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COLUMNA

Sucesos

Los informativos cumplieron sobradamente su ya tradicional reconversión en crónicas de sucesos el pasado martes

Un camión permanece al borde del viaducto derrumbado en Génova el martes 14 de agosto de 2018.
Un camión permanece al borde del viaducto derrumbado en Génova el martes 14 de agosto de 2018. EFE

Los informativos de las televisiones generalistas del martes cumplieron sobradamente su ya tradicional reconversión en crónicas de sucesos. Los responsables de la información consideran esencial detallar pormenorizadamente cualquier catástrofe con un añadido soterrado: el supremacismo. Una tragedia en Génova o en Vigo, por ejemplo, tiene mucho más valor, es decir, se le dedica más tiempo, pues en televisión el tiempo es oro, que a una masacre en Yemen.

No es una cuestión cuantitativa (en ese caso las guerras africanas se llevarían la palma), sino cualitativa: un muerto italiano o británico o, por supuesto, español, vale más que cientos de ugandeses o yemeníes. Añádanle argumentos zafios sobre seguridad ciudadana o el empleo y el resultado tiene nombres propios: Savini, Duda, Trump, incluso a su manera Torra y, parece, el nuevo aspirante, Pablo Casado.

Naturalmente, los nuevos líderes mantienen costumbres muy arraigadas: les encanta salir en la foto inaugural y eluden cualquier responsabilidad en los errores. El caso más descarnado lo han ofrecido las autoridades gallegas. De Vigo sabemos que el culpable siempre es el otro. En realidad, lo sabemos todo salvo el nombre de la constructora de los pilares de hormigón, dato que quizá habrá que tener en cuenta, pues a la falta de mantenimiento no estaría de más añadir la valoración de la calidad de los materiales.

De la tragedia genovesa sí hemos sabido el nombre de la constructora, aunque también el ministro Salvini vinculó la culpa del desastre con la UE y sus recortes, con esa galanura de quien, sabiendo que Italia formó parte de esa UE recortadora, tuvo a bien barrer para su xenófoba propuesta. ¡Es la política, estúpidos!

Menos mal que Telecinco reivindicó la sensatez con sus programas sobre las Campos, incluido ese momento sublime en el que Terelu se apunta a una web de encuentros y muestra a sus cientos de miles de espectadores el apodo, Lourdes, con el que tratará de ocultarse. Chapó.