Sleater-Kinney: lo que queda del ‘grunge’
El nuevo álbum del grupo recibe una calificación de 8 sobre 10


Acababa de morir Kurt Cobain, es decir, corría el año 1994, cuando Corin Tucker y Carrie Brownstein, por entonces aún militando en Heavens to Betsy y Excuse 17, decidieron montar un pequeño satélite propio –de todos es sabido que a los grupos los carga el diablo y que la repartición de poderes siempre desemboca en una guerra que primero aniquila el grupo y luego, uno a uno, a todos sus integrantes, cuyas carreras jamás estarán a la altura de lo que había surgido entre ellos– que acabó devorando a los planetas de que dependía, y que, con el tiempo, se ha convertido en uno de los pocos exponentes de ese animal musical que empezó a extinguirse tras la muerte de Cobain: el grunge.

Artista: Sleater-Kinney
Disco: The Center Won't Hold
Sello: Caroline / Music as usual
Calificación: 8 sobre 10.
Con algunos altibajos –la regularidad con la que publican cada nuevo trabajo es siempre imprevisible y la sensación es la de que cada nuevo disco es el último–, Tucker y Brownstein, acompañadas, desde 1997, por Janet Weiss, y la necesaria contaminación de lo contemporáneo –el arranque de este The Center Won't Hold, precisamente el tema que da título al disco, empieza con algo que podríamos calificar de dream grunge para acabar rindiéndose a un splash chorus que parece rescatado de aquella época en que todo el mundo parecía vestir camisas de leñador y no llevarse nada bien con el mundo–, Sleater-Kinney llevan dos décadas y media explorando la manera en que la rabia (y la tristeza) postadolescente se hizo música mainstream en los 90.
Pese a las muy luminosas concesiones de The Dog / The Body (un nuevo clásico extra sweet de la banda) y la elegantísima Broken (un desnudo tema al piano que nada tiene que ver con lo que habíamos oído hasta la fecha), el trío se abre camino a machetazos con aspecto de sencillos riffs capaces de crear mundos enteros (LOVE es tan noventera que podría haber aparecido en la banda sonora de la última temporada de Stranger Things y Can I Go On es una fascinante pieza de soft rock que encantará a los amantes de las Bangles), fraseos como mordiscos y coros sanadores (Hurry On Home), y un enfado que busca la rendición (Reach Out) y autopropulsar su maltratada autoestima.
A ratos suenan incluso como su alumna más aventajada (The Future is Here es casi un Best Coast antes de Bethany Cosentino), y aunque el mensaje del álbum tenga que ver con el caos y el yo perdiendo pie en mitad del huracán, lo que está claro es que, pase lo que pase (y sea quien sea con quien pase: aquí, a los mandos, está St. Vincent), ellas van a seguir ahí, redibujando un sonido que no va a perderse sino que va a ir reinventándose sin miedo. Después de todo, como ellas mismas cantan en LOVE, ya “no hay nada que esconder, nada que demostrar”.
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