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Una TVE en horas bajas, a la espera de la transformación digital

El ente público pasa por uno de sus peores momentos de audiencia, sin un proyecto definido, y pendiente de las elecciones generales

Centro de control del concurso de TVE 'Operación Triunfo'.
Centro de control del concurso de TVE 'Operación Triunfo'.

Los tiempos turbulentos se complican en RTVE. El ente público, en un sector agitado de por sí por las plataformas de streaming, se enfrenta a unas audiencias en mínimos y unas elecciones generales, el 28 de abril, que afectarán sí o sí a su estabilidad. En los últimos días se ha notado un revuelo en su programación. Varias de sus apuestas, como MasterChef, han cambiado de fecha de estreno, supuestamente para mejorar sus resultados. ¿Qué está pasando en el ente público?

La respuesta es difícil porque el futuro está ahora menos claro que nunca. El ente responde a la periodista Rosa María Mateo, que ejerce de administradora única tras la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa tras la moción de censura, pero su trabajo es provisional. “Ha dado un giro a los informativos a la hora de la pluralidad, tampoco se puede plantear nada futuro. Estas coyunturas de no estabilidad descolocan incluso a gente de la casa, que tendría fantásticos proyectos, pero que nadie se atreve a poner en marcha porque no se sabe si van a continuar, si va a haber financiación, si la nueva dirección va a apostar por este futuro. Hay mucha incertidumbre”, opina Carmen Caffarel, que fue directora general de RTVE entre 2004 y 2007.

“Tocaba nombrar a un gestor para esta transición que conociera bien la industria y las televisiones; que formase un equipo potente que abriera posibilidades para un paso posterior más lento”, añade Miquel Francés, profesor titular de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Valencia y colaborador en algunos programas de TVE.

“El panorama televisivo cambia a marchas que ni siquiera los académicos somos capaces de asimilar. Estamos pasando casi de la época de la guerra de audiencias entre Atresmedia, Mediaset y RTVE para irnos a esa contracara de la televisión que ofrecen los grandes operadores de contenidos como HBO, Netflix, Amazon, Movistar, etc”, cuenta Caffarell. Lo que devuelve a la exdirectora a una exigencia clásica de la casa: TVE tiene que ser una adelantada, un laboratorio donde se puedan probar nuevos formatos y productos, algo que las cadenas privadas no se pueden permitir al depender de la publicidad. “Tendría que apostar más por las nuevas tecnologías, por la televisión en streaming, por los contenidos en Internet, porque evidentemente están cambiando los modos de ver televisión y las grandes televisiones generalistas están perdiendo a los jóvenes”, dice Caffarell.

En digital es donde ha crecido la casa. En otoño de 2017 se estrenó la plataforma Playz, con contenidos para adultos jóvenes, y cada vez tienen más presencia los vídeos propios en YouTube, Instagram, Facebook o Twitter. En noviembre presentaron, junto a Atresmedia y Mediaset, Loves TV, una plataforma en la que el espectador tiene acceso directo en su televisión (si esta se conecta a Internet) a los contenidos de los tres grupos. Pero también aquí hay las limitaciones: por una serie de requerimientos técnicos, solo puede hacerlo un millón y medio de personas. “La televisión tiene que tener una plataforma transmedia muy potente, y es lo que no tiene TVE. Ahora mismo el flujo, el organigrama, la infraestructura, las formas, los medios de trabajar, los perfiles profesionales, son totalmente de la época dorada del analógico”, explica Francés.

Ese avance tecnológico es fundamental también a nivel interno. “El problema que tiene TVE y todas las televisiones públicas autonómicas es que están trabajando aún en flujos de trabajo analógicos”, dice el profesor. “Lo que les falta es un gran cambio en las sinergias, en el flujo de trabajo. Digitalizar más, usar elementos novedosos para grandes eventos, como hicieron bien en la retransmisión de los premios Goya, pero hay que avanzar en cosas más de usuario”. Agilizar la producción, amortizar a la plantilla existente, crear redacciones únicas, redirigir el flujo de trabajo a lo digital son algunas de las ideas que Francés ve imprescindibles. “Para mover una unidad móvil, la de gente que se tiene que mover allí, eso es el pleistoceno, no es viable”, pone como ejemplo el profesor.

Lo digital no solo sirve para actualizarse; también favorece el crecimiento internacional y el mercado hispanohablante es fundamental para RTVE. Por ejemplo, si todo sale como está previsto, en unos meses saldrá RTVE Play, una plataforma de pago bajo demanda. Lationoamérica, Canadá y EE UU llamada RTVE Play.

Buenos datos online

En su página web, RTVE.es, logró en 2018 su récord histórico: 11.537.000 usuarios únicos, casi un 25% más que el año anterior, vigésimo quinto puesto en la lista de sites digitales de España, según un estudio del Reuters Institute. Seis meses antes ocupaban el puesto 42.

Hace dos semanas, llegó la otra cara de la moneda. El conjunto de los canales de RTVE (La 1, La 2, Teledeporte, Clan y 24 Horas) sumó un 15,3% de cuota de pantalla, la peor de su historia. Fue el peor febrero de La 1. Un recordatorio de que TVE no puede desatender la emisión tradicional. En España el 75% del consumo de televisión sigue siendo a través de la TDT y en 2020 se otea otro problema, cuando el espectro radioeléctrico se reduzca para hacer hueco para el 5G. “Tiene que convivir lo viejo y lo nuevo”, alega Francés. “Habrá un consumo de gente mayor, pasiva, que querrá ver televisión como toca, por lo tanto debes de mantener una emisión lineal, directa, de población mayor, pero también hay un montón de población de la que ya no va a haber retorno”.

Pero la cadena está perdiendo audiencia desde los tiempos de Zapatero. Se ha pasado de medias anuales por encima del 14% de cuota de pantalla a raspar apenas el 10% en los dos meses registrados este año. Un problema menor para muchos (la vocación de la televisión pública no debe ser la audiencia), pero un problema. “Una televisión que acabe siendo residual, como pueda ser el modelo de las estadounidenses, tampoco cumpliría su vocación de servicio público”, apunta Caffarel.

Ahora mismo todo son retos para la casa. “Para hacer un cambio interno necesitas tener una estabilidad externa, un proyecto, tiempo, apoyo político, apoyo parlamentario y medidas legales que permitan hacer las cosas”, continua una fuente directiva de la empresa. Sea quien sea el próximo presidente del Gobierno, desde dentro de RTVE temen que no habrá consenso para trabajar en la televisión de todos. Y por “todos”, en TVE piensan en los ciudadanos, de todas las edades, y que ven la televisión desde cualquier lugar.

Un 40% de gasto en personal en una plantilla de veteranos

Una TVE en horas bajas, a la espera de la transformación digital

Dentro de la corporación se quejan de ser tratados como un ministerio cuando son una empresa. Entre otras cosas, por la transparencia. Competir en el mercado contra Mediaset y Atresmedia por conseguir grandes programas, series y profesionales es más complicado si se hacen públicos los sueldos de los presentadores o se muestran los contratos con las productoras. “Estás desvelando toda tu estrategia empresarial, te quedas desnudo ante la competencia”, comenta una fuente interna. “La ley por la que nos regimos es de 2006, cuando no había redes sociales ni se usaba YouTube, se ha quedado absolutamente obsoleta, el mundo digital no existe en nuestra legislación. La clase política no se ha molestado en adaptar las reglas del juego a la realidad. Vivimos en un montón de ambigüedades”, se quejan desde dentro.

RTVE tiene también un reto en su plantilla, en la masa salarial y en la dificultad a la hora de contratar servicios, obras y suministros al ser un ente público. En la actualidad cuenta con 6.500 trabajadores, un 10% de ellos temporales. El 40% de sus gastos son en personal. “Es una empresa que tiene que competir con otras en el mercado de su misma actividad, pero que estas no tienen las limitaciones de contratación”, explica Federico Montero Hita, director general corporativo de RTVE. La media de edad es de 53 años. “Hay un problema de envejecimiento y de descompensación de actividades que se tendría que resolver. El año que viene los más mayores de la pirámide comenzarán a jubilarse, al año siguiente, más.... es un tema que hay que plantear y resolver”, apunta el directivo.

“El tema más complicado de la empresa es la contratación de personal. Al ser una administración pública, estamos sujetos a todas las limitaciones y prohibiciones de las leyes de presupuestos, que impiden que en los últimos años se haya contratado personal, ni siquiera en tasa de reposición”, explica Montero. La última vez que entró gente nueva fue tras un ERE en 2006. La empresa pasó de 10.000 empleados a 6.000. Después entraron mil personas nuevas, de las cuales la mitad era gente que ya estaba dentro y la otra mitad era gente joven. Han pasado 13 años. “Es un tema de edad y de cualificación, hay un montón de nuevas tareas y perfiles que no existen”, apunta una fuente directiva de la cadena. “Hay que fomentar políticas de rehabilitación laboral, de perfiles nuevos, no a cambiar todo, pero si muchas cosas”, opina Francés.

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