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Un artefacto fabuloso

Ishmael Butler y Tendai Maraire, unidos en Shabazz Palaces, publica dos grandes discos conceptuales

Un artefacto fabuloso

Cuando en 1995 Ishmael Butler ganó un Grammy por Rebirth of Slick (Cool Like Dat), el single de debut de su banda de hip-hop, Digable Planets, pocos entendieron cómo aquel trío de orientación jazzística y vocación política podía haberse impuesto a la norma, representada por Snoop Dogg o Cypress Hill, cuya aproximación al género estaba más en sintonía con los tiempos que corrían, significados por el ansia de ponerse hasta arriba de lo que quedara más a mano. A saber, cheques, mujeres, champán, estupefacientes… Ya entonces, este músico nacido en Seattle sintió que el género, como le sucedió al punk, no estaba hecho para mayores de 30 años, cuando uno empieza a considerar las resacas como algo suficientemente importante para escribirles una canción. Se fue de la fiesta antes de que pudieran llamarle aguafiestas.

Han pasado dos décadas y Butler lidera Shabazz Palaces junto a Tendai Maraire, un percusionista de Zimbabue. En 2011 debutaron con Black Up, largo que redefinió los parámetros del hip-hop de esa década. Incómodo, disruptivo, cadencioso, experimental —pero de verdad, no experimental como palabra que se usa cuando no se sabe cómo definir algo—, atonal, empático y narrativo. Todo lo apuntado en ese disco y en el siguiente, Lese Majesty (2014), se eleva a la máxima potencia en esta pareja de álbumes conceptuales sobre un alienígena que llega con buenas intenciones y termina abrumado por “la brutalidad, los hechos alternativos y la muerte enmascarada como conectividad”.

Si los extraterrestres de Bowie temían que no les entendiéramos y a los de George Clinton había que temerlos porque parecían venir a fornicar con cualquier mamífero, este Quarzaz no nos comprende a nosotros. Y eso que lo intenta durante dos horas de música fabulosa. ‘Since C.A.Y.A.’ arranca esta fiesta funeral con una robótica línea de bajo, una voz secuenciada que, a pesar de convertirse en poliédrico instrumento, no renuncia al relato (esto no es Daft Punk) y una cadencia que coloca al oyente en ese poco frecuentado lugar en el que suceden cosas. A partir de ahí, más luminoso y espacial (‘Shine a Light’, ‘Moon Whip Quäz’) o más oscuro y terrenal (‘Gorgeous Sleeper Cell’, ‘30 Clip Extension’), el artefacto evoluciona como lo hacen los grandes discos que no aspiran a eso tan vulgar que es la perfección, requiriendo la atención, perdiéndola y recuperándola de nuevo.

Shabazz Palaces. ‘Quazarz: Born on a Gangster Star’ / ‘Quazarz vs The Jealous Machines’. Everlasting.