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COPENHAGUE CRÍTICA i

Somos incertidumbre

Claudio Tolcachir y un reparto de primera orquestan un espectáculo de empaque con la obra 'Copenhague'

Una escena de 'Copenhague'.
Una escena de 'Copenhague'.

Alemania jamás estuvo en posición de ganar la Segunda Guerra Mundial: no disponía de recursos suficientes. Expandido por los cinco continentes, el Imperio Británico había puesto su industria al servicio de la economía de guerra desde el inicio, tenía una flota mercante superior a la del resto del mundo y disponía de un flujo inmenso de suministros provenientes de EE UU, desde antes de que este país entrara en la contienda. Lo cuenta James Holland, historiador británico, en El auge de Alemania: el mito del poder de la Wehrmacht es fruto de la propaganda de guerra, destinada a magnificar la victoria propia.

¿Y si los nazis hubieran conseguido fabricar la bomba atómica? ¿Tuvo alguna posibilidad de éxito el proyecto Uranio, gemelo del proyecto Manhattan estadounidense? En torno a ambas preguntas y al encuentro mantenido en Copenhague en 1941 por Niels Bohr, padre de la física atómica moderna, reclutado luego por los norteamericanos, y Werner Heisenberg, cerebro del programa nuclear alemán, el autor británico Michael Frayn ha tejido un texto sugestivo sobre el dilema de la responsabilidad del científico ante el uso perverso de sus descubrimientos.

En sus cábalas sobre el motivo de la visita de Heisenberg a su antiguo maestro, en la Dinamarca ocupada, Frayn acaba formulando una hipótesis comprometida, poco halagüeña con los vencedores. Orquestado por Claudio Tolcachir, el espectáculo tiene empaque, buen acabado formal y un reparto de primera que no acaba de desembarazarse del todo del peso de la importancia otorgada a cuanto dicen sus personajes. Frayn maneja ideas complejas con notoria virtud divulgativa, pero recrea el encuentro entre ambos camaradas y la mujer del danés en un ámbito post mortem, que lo tiñe todo de gravedad. Emilio Gutiérrez Caba y Malena Gutiérrez desempeñan su trabajo con oficio. Carlos Hipólito le saca brillo a su gran monólogo final.

Copenhague. Texto: Michael Frayn. Dirección: Claudio Tolcachir. Teatro de la Abadía. Madrid. Hasta el 30 de junio.