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FOTOGRAFÍA

Harry Gruyaert: el color como documento

'East / West', editado por el sello británico Thames & Hudson, reúne 70 fotografías inéditas del periplo del fotógrafo por Los Ángeles, Las Vegas y Moscú en los años ochenta

Los Ángeles- Las Vegas, 1981 Ver fotogalería
Los Ángeles- Las Vegas, 1981

El mundo moderno se expresa a sí mismo a través de sus colores. De tal manera que el azul chillón de un coche o el naranja pálido de unas cortinas nos pueden hablar tanto de un lugar y de una época como los hacen sus habitantes; los colores de un lugar son la expresión de una sociedad. Consciente de esto desde sus inicios como fotógrafo, Harry Gruyaert (Amberes, Bélgica, 1941) ha hecho del color un fin más que un medio a través del cual documenta aquellos lugares donde le acompaña su cámara.

“Muy pocos fotógrafos tiene la habilidad de Harry Gruyaert para tomar extraordinarias imágenes en color con cualquier luz, cualquier color y en cualquier sitio del mundo”, escribe el escritor, conservador y también artista David Campany en East /West. “Ningún color o tipo de iluminación es extraña para él… ¿Qué mayor contraste de color puede existir que aquel entre la súper saturación de California -al oeste- y la escurrida paleta de la agotada Unión Soviética- al este-? El monográfico publicado por la editorial británica Thames & Hudson recoge el periplo del fotógrafo por Moscú, en un momento en que el viejo orden de la sobria URSS se desmoronaba bajo las reformas de Mijail Gorbachov, así como por la ostentosidad de Las Vegas y de Los Ángeles. Y reúne casi cien imágenes de las cuales setenta se publican por primera vez.

En los años setenta eran solo unos pocos los fotógrafos que, siguiendo la estela iniciada dos décadas antes por Saul Leiter, reconocieron la fotografía en color como expresión de su arte. Asociada por la comunidad artística a la publicidad, Walker Evans llegó a calificarla de vulgar. “Las grandes emociones no pueden ser comunicadas en color”, declaraba Paul Strand; el ensayista Robert Barthes la comparaba en su obra Cámara Lucida con una cosmética que aplicada a un cadáver le hace menos mortecino para los vivos. Fueron los americanos -Joel Meyerowitz y William Egglestone entre otros- quienes a través de sus poderosas instituciones artísticas elevaron el color a la categoría de arte. Pero, entre aquellos europeos visionarios que paralelamente reivindicaban su uso se encontraba Gruyaert.

Tras haber trabajado como director de fotografía para la televisión flamenca, el artista belga abandonó el mundo audiovisual para dedicarse solo a la fotografía. Su Leica y el Kodachrome se convirtieron durante años en señas de identidad para este admirador de Henri Cartier-Bresson y de Lee Friedlander, quien buscaba sus referencias cromáticas en la obra de Brueghel, Goya, Matisse y Bonnard, así como en el los artistas pop, en un momento en que solo el cine ofrecía una buena fotografía en color de forma asequible.

Había ya recorrido medio mundo con su cámara y realizado su controvertida serie de imágenes de pantallas de televisión distorsionadas, TV Shots, cuando en 1981 llegó a Los Ángeles. Iba camino de Las Vegas con el encargo de hacer un reportaje para la revista Geo. Prescindiendo del facilón y previsible espectáculo de las luces de neón o los recargados casinos, el artista nos adentra en una América disonante, una tierra de promesas cargada de soledad y alienación. “Más allá de la atracción visual, existe un sentimiento inconfundible de melancolía. Así como una sensación de desencanto”, escribe Campany. Las imágenes son una elegía sobre una promesa perdida o despilfarrada en las distracciones del día.

Geo nunca llegó a publicar las imágenes, ya que no se acomodaban a los estándares periodísticos, prueba del constante desacuerdo que mantiene el artista con la prensa. No se considera fotoperiodista y forma parte de Magnum desde 1982. “Para mí, una buena fotografía no solo debe tener una muy buena composición sino también decir mucho acerca del lugar concreto en que ha sido fotografiado”, declaraba el autor a la revista Time.

En 1989 fue uno de los primeros fotógrafos, junto a Josef Koudelka y Gueorgui Pinkhasshov, en aceptar una invitación para fotografiar Moscú. Resulta curioso que estas imágenes están más pobladas que las de América, aunque, en ellas también se percibe el sentimiento de aislamiento de sus habitantes, evidenciando la preferencia del autor por el enigma y el misterio siempre antes que el cliché o los convencionalismos.

Harry Gruyaert no es un fotógrafo humanista, de ahí que la figura humana sea una textura más, y no tenga más importancia en sus imágenes que cualquiera de sus otros elementos. El artista es, “por encima de todo, un creador de imágenes en color. Sus elecciones son formales, y el color es su musa”, apunta Campany. Después de todo, el color y la luz es todo lo que podemos ver.