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FOTOGRAFÍA

Thomas Struth: documentando lo invisible

Una retrospectiva y un libro recorren la obra de este influyente fotógrafo, en la que indaga en el trasfondo cultural, psicológico e histórico de la sociedad moderna

Art Institute of Chicago 2, Chicago, 1990 Ver fotogalería
Art Institute of Chicago 2, Chicago, 1990

Las calles que fotografía Thomas Struth (Geldern, Alemania, 1954) suelen estar vacías. Raras veces hay humanos, bien sea en Nápoles, Düsseldorf o Nueva York. Grandes edificios por cuyos ventanales no se asoma nadie bordean las desiertas avenidas en donde los coches se erigen en figuras protagonistas. Imágenes urbanas en las que no ocurre nada. En ellas se palpa la soledad y el desasosiego del hombre frente a su propia obra. Estas imágenes marcan los inicios de este artista alemán reconocido como uno de los fotógrafos más influyente del momento, cuya cotización bate récords dentro del mercado del arte. Su obra abarca cuatro décadas, durante las cuales no ha dejado de reflexionar sobre las ambiciones, los logros y el discurrir del hombre en la sociedad moderna.

“La obra de Thomas Struth oscila entre la documentación y la interpretación, entre el análisis social y la lectura psicológica”, destaca Eva María Fahrner-Turtsek en su introducción al libro publicado por Schirmer/Mosel, Thomas Struth, que sirve de catálogo para la exposición que organiza el museo Hans der Kunst en Múnich. Se trata de la mayor y más completa retrospectiva del artista celebrada hasta la fecha. En ella se exhiben imágenes de sus series fotográficas más conocidas, en las que el autor se cuestiona la relevancia de los espacios públicos, la transformación de las ciudades, la solidaridad de la familia, la función del arte, nuestra relación con la naturaleza y los límites de las nuevas tecnologías. El artista nos adentra en nuestro entorno, tanto en el más inmediato como en el más lejano, de una manera muy personal a través de imágenes cuidadosamente compuestas. Tan neutrales como monumentales, sus obras se erigen como inquietantes verdades incuestionables.

Crosby Street, Soho, New York 1978 ver fotogalería
Crosby Street, Soho, New York 1978

“Lo que otorga a las fotografías de Struth su carácter individual e inconfundible es que son las mismas preguntas que él mismo se cuestiona las que nos traslada a los demás”, destaca Thomas Weski en el catálogo. Tan subjetivas como objetivas, sus imágenes son fruto de un proceso de exploración analítico. Así, siendo un estudiante decidió abandonar sus estudios de pintura para dedicarse a la fotografía. “Me percaté de que estaba más interesado en trabajar sobre aquello que estaba afuera, en el mundo, y no aquello que quedaba restringido a mi propia psicología”, declaraba el artista en una entrevista con ASX. “Me di cuenta de que era una persona social y política, y de que estaba fascinado por los procesos analíticos. Cabe decir que toda parte de mi obra refleja la postura de un ser humano que toma parte activa en la vida, lo que suena muy banal y general, pero no obstante es lo que me interesa”.

Nació en la Alemania de la posguerra, hijo de un soldado que combatió en la Segunda Guerra Mundial, donde fue herido gravemente. Exorcizó los fantasmas de la guerra a través de su afición por la música (tocaba la flauta y el saxofón) y la pintura. Estudió en la academia de pintura de Düsseldorf, donde tuvo de maestro a Gerhard Richter. Fue allí donde descubrió la fotografía. Bernd y Hella Becher le introdujeron en el uso de la cámara de gran formato, que utilizará para captar las calles de la ciudad con minucioso detalle. La opresora atmósfera cargada de silencio que se desprende de estas imágenes revela la sensibilidad de su autor frente a la historia y habla de cicatrices invisibles y del mutismo de toda una generación traumatizada por la guerra.

Kyoko y Tomoharu Murakami, Tokio, 1991 ver fotogalería
Kyoko y Tomoharu Murakami, Tokio, 1991

En 1977 llegó a Nueva York con una beca. Continuará fotografiando calles, desde una perspectiva central. En un año tuvo lugar su primera exposición, donde sus imágenes se vendieron por cincuenta dólares —en el 2007 una de sus imágenes de Panteón, pertenecientes a la serie Museums photographs superará el millón—. Esto le llevó a fotografiar más de cincuenta ciudades a lo largo de todo el mundo adentrándose en el uso del color, y tuvo como fruto la serie llamada Unconcious Places, en clara referencia a cómo los procesos sociales inconscientes de una comunidad quedan expresados en el paisaje urbano.

Una de sus series más conocida es Museums photographs. En ella el fotógrafo ha retratado las principales instituciones artísticas del mundo (entre ellas, el Prado) en formatos que en ocasiones alcanzan casi el tamaño natural. “El pasado y el presente se unen en esas imágenes, que toman como tema la relación entre la obra de arte y su observador, así como el examen de la historia”, señala Weski. Ver arte es algo que ha cambiado en las últimas décadas. Los museos han dejado de ser solo un lugar de contemplación y se han convertido también en un destino turístico y un lugar más de ocio. Los visitantes de los museos que fotografía Struth parecen absortos ¿Qué ven? ¿Qué buscan?, nos preguntamos. Nuevamente el hombre se enfrenta a su propia obra y aparece empequeñecido y perdido frente a ella.

Paradise 1, Daintree, Australia, 1998 ver fotogalería
Paradise 1, Daintree, Australia, 1998

En los retratos de la serie Family cada miembro aparece descrito tanto como individuo como parte del colectivo. En ellos parece quedar al descubierto toda la red de emociones que genera la estructura familiar. “Las fotografías revelan las relaciones de los miembros y las jerarquías existentes dentro de esta pequeña célula de la sociedad; las relaciones entre ellos se hacen visibles”, escribe Weski. “El lenguaje corporal, los gestos, las expresiones faciales denotan características individuales que trasmiten valores profundamente humanos de una manera emotiva, con lo que el espectador se puede identificar directamente”.

La naturaleza nos apabulla y sobrecoge en la serie New pictures from paradise. Struth fotografió bosques y selvas en América del Sur, Asía y Australia, interesado en crear imágenes cuya contemplación no estuviese determinada por la identificación ni la clasificación. “Quería hacer fotografías en las que todo fuera tan complejo y detallado que pudiesen ser observadas sin parar y nunca ver nada”, explicaba el autor al crítico Sean O'Hagan en 2011.

Tokamak Asdex Upgrade Periphery, Max Planck IPP, Garching 2009 ver fotogalería
Tokamak Asdex Upgrade Periphery, Max Planck IPP, Garching 2009

En Nature and politics, el fotógrafo centra su atención en el entorno de la alta tecnología y los mundos artificiales que nos rodean. “El acelerado progreso de la tecnología y la ciencia está en proceso de anular a la humanidad. La gente no debe ser naif y debe pensar que en cada avance tecnológico existe un interés y una dirección política”, destaca el artista en el vídeo Thomas Struth: A life in photography. Los paisaje tecnológicos de Struth parecen casi de ciencia ficción, con sus indescifrables marañas de cables nos recuerdan que somos capaces de elaborar sistemas complejos y sofisticados que se convierten en elementos tan extraños e indescifrables como inhumanos. “Recorrer la obra de este artista es adentrarse en la naturaleza de la construcción humana, en el tipo de espacios que creamos, en la tecnología que elaboramos y observar la alienación que hemos creado para nosotros mismos”, destaca Iwona Blazwick, directora de la galería Whitechapel. “Sin ser didáctico, ni dramático ni sentimental, se sitúa en un plano trasero, y simplemente nos muestra de lo que somos capaces. Creo que en eso consiste su genio”.

Thomas Struth . Schirmer/Mosel 320 páginas. 68 euros.

Thomas Struth: Figure Ground. Haus der Kunst Museum. Múnich, Alemania. Hasta el 7 de enero de 2018.