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Crónica:FÚTBOL | 18ª jornada de Liga

Secos desde octubre

El Atlético, que está a cuatro puntos del descenso y lleva tres meses sin ganar, empata con el Valencia un choque muy táctico

El Atlético no gana desde finales del mes de octubre. Pero ayer, al menos, no perdió en los minutos finales. Estuvo a punto. Pero al final conservó un empate sin goles contra el Valencia que la grada sancionó pidiendo la marcha del técnico, Carlos Bianchi.

Los futbolistas rojiblancos, algunos, coinciden con el público del Manzanares y le reprochaban a Bianchi que no estudiaba al conjunto rival. Que no congelaba la imagen del vídeo para señalar con una flechita los movimientos clave de los otros equipos. Todo se improvisaba, decían. De repente, las aburridas sesiones de desmenuce del contrario eran muy importantes para los jugadores, que ya se sabe que en ocasiones son gente sorprendente. Y Bianchi debió de tomar nota de la petición. Ayer hasta cuatro chicos vestidos a rayas rojas y blancas envolvían a Pablo Aimar cada vez que el Valencia tenía el balón. Claro, que para saber que el pequeño argentino es el motor de los levantinos no es necesario ser un estudioso. La misma maniobra de saturación defensiva agobiaba a Vicente y Villa. Y, más o menos, funcionó. Aimar y Vicente, sustituidos, dejaron el campo cuando restaban más de 20 minutos para concluir el partido.

Bianchi llenó el césped de centrocampistas con alma de guardia de seguridad. Zahínos, Mario y Colsa, especialmente el primero, recularon hasta su propia área y se convirtieron en centrales auxiliares. Ibagaza, teórico mediapunta, jugaba de pivote ofensivo. El equipo quedaba cortado en dos mitades muy diferenciadas: una en la que casi todos defendían y otra en la que Ibagaza, Torres, Petrov y, en ocasiones, Colsa, amagaban con atacar. Pero no atacaban casi nunca, todo sea dicho, hasta que decidieron cambiar el guión cuando faltaba media hora para el final.

La apuesta, pues, hasta el arreón del segundo tiempo, era el contragolpe. Funcionó en el minuto 14, pero el disparo de Petrov, asistido por Torres, lo detuvo Cañizares. En el 61, otra vez Petrov, se quedó solo ante el portero, pero apenas pudo golpear el balón.

El Valencia, incómodos sus futbolistas más brillantes —entre otras cosas gracias al vídeo de Bianchi— mantenía la pelota en circulación por las zonas menos calientes del campo. De Miguel a Marchena, por ejemplo, o de Angulo a Albelda o de Fabio Aurelio a Moretti. Y así. Pero sin tener oportunidades. En el primer tiempo, excepción a esa regla fueron: un lanzamiento de Villa desde el pico izquierdo del área pequeña —gracias a un fallo en cadena de todos los defensas rojiblancos— que sacó a córner Falcón; un tiro de falta lejana de Fabio Aurelio que Falcón desvió cuando el balón se colaba por la escuadra. En el minuto 76 Pablo cabeceó a su propio larguero y el rechace lo recogió en el punto de penalti Angulo que disparó al centro donde detuvo, bien situado, Falcón. Este Falcón, resulta, es el cuarto portero del Atlético. Un buen portero.

Los rojiblancos, que han estado enfermos gran parte de la semana por una gastroenteritis aguda y colectiva, no parecieron acusar la convalecencia. Jugaron regular, pero no peor que en muchos otros encuentros ligueros anteriores. Incluso mejoraron según avanzaban los minutos, cuando previsiblemente debía suceder al contrario.

El Valencia disimulaba apropiándose del balón. Pero no pasaba de los tres cuartos de campo. Excepto a balón parado. Defendía con comodidad —menos cuando Ibagaza urdía la jugada— pero atacaba con un repetitivo manual de instrucciones. La última media hora, además, dejó que el Atlético, sorprendentemente más entero, se estirase y perdió el control.

A Petrov le acusan de jugar de cara a la grada. Puede ser. Pero quizá tampoco sea una idea tan absurda. Los señores que están sentados en sus localidades, se supone, son una parte importante del negocio. Y Petrov les gusta. A Petrov, los directivos rojiblancos, le han sentado en una sillita y le han tratado de explicar algunas cosas sobre lo que está bien y lo que no está tan bien hacer en un vestuario. Lo cierto es que el búlgaro, al margen de su vena populista y de que no haga ningún esfuerzo por integrarse, fue el protagonista de las mejores ocasiones del Atlético. Eso hasta que Bianchi le sustituyó y dio entrada a Maxi Rodríguez, uno de los más tardíamente afectados por la intoxicación.

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