De viaje con el mito Foster Wallace

David Lipsky pasó cinco días con el autor de 'La broma infinita'. Se publica el libro que los narra y que inspiró el filme 'The End of the Tour'

David Foster Wallace en 1997.
David Foster Wallace en 1997.Getty

John Barth solía hablar de las figuras que tenían el poder de liberarse del lector saltando del plano de la ficción al de la vida. Hamlet, don Quijote, Simbad el Marino se mueven en una órbita más propia de la oralidad que del mundo de los signos. Figuras así son más que personajes mitos, y como tales nos ayudan a entender lo que somos. La cuestión resulta más intrigante cuando quien alcanza la condición de mito es el autor mismo. Uno de los ejemplos más significativos de las últimas décadas es el de David Foster Wallace (1962-2008), cuya capacidad de seducción parece inagotable. La raíz de la fascinación que despierta fue la trágica historia de su suicidio, que tuvo lugar cuando el autor contaba 46 años y estaba en plena posesión de su talento. Doce años antes, en 1996, Wallace había publicado La broma infinita, novela de proverbial dificultad cuya influencia sobre millones de lectores de todo el mundo no ha dejado nunca de crecer. El fenómeno empezó muy pronto. Corría el mes de febrero de 1996 y la novela tenía apenas unas semanas de vida cuando los medios más influyentes de Estados Unidos (Time, Newsweek) se hicieron eco de la aparición del extraño artefacto concebido por un “genio” de 33 años. El libro de Wallace era denso, difícil, a tramos cruel, escabroso o cómico y, por encima de todo, de una audacia apabullante. Así las cosas, el redactor jefe de Rolling Stone decidió encargarle a David Lipsky (Nueva York, 1965) que acompañara a la recién nacida celebridad durante los últimos cinco días de la espectacular gira promocional del libro.

Acreditación de prensa de Rolling Stone de David Lipsky.
Acreditación de prensa de Rolling Stone de David Lipsky.

Lipsky accede a la solicitud de mantener una conversación con EL PAÍS acerca de lo que pasó entonces citando al periodista en un diner del Alto Manhattan. Antes de empezar, advierte que lo que pueda decir quizá no sea del todo coherente, porque no ha dormido en toda la noche, que ha pasado revisando el manuscrito de su libro más reciente. “El legado mayor de Foster Wallace”, se arranca por fin a decir, dando cuenta de un cucurucho de patatas fritas, “es que cambió para siempre el lenguaje del periodismo”. ¿No el de la novela? Silencio. La pregunta parece cogerle con el paso cambiado. “¿En qué? ¿De qué manera cambia La broma infinita el curso de la novela contemporánea?”, replica al tiempo que contesta a gran velocidad un mensaje que le acaba de llegar. El gesto se repetirá varias veces a lo largo de la conversación sin que ello le haga perder el hilo de sus palabras. “Si hablamos de prosa, en general, de no ficción, estoy de acuerdo. Sus grandes reportajes cambiaron el lenguaje del periodismo. Como novelista, en realidad era bastante convencional. La segunda parte de La broma infinita es un libro sorprendentemente lineal, ¿no cree?”.

“Sus grandes reportajes cambiaron para siempre el lenguaje del periodismo. Como novelista, era bastante convencional”, dice Lipsky

Cambio de tercio. El motivo del encuentro no es la novela de Foster Wallace, sino el libro que escribió Lipsky sobre los cinco días que pasó en compañía del autor hace más de 20 años. Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo. Un viaje con David Foster Wallace obedece a la intención de responder a una única pregunta: ¿cómo era David Foster Wallace como persona? La historia de la gestación del libro, publicado originalmente en 2010 y recuperado ahora para el lector en español por la editorial Pálido Fuego, es bastante singular. Durante los cinco días a lo largo de los cuales convivió con Foster Wallace, el periodista de Rolling Stone tuvo ocasión de interrogar a fondo al autor acerca de toda suerte de asuntos, algunos de índole bastante personal. “Inevitablemente, todo remite al momento en que David se quita la vida. Cuando alguien de semejante relieve se suicida, la gente lee sus obras con la esperanza de dar con la clave de su aciago gesto”.

A Foster Wallace no le gustaban las entrevistas, aunque concedió bastantes a lo largo de su vida. Debemos a Pálido Fuego la publicación de una excelente recopilación de entrevistas en las que, como aquí, se escucha la voz más auténtica del escritor. Lo irónico del reportaje que Rolling Stone encargó originariamente a Lipsky es que nunca llegó a publicarse. Al editor le pareció que una historia centrada en una novela tan oscura, en todos los sentidos, carecía de glamour. El suicidio del autor cambió las cosas. Lipsky publicó entonces una semblanza de Wallace que obtuvo un importante premio de periodismo. Considerablemente modificado, el texto aparece aquí a modo de singular epílogo (figura al principio, no al final del libro). Lipsky contextualiza la transcripción de las entrevistas en breves apuntes recogidos entre corchetes en los que incorpora los testimonios de los seres más allegados al escritor, como sus padres, su hermana, su amigo el escritor Mark Costello, o el novelista Jonathan Franzen. Inteligentemente editado y estructurado, Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo es un documento de gran valor. Recogido en bruto, el material, heterogéneo y desi­gual, refleja de manera misteriosa las cualidades de la prosa luminiscente de Foster Wallace, una de cuyas virtudes mayores era su capacidad para reproducir la simultaneidad efervescente e infinitamente múltiple del pensamiento. El libro, que fue un best seller cuando apareció, nos permite acceder al ser humano.

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Recomienda en Librotea 'Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo. Un viaje con David Foster Wallace', de David Lipsky

Al mito le llegó el turno cinco años después, cuando James Ponsoldt llevó el libro a la pantalla en un sobrio ejercicio de cinematografía (The End of the Tour, 2015). The New Yorker, que tantas veces se había hecho eco de los flecos literarios del mito, se volcó entonces en el filme, elogiando el trabajo de Jason Segel, el actor que logró encarnar con dignidad a Foster Wallace. Por lo que al trabajo de Lipsky se refiere, aunque sin duda acrecienta el mito, estamos ante algo que es mucho más que un mero adorno hagiográfico.

Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo. Un viaje con David Foster Wallace. David Lipsky. Traducción de José Luis Amores. Pálido Fuego, 2017. 398 páginas. 23,90 euros.

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