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La Ruta Norteamericana
Por Fernando Navarro
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Por qué los 70 son la mejor década de la música popular

Un periodo marcado por el nacimiento del punk, la new wave, el hip hop, el funk o la electrónica o de nombres imbatibles como David Bowie, Lou Reed, Iggy Pop, Neil Young, Patti Smith, Bruce Springsteen, Tom Waits, Elton John o Tom Petty

Bowie, Iggy Pop y Lou Reed, en Londres en 1972.
Bowie, Iggy Pop y Lou Reed, en Londres en 1972.

Existen debates de barra bar que no van a ningún lado, pero en los que todavía podemos darle un poco de sentido a las cosas. Uno de ellos podría ser el que me asalta a veces entre amigos o, como el otro día, cuando escuchaba Sofá Sonoro, el fantástico programa dirigido por Alfonso Cardenal en la Cadena Ser. El programa estaba dedicado a la música rock en la década de los 70 y volví a constatar algo que pienso desde hace mucho tiempo: los 70 fueron la mejor década de la música popular. Antes de que arda Troya, que lo hará igualmente, conviene dar argumentos.

La historia oficial siempre ha considerado a los gloriosos años 60 como la mejor década de la música popular, aquella en la que se consolidó el rock como movimiento contracultural y ofreció el esplendor del pop rock y la cultura juvenil ejemplificado por artistas tan definitivos que tuvieron éxito como Bob Dylan, The Beatles o The Rolling Stones. También fue la década del soul con Stax o Motown como sellos motores o el nacimiento de los grandes festivales con el ejemplo legendario de Woodstock. Hubo muchos más ingredientes políticos y de luchas sociales que alimentaron la década. No es el único periodo trascendental: los años 50 alumbraron el rock’n’roll y encendieron una mecha increíble a partir de Elvis Presley. Los más puristas aman esta década porque fue el comienzo de muchas cosas y todavía conservaba una fascinante inocencia. Otros apostarían por los ochenta, con el postpunk y el nacimiento del indie, tan determinante para muchos y que ha creado sus propios mitos musicales. Y, generacionalmente, hay quien que defiende los noventa por cuestiones emocionales: vivieron en sus carnes las sacudidas del grunge, el brit pop o el indie más brillante.

A estas alturas, cuando la actualidad informativa no para de recordarnos que el siglo XX se va extinguiendo a medida que se mueren sus símbolos culturales, mirar atrás es una forma de poner en orden el pasado. La década de los 70 guarda muchas claves para entender todo el valor de la música popular, pero, especialmente, es un territorio emocional maravilloso. La afirmación de que esta década es la mejor para la música popular responde más bien a una cuestión personal que a una sentencia demostrable. Sin embargo, existen elementos importantes que apoyarían esta tesis.

Siempre he visto los 70 como la época en la que el rock, como movimiento artístico y cultural, tuvo conciencia de sí mismo con todas sus virtudes y defectos. Con el fin de los Beatles y el verano del amor, la contracultura parecía diluirse. El cambio de década demostraba que el cuento de los 60 había terminado por convertirse en mercancía, otro instrumento más de consumo dentro de la cultura comercial. Pese a todo, los años 70 fue un periodo que, dentro de esta realidad, permitió que surgiera el fervor de Detroit con The Stooges y MC5 y el punk, tanto en Reino Unido como en EE UU. Aunque solo fuera por eso -la rabia y el nihilismo con el que se agitaron los cimientos de la industria y la cultura popular-, esta década valdría la pena casi más que ninguna otra. Al menos, había mucho más conocimiento del fracaso y muchas más ganas de romperlo todo. Así, los años 70 son también los años de The Clash, Sex Pistols y Ramones. Por tanto, solo en estas cinco bandas nombradas hay todo un tratado filosófico del rock.

De derecha a izquierda, Nicky Headon (batería), Mick Jones (guitarra), Paul Simonon (bajo) y el líder de la banda, Joe Strummer (guitarra y voz). The Clash en Nueva York en 1978.
De derecha a izquierda, Nicky Headon (batería), Mick Jones (guitarra), Paul Simonon (bajo) y el líder de la banda, Joe Strummer (guitarra y voz). The Clash en Nueva York en 1978.Foto: Getty

Fuera de esta furia, paralelamente, hubo una nueva ola en el pop rock y que el tiempo ha situado como un movimiento imprescindible: los ritmos callejeros salidos del CBGB con artistas como Patti Smith, Blondie, Television, Talking Heads, Johnny Thunders, The Dictators o Mink Deville. A eso hay que sumar la increíble respuesta británica en la new wave. La mecha de nombres es larguísima, pero solo apuntaré unos pocos que sostienen todo un edificio gigante: Elvis Costello, Nick Lowe, The Police, Echo and the Bunnymen y Joy Division. En Reino Unido, además, se daría lo que se dio en llamar pub rock. Nadie mejor que Dr. Feelgood para representarlo, pero también Brinsley Schwarz, Ian Dury o Graham Parker.

En la música negra, el soul se expandió hasta límites nuevos del funk gracias a la versión mejor y más bestia de James Brown, pero también añadiendo nuevos y vibrantes nombres tan imprescindibles como Funkadelic y Parlamient. Incluso el soul tomó una inmensa conciencia mientras engrandecía sus posibilidades sonoras. Así, Motown, pese a todo su éxito de los 60, nunca fue más trascendental como esta década que coronó a un Stevie Wonder imbatible y nos dio al Marvin Gaye de What’s Going On y lo que vendría después. Y solo esta década también se marca como irrepetible porque es la del nacimiento del hip hop en el Bronx de Nueva York, todo un terremoto contracultural afroamericano que acabó por tener su verdadero esplendor en los ochenta. También de Nueva York surgió la salsa, que marcó un antes y después para la música latina en todo el mundo.

La misma década traerá el rock progresivo y el hard rock, dos géneros musicales nuevos derivados del gran tronco del rock. Es decir, es la década de Led Zeppelin, Black Sabbath o AC/DC. Y, puestos a citar a bandas mastodónticas de estadios, hay que añadir Queen o The Eagles. También es la década de la música disco, tan importante para el desarrollo de las discotecas que llegan hasta nuestros días. Pero, sin duda, al igual que los setenta son la década del punk y el hip hop, lo es de la electrónica. Este movimiento musical con grandes raíces sociales cambiará todo el panorama sonoro a partir del nacimiento de la música electrónica popular ejemplificado en Kraftwerk, otro grupo imprescindible de la historia de la música y salido de esta década. Y, justo al otro lado de esta orilla, en el siempre conservador country se produce otro pequeño seísmo con la consolidación de los outlaw: Willie Nelson, Johnny Cash, Kris Kristofferson, Waylon Jennings… ¡y por ahí también andaban en otro ritmo propio pero glorificando al country-folk Gram Parsons, Linda Ronstadt, Emmylou Harris y Townes Van Zandt!

Bob Marley, en una entrevista fumando marihuana tras un concierto en el The Fox Theater.
Bob Marley, en una entrevista fumando marihuana tras un concierto en el The Fox Theater.Tom Hill (WireImage)

Si todo lo comentado no es suficiente, esta década es tremenda porque fue el periodo natural de dos colosos: David Bowie y Lou Reed. Pero hay más. Mucho más. Como Bob Marley, ampliando el radar hacia las músicas del mundo con el reggae. Y, sin embargo, a título personal, me quedo con esta década por los siguientes nombres. Los 70 alumbró a Neil Young, Tom Waits, Bruce Springsteen, Tom Petty, Patti Smith y Jackson Browne. O desarrolló un Van Morrison fascinante. Y también permitió la salida de grandes dramáticos musicales como Elton John o Billy Joel.

Y puestos a defender esta década de todas las demás lo haré aún más a título personal. Por mucho que la suya fuera la de los 60, esta década es la de mis Rolling Stones preferidos: Sticky Fingers y Exile on Main St. Sucede igual con Bob Dylan, al que le pertenecieron los 60. Varios Dylan de mis preferidos nacen y mueren estos años: el de Basement Tapes (el disco se publicó en 1975), el de la Rolling Thunder Revue y el intimista que se reinventa con Blood on the Tracks, Desire y Street Legal. Ojo, y el religioso de Slow Train Coming. Lo compro. Como compro que encima (agárrense al asiento) es la década de un Elvis Presley único, enorme. Defiendo a muerte al Elvis de los 70, elevándose en su sufrimiento mayúsculo y consumiéndose en una metáfora perfecta del rock and roll. Y es la década en la que muere. Y eso la convierte en única.

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Sobre la firma

Fernando Navarro

Redactor cultural, especializado en música. Pertenece a El País Semanal y es autor de La Ruta Norteamericana. Ejerce de crítico musical en Cadena Ser. Pasó por Efe, Abc, Ruta 66, Efe Eme y Rolling Stone. Ha escrito los libros Acordes Rotos, Martha, Maneras de vivir y Todo lo que importa sucede en las canciones. Es de Madrid.

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