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EN PORTADA

Juzgar libros por su cubierta

Hay portadas que se quedan grabadas en la memoria. Cuatro profesionales de la edición y el diseño seleccionan sus dos favoritas: una clásica y otra reciente

Enrique Redel. Editor

Juzgar libros por su cubierta

Enrique Redel, al frente de un sello tan marcado por un diseño tan personal e inconfundible como el de Impedimenta, opina que cualquier cubierta original de Penguin Books, la colección diseñada por Jan Tschichold en 1946, es un ejemplo “del diseño mejor de la historia de la edición mundial”. “Tschichold inventó el libro moderno, consiguió llevar el libro de culto a las clases populares, dio con el tamaño perfecto, el 13×20 que seguimos usando hoy”, dice. Las portadas de Penguin Books eran a la vez “elegantes, atemporales y muy reconocibles” y “marcaron el camino a seguir”, considera. “Los lectores somos como cuervos, vamos en busca de lo que brilla, y cada sello debe encontrar la manera de distinguirse. En eso, Tschichold fue un maestro, y su famoso diseño marcó un antes y un después”, añade.

Entre las cubiertas de los últimos años, hay una que Redel admira especialmente: la de H de Halcón, de Helen MacDonald (un ensayo autobiográfico en España publicado por Ático de los Libros). Fue diseñada por el dibujante Chris Wormell (coautor de Planetarium y otros libros infantiles). ¿Qué le gusta a Redel de dicha cubierta? “Que atrae muchísimo, es la clase de cubierta que querrías sacar a pasear. En una mesa de novedades no podrías no fijarte en ella. Tiene algo especial. Lo ideal para cualquier cubierta es que pudiera distinguirse a metros de distancia. Y eso ocurre con la de H de Halcón”, contesta. Redel confiesa que en Impedimenta pueden pasar “semanas” eligiendo un motivo, y que la tipografía Imsell y el ya conocido como “naranja Impedimenta” para la contra no deben faltar.

Colección Penguin Books. Cubiertas diseñadas por Jan Tschichold en 1946.

H de Halcón. Helen MacDonald. Cubierta de Chris Wormell. Ático de los Libros, 2015.

Rubén Chumillas. Diseñador gráfico y director de arte

Rubén Chumillas trabaja en la dirección de arte de Santillana Infantil y Juvenil desde hace cuatro años, y ha participado desde el principio en la creación de Loqueleo, encargándose del diseño de interiores, la tipografía —que cambia según la edad, para los más pequeños tiene un cuerpo mayor que va empequeñeciendo a medida que la edad avanza hasta alcanzar un tamaño muy similar al de la letra en los libros para adultos— y todo lo demás. Cuenta que el lector de 12 años “ya quiere ser tratado como un adulto” y que eso exige que el libro “respire más”. También que, para el diseño de cubiertas, siempre se sigue la estela de “algún tipo de corriente artística o gráfica” del momento que encaje con lo que se está contando. “El diseño narra desde un plano muy diferente a la historia”, opina.

Juzgar libros por su cubierta

Si tiene que quedarse con una portada clásica, elige El doctor Centeno, de Benito Pérez Galdós. “La diseñó Daniel Gil, un genio del uso de objetos. La tengo grabada a fuego. Recuerdo que leí el libro en 5º de EGB y que no he podido olvidarla. Creo que el vínculo emocional es lo más trascendente e importante del diseño editorial”, dice. Además del trabajo de Gil, admira el de Manuel Estrada —“su heredero”— y el del norteamericano Rodrigo Corral. “En Estados Unidos hay más libertad a la hora de plantear cubiertas, y las suyas son alucinantes”, dice. En cuanto a portada actual, menciona la que hizo Julia Ortega para el libro Nadie nos oye, de Nando López, porque “solamente utilizando tipografía y dos tintas Pantone flúor consigue que el mensaje contradictorio que lanza la cubierta sea aún más potente. Hay que tener el libro físico para comprobarlo: ¡GRITA!”.

El doctor Centeno. Benito Pérez Galdós. Cubierta diseñada por Daniel Gil. Alianza Editorial, 1985.

Nadie nos oye. Nando López. Cubierta de Julia Ortega. Loqueleo, 2018.

Noemí Villamuza. Ilustradora

Noemí Villamuza, reconocida ilustradora palentina, ha trabajado en un buen número de editoriales, entre ellas, Nórdica, a la que sus dibujos han dado un carácter especial. Si tuviera que quedarse con una de las cubiertas que ha hecho para Nórdica, se quedaría “con la versión de fondo blanco” de El festín de Babette, de Isak Dinesen. Le gusta cómo habla de los personajes de la novela: las dos hermanas inhibidas al frente, “con las manitas recogidas”, y Babette “sobre sus cabezas, curvilínea y generosa”, corrompiéndolas lujuriosamente.

Convencida de que hay una nueva generación de ilustradoras “hipervirtuosas” rompiendo esquemas, entre las que menciona a Sonia Pulido, Carla Berrocal y Cristina Daura, elige precisamente una cubierta de esta última, la de Herstory (Lumen), de María Bastarós y Nacho M. Segarra, para ejemplificar hasta dónde está llegando esa nueva ola. “Es un trabajo muy punki, que toma como punto de partida el cartelismo modernista y lo lleva al límite con colores muy brutos y dibujos muy bastos. Tiene un punto entre bello y feísta que me alucina y que a la vez es ya su seña de identidad”, dice.

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De entre las cubiertas clásicas que admira y que, de alguna forma, le han inspirado, señala las de la colección infantil de Anaya, la llamada Ediciones Generales de Anaya, y la versión de Harper Collins de la portada dibujada por John Tenniel para Alicia en el país de las maravillas. “Es muy envolvente, hipnótica, preciosista. Tiene a la naturaleza como marco, y Alicia está de espaldas al lector, pendiente de lo que pasa más allá, dentro del libro”, señala. De esa colección recuerda también los dibujos de Gustave Doré, el ilustrador que dio forma al Quijote.

Herstory. María Bastarós y Nacho M. Segarra. Cubierta de Cristina Daura. Lumen, 2018.

Alicia en el país de las maravillas. Lewis Carroll. Cubierta de John Tenniel. Harper Collins, 1992.

Enric Jardí. Diseñador gráfico

Juzgar libros por su cubierta

Enric Jardí, diseñador gráfico vinculado al mundo del libro, está a punto de publicar un ensayo titulado Así se hace un libro (Arpa Editores), que nació precisamente al descubrir que no existía material divulgativo al respecto cuando se puso a dar clases. “Hay manuales clásicos que hablan de fórmulas de composición de página que no se utilizan o que hablan de los párrafos como si todavía se compusiesen en tipos de metal”, asegura. Su libro se ocupa, sobre todo, “de la parte que el diseño olvida”, la de la tripa, es decir, el interior. “He intentado explicar por qué los libros se hacen como se hacen. Me gusta pensar que todo lo que hay en el libro tiene una razón de ser. Si lo miras bien, el libro es difícil de mejorar. Puedes cambiar cosas, pero no mejorarás la experiencia de la lectura. Hay una opinión generalizada de que se siguen unas normas que nadie osa romper, pero en realidad casi todo tiene una función”, apunta.

Juzgar libros por su cubierta

Una portada clásica que admira es la de Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges (Alianza Emecé), y “la elección seguramente tiene que ver con mi vivencia como adolescente con este libro, pero en todo caso es un ejemplo de eficacia visual: mezclar una imagen fija que es un objeto encima de una imagen movida. Una mirada terrorífica, un trabajo fantástico como casi todos los que hizo Daniel Gil para Alianza”. La contemporánea, Against Happiness, de Eric G. Wilson, “es una muestra de cómo se puede construir una imagen sin imagen y cómo referirse a un icono que relacionamos con la felicidad artificial, el smiley, con solo un color”.

Historia universal de la infamia. Jorge Luis Borges. Cubierta de Daniel Gil. Alianza Emecé, 1971.

Against Happiness. Eric G. Wilson. Cubierta de Jennifer Carrow. Farrar, Straus and Giroux, 2008.