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FOTOGRAFÍA

Elliott Erwitt, el fotógrafo errante

Una exposición examina en Austin por primera vez la colección Erwitt en su conjunto y muestra obras que rara vez han sido exhibidas

Nueva York, 1974 Ver fotogalería
Nueva York, 1974

“Algunos piensan que me he muerto, porque llevo mucho tiempo por ahí”, señala Elliott Erwitt (Paris, 1928) en una entrevista que publica en su página web. Es el humor, junto a la versatilidad, una de las señas de identidad de este artista, un clásico de la fotografía, que durante más de siete décadas ha conseguido equilibrar el fotoperiodismo con su obra comercial y su obra personal. Para algunos es ese fotógrafo errante, amante de los perros y los niños, que recorre las calles, las playas y los museos en busca de aquello que evidencia la comedia humana sin perder su profundidad poética; para otros el autor de grandes retratos, como los de Marilyn Monroe, Fidel Castro o Jacqueline Kennedy, que logran trascender el mito y destapar su humanidad; hay quien le señala como uno de los cronistas más fundamentales de la historia reciente de América. En cualquier caso Elliott Erwitt escapa a cualquier definición ante la complejidad y grandeza de su obra, dando lugar a algunas de las imágenes más emblemáticas del siglo XX.

 De ello da muestra Elliott Erwitt: Home Around the World que recorre a través de más de 200 imágenes la intensa trayectoria del artista en el Harry Ransom Center de Austin, Texas. Todas las imágenes expuestas pertenecen a la Elliott Erwitt Photography Collection, que fue donada al centro en el 2015 por Caryl e Israel Englander. Esta donación supuso una oportunidad sin precedentes para los estudiosos de analizar la obra del artista en su conjunto, resaltando su extraordinario legado creativo y dando pie a nuevas interpretaciones del mismo.

Los Ángeles, California, 1954 pulsa en la foto
Los Ángeles, California, 1954

La muestra se centra más en su vida que en las figuras, en los eventos, o los lugares que ha fotografiado. Exhibe los retratos realizados por el fotógrafo al comienzo de su carrera para el editor Alfred A.Knopf y otras editoriales, dentro de los que se incluyen los realizados a Jack Kerouac, Simone de Beauvoir, Thomas Mann, o William Carlos Williams. Estos han permanecido ocultos desde la década de los cincuenta y documentan la evolución del entonces tímido pero resuelto joven Erwitt en la práctica del retrato. Práctica en la que ha demostrado su capacidad de ser crítico con el personaje al tiempo que consigue que se sienta dignificado. Una mirada detenida a los contactos muestra la gran labor de Brutus, su gato de siete dedos, como colaborador; cuando sus modelos se mostraban rígidos, Erwitt les ponía al gato en el regazo e inmediatamente transformaban su expresión.

“Para Erwitt, emigrante e hijo único que continuamente experimentó el desarraigo, la fotografía sirvió inicialmente como un medio para explorar un mundo caótico e incierto”, escribe Jessica McDonald, comisaria de la exposición en el catálogo publicado por la editorial Aperture. “Como adulto ha seguido viajando de forma constante y la fotografía ha sido su principal medio para comunicar su experiencia a los demás”, añade. Su verdadero nombre es Elio Romano Ervitz. Nació en París. Hijo de emigrantes rusos, las desavenencias matrimoniales y vitales de sus padres le llevaron a cambiar repetidas veces de domicilio. París, Roma, Nueva York, y Los Ángeles fueron las ciudades en las que se formó su imaginario. Siendo un estudiante en el Hollywood High School, se compró su primera cámara, Más tarde acudió a los cursos de fotografía impartidos en Los Ángeles City College. Fue en su biblioteca donde conoció la obra de sus admirados Henri Cartier Bresson y André Kertész.

Chicago, Illinois, 1947 pulsa en la foto
Chicago, Illinois, 1947

Instalado en Nueva York, recibió clases de cine el New York School for Social Research a cambio de su trabajo como fotógrafo publicitario mientras barajaba la opción de convertirse en director de cine, inspirado por la obra de los neorrealistas italianos- la exposición muestra alguna de las incursiones que realizó más tarde en el mundo cinematográfico-. Fue por esta época cuando comenzó sus colaboraciones con el mundo editorial, pero pronto sus ansias migratorias le llevaron a plantearse la posibilidad de dedicarse al fotoperiodismo. No tardó en tener a Edward Steichen, a Robert Capa y al editor gráfico John G. Morris entre sus mentores, quienes no dudaron en embarcarle en su intensa carrera fotográfica conscientes de la singularidad de su mirada perspicaz y de su capacidad de observar el mundo con tanta humildad como emoción. “Erwitt tenía curiosidad por el mundo y quería documentarlo de la forma más simple y directa posible”, escribe Stuart Alexander, en el catálogo de la muestra. “La fotografía es un arte que tiene que ver con la observación, con encontrar algo interesante en un lugar común... He comprobado que tiene poco que ver con las cosas que ves y todo que ver con cómo lo ves”, señalaba Erwitt.

En 1953 comenzó su relación con la agencia Magnum y sus imágenes comenzaron a ser habituales en las grades revistas ilustradas del momento como Life, Look, Holiday y París Match entre otras. “Elliott Erwitt ha creado algunas de las imágenes más perdurables del fotoperiodismo americano”, señala Steven Hoelscher en el catálogo. “Dado que el artista se ha distinguido también con una obra que exhibe un extravagante sentido del humor, su abundante obra dedicada al reportaje podría parecer incongruente. Pero estas imágenes que reflejan los temas apremiantes del día son fundamentales dentro del conjunto de su obra”. Su obra ha estado entrelazada con los grandes dramas políticos de su época: la Guerra Fría, y las ansiedades de la América de la posguerra que dieron lugar al declive urbanístico, la injusticia racial y el asesinato de Kennedy. Buen ejemplo de ello es su famosa instantánea en la que Richard Nixon increpa con su dedo a Nikita Khruschev, que sacada de contexto se convirtió en icono de la Guerra Fría y fue utilizada como propaganda procapitalista. Si bien es cierto que la imagen fue tomada durante una visita a una feria de cocinas y que no parece estar muy claro si el tema de la conversación era la política o algo más mundano, Erwittt supo captar el momento perfecto que resumiría todo un episodio de la historia del pasado siglo.

MoscÍ, Rusia, 1959 pulsa en la foto
MoscÍ, Rusia, 1959

Sin embargo, algunos críticos opinan que es su obra personal la que mejor expresa la búsqueda de esa revelación alegórica, de ese momento decisivo que le señaló su admirado Cartier Bresson. “Para mi todo es cuestión de serendipia", (ese valioso hallazgo de ocurre de manera casual), respondió el artista en una ocasión al ser preguntado por su carrera como fotógrafo.

 A sus casi noventa años Erwitt sigue en activo y conserva su optimismo:“Espero que mi enrevesada carrera estimule a algunos fotógrafos a trabajar con el mismo espíritu que anima la condición humana- al tiempo que no se tomen a sí mismos demasiado en serio”, dice Erwitt. “Ha sido un largo camino, pero ha merecido todas las risas y las lágrimas. Y aquí está todo en Home Around the World, para quien quiera verlo”.

 

Elliott Erwitt: Home Around The House,  Harry Ransom Center, Austin, Texas. Hasta el 1 de enero de 2017