‘Rick y Morty’: es gracioso porque es horrible
Las series animadas para adultos son cada vez más crueles y oscuras


“En lo que a vuestro abuelo le concierne, los dos sois un pedazo de mierda -dice Rick Sánchez a sus nietos-. Sí. Lo puedo probar matemáticamente. Es más, dejad que coja mi pizarra”.
Rick es el protagonista de la serie animada Rick and Morty, cuyo punto de partida podría ser el de una serie infantil clásica: un abuelo científico se lleva de aventuras por el universo a su nieto de 14 años. Pero en realidad Rick es un alcohólico que abandonó a su mujer y a su hija, y que usa al pobre Morty como escudo.
Es más, cuando parece que solo es un viejo cascarrabias que en el fondo tiene buen corazón (como en el último episodio de la segunda temporada), acabamos descubriendo que ni hablar, que este tío es malvado (como en el primer episodio de la tercera). Para que nos hagamos una idea, en otro capítulo prefiere convertirse en un pepinillo (“¡Rick el pepinillo!”) antes que confesar a su hija que la necesita.
Los protagonistas de las series de dibujos animados para adultos son cada vez más crueles y egoístas. Los Simpson satirizaron la sociedad estadounidense en los años 90, pero Homer era mucho más amable que el Peter Griffin de Padre de familia. Y este, a su vez, parece un santo en comparación con Bojack Horseman y Rick Sánchez.
Aun así, estas series tan oscuras a menudo provocan la carcajada. Su humor consiste en decir a bocajarro lo que muchas veces no nos atrevemos ni a pensar. Como le dice Morty a su hermana, “nadie existe con un propósito. Nadie pertenece a ningún sitio. Vamos a morir todos. Vamos a ver la tele”. Eso lo ha aprendido de su abuelo. Y nosotros nos reímos. Nos reímos del egoísmo de Rick, de su incapacidad para relacionarse con su familia, de su rebelión inútil ante un universo en apariencia infinito.
Por supuesto, esa risotada suele ser nerviosa porque a veces, solo a veces, nos reconocemos en todo eso, aunque sea un poco, solo un poco. Nos reímos con Rick Sánchez, pero de miedo.
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