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COLUMNA

Príncipes, Santas y milagros navideños de sobremesa

En Navidad, parece que lo que el público busca en una película es tener la certeza de que todo va a acabar bien porque ese señor mayor con el que se ha cruzado la protagonista es en realidad Santa Claus

Una joven periodista neoyorquina se encuentra con la oportunidad de su vida: va a cubrir la coronación de un príncipe en un lejano país. Es Navidad y quedan pocos días para que este príncipe, un tanto rebelde, según cuentan, regrese a casa y asuma la corona... si es que lo hace. La rueda de prensa previa al histórico evento se suspende, pero ella consigue entrar en el palacio, donde es confundida con la nueva institutriz de la hermana del heredero.

Así arranca la película navideña de Netflix de la que todo el mundo habla, Un príncipe de Navidad. Y no porque sea una obra de arte, sino por todo lo contrario. Es tan pastelosa, predecible y moñas (y mala no, peor) que hasta en el mismo Netflix se rieron de sus espectadores con un tuit: "A las 53 personas que han visto Un príncipe de Navidad cada día durante los últimos 18 días: ¿quién os hizo tanto daño?". 

En realidad, Netflix sabe perfectamente lo que ha hecho. Aunque la plataforma no facilite datos de reproducciones, es más que probable que esta película sea una de las más vistas de su catálogo ahora mismo. Si no, que pregunten a Antena 3, que con sus cintas navideñas en las sobremesas de los fines de semana logran datos por encima de los de prime time. El sábado 23, El príncipe prometido atrajo a 1.633.000 espectadores, mientras que por la noche, Ex-posados solo conquistó a 1.409.000. El sábado 16, Blanca Navidad fue vista por 2.158.000 espectadores, solo superada ese día por el partido del Mundial de Clubes del Real Madrid. Tienda de ilusiones, justo a continuación, no se quedó atrás con 1.807.000 espectadores.

Al fin y al cabo, es Navidad y lo que el público quiere es desconectar y tener la certeza de que todo va a acabar bien porque ese señor mayor tan simpático con el que se ha cruzado la protagonista en la puerta de la tienda y al que le ha contado lo agobiada que está, es en realidad Santa Claus y sus deseos se harán realidad.

Ahora Netflix me recomienda una y otra vez Herencia navideña, otro de sus filmes. Que no insistan mucho que la carne es débil y la atracción por las películas malas navideñas es demasiado fuerte.