reactivó al resto de sus compañeros. En el minuto 60', Andrés tomó el esférico en la banda izquierda, dribló sobre la línea de fondo a dos defensores castellonenses y sirvió en bandeja de plata el gol de Xavi, que entraba como una exhalación desde segunda línea.

Como en los últimos enfrentamientos, se masticaba la remontada. Sin embargo, el buen hacer del Villarreal, bien plantado sobre el césped y ansioso de vendetta, obtuvo sus frutos. A diez minutos de la conclusión, Eguren leyó bien un magistral pase de Cazorla desde la frontal, y acto seguido, centró para que Tomasson perforase la meta azulgrana y enterrase un porcentaje muy alto de las esperanzas ligueras del equipo de Rijkaard. El Barça trató de reaccionar, siempre con más corazón que cabeza y sumido en la mediocridad de su fútbol. El Camp Nou, sobrecogido, despedía a los suyos entre pitos y rostros desencajados. Pinta mal la cosa en Can Barça. Siempre quedará Europa. O eso se dice.

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