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FÚTBOL | Primera División

El Barça se divierte con el Mallorca (3-0)

Luis Enrique y Saviola abaten a un rival inofensivo en un Camp Nou que disfrutó media hora

Agarrado a la furia de Luis Enrique, al serpentear de Geovanni, a la pujanza de Puyol y al olfato de Saviola, el Barça resolvió con placidez la cita con un Mallorca desconocido y perdido en el pozo de la clasificación. Los azulgrana, dirigidos por un espléndido Xavi, solo necesitaron dos cuartos para meter tres goles al equipo isleño, que, afectado enormemente por la seria lesión de Ibagaza, no logra levantar la cabeza en la Liga, aunque mantenga esperanzas en Europa.

BARCELONA 3
MALLORCA 0

BARCELONA
Bonano; Puyol, Andersson, Frank de Boer, Sergi (Gabri, m.45); Luis Enrique (Motta, m.71), Xavi, Cocu; Kluivert (Gerard, m.78); Geovanni y Saviola.

MALLORCA

Fue, sin duda, el mejor encuentro del Barça de esta temporada. Luis Enrique marcó los dos primeros goles y Saviola el tercero en un enorme contraataque conducido por Xavi. El partido bajó la persiana en media hora y se acabó con la expulsión de Niño. El marcador no se movió pero el Barça se fue a dormir ayer, a la espera de lo que haga hoy en el Celta, al mando de la Liga.

El Camp Nou, motivado por la titularidad segura del pibito, se acercó anoche en gran número al estadio y acertó porque hacía meses que no disfrutaba y vivía un partido tan tranquilo como el de ayer. Y mucho tiempo que no sufría y que además liquidaba un encuentro en apenas media hora. El Mallorca también ayudó: el Barça sufre si no tiene la pelota y si le quitan espacios. Y ayer lo tuvo todo. Krauss sorprendió al renunciar a un estilo más conservador que tan buenos resultados, por ejemplo, le dio hace una semana en Alemania. El técnico germano, que tenía además la baja del rapidísimo Eto'ó, que cumplía sanción, optó por un diálogo más abierto con el Barça. Y por ahí empezó a perder muy pronto el encuentro. Los azulgrana suelen canalizar sus partidos en la primera parte y ayer les salió todo rodado: Saviola se quedó como delantero más avanzado, escoltado por la izquierda por Geovanni, por el que pasa buena parte del caudal ofensivo del equipo, y con Luis Enrique con libertad de movimientos. El Barça renunció a la banda izquierda pero la apuesta le fue de perlas.

Los goles cayeron casi sin tiempo a digerirlos. Geovanni, que llevó de cabeza a Soler, fabricó el primero a la salida de un córner que Luis Enrique cabeceó en el arranque ante la presencia de Olaizola y la salida en falso de Miki. El segundo no tardó en llegar: Andersson no sabía qué hacer con el balón y lo pasó a Puyol, que, presionado, lanzó con la izquierda, su pierna mala, un balón hacia el área: por allí apareció otra vez el asturiano que empalmó un balón cruzado hacia la red, ante la presencia otra vez de lateral vasco. En medio quedó la frenética actividad de Saviola, que no cesó de incordiar a la defensa rojilla, y un chut solitario y desviado de Campano. El Barça seguía moviendo el balón con relativa rapidez y comodidad hasta que fabricó un tercer gol perfecto: Bonano pasó a Xavi que, en la medular, dio un larguísimo pase en diagonal a Geovanni, que se zafó de su marcador y vio cómo en el área Saviola le reclamaba el balón: la pelota acabó allí y el pibito colocó la bota para que la pelota entrada en la red.

El Mallorca, inmerso en una crisis -solo ha ganado un partido y marcado un gol en las últimas cinco jornadas de Liga- apenas replicó: sólo ofreció un contraataque de Luque, anulado por fuera de juego. Y acabó casi por desaparecer con la expulsión de Niño. Sólo quedaba comprobar algo: si el Barça sufriría sus típicos bajones tras el descanso. Pero ayer no fue el caso: tenía el partido en el bolsillo pero siguió acorralando al equipo rojillo aunque sin olfato ante puerta. Luis Enrique estuvo a punto de marcar con un potente remate. La grada le despidió, en el momento de su cambio por Gerard, como un héroe. Sólo algo amargó la noche a los azulgrana: Sergi sufrió una seria lesión muscular y se sumó a un batallón de bajas, especialmente en defensa, ante su visita del sábado en Riazor, un partido ya de palabras mayores después de combatir con rivales de rango inferior en el inicio de Liga.