Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Travesía de la duda

Victoria Camps sostiene en dos libros que vacilar es una forma de conocer. En '¿Qué es el federalismo?' no elude las consideraciones críticas con el modelo que siempre ha defendido

Victoria Camps, en su casa de Sant Cugat del Vallès en 2014.
Victoria Camps, en su casa de Sant Cugat del Vallès en 2014.

Fernando Savater suele afirmar que la filosofía no está para salir de dudas, sino para entrar en dudas. Me acordaba de su afirmación leyendo una entrevista que le hicieron hace poco a Victoria Camps por Elogio de la duda. Ponía el entrevistador como premisa en una pregunta que la duda no era sexi. Admito el estupor que me causó tal premisa, viniendo de alguien que se supone que tiene precisamente como oficio trasladarle dudas a sus entrevistados.

Tal vez el periodista se estuviera haciendo eco de un convencimiento por desgracia demasiado extendido, y del que son parientes próximos todas esas actitudes que relativizan (cuando no obvian) la necesidad del cuestionamiento y la reflexión crítica. Frente a todas esas actitudes, Victoria Camps lleva a cabo en su libro un recorrido por las vicisitudes de la duda a lo largo de la historia del pensamiento. Los autores con los que se va encontrando en su camino (de Platón a Rawls, pasando por Descartes, Spinoza, Montaigne o Witt­genstein) le sirven de apoyo para dibujar las dos orillas de la duda, esto es, las dos consideraciones bajo cuya luz hay que interpretar a aquella para reconocer todo su valor.

En primer lugar, la duda no implica ignorancia, sino conocimiento. Dudar de algo significa señalarle a la reflexión un camino. De la misma forma que en los últimos tiempos los comentaristas futbolísticos gustan de utilizar la expresión “control orientado” para referirse al jugador que no solo se hace con el balón, sino que, en el mismo movimiento, inicia una determinada jugada, así también de la duda filosófica cabría predicar su condición de “duda orientada”, en la medida en que, al formular una interrogación, empieza a dibujar una vía por la que la reflexión debería proseguir.

En cierto modo de ahí se desprende la segunda consideración fundamental relacionada con la naturaleza de la duda, a saber, su condición limitada. La duda en modo alguno desemboca en la parálisis de la acción precisamente porque conoce sus propios límites. La duda radical es capaz de dudar también de sí misma, precisamente porque se atreve a reconocer su condición instrumental. La duda no es un fin, sino un medio. En la medida en que constituye una herramienta para el conocimiento, de ella podría decirse, parafraseando al Nietzsche de la Segunda intempestiva, que su valor se mide por su utilidad para la vida. De ahí que quien de veras filosofa ni tiene miedo a dudar ni le asusta hacer propuestas. O también: se atreve a poner en cuestión lo más sagrado, de la misma manera que no teme afirmar que carece de sentido empezar de cero a cada rato.

La propia Victoria Camps, en el libro ¿Qué es el federalismo?, del que es coautora junto a Joan Botella y Francesc Trillas, proporciona un buen ejemplo de lo que significa esta actitud. Su decidida apuesta por el federalismo no elude las consideraciones críticas respecto a un modelo que siempre ha defendido, aunque, eso sí, las pone al servicio de la tarea constructiva que, en tanto que pensadora, considera pendiente. Porque, en la medida en que federalismo equivale a autogobierno y cooperación (o gobierno compartido, si prefieren), su materialización requiere de una serie de valores que se deben encarnar en actitudes: confianza, lealtad, solidaridad, responsabilidad, tolerancia… Es al servicio de este objetivo que se han de poner las herramientas legales y políticas que algunos consideran la sustancia del federalismo: clara delimitación de competencias, cámara de representación territorial, órganos de cooperación…

Y es que dotarse de una estructura jurídica federal constituye condición necesaria, pero no suficiente, para actuar federalmente. Como escribía el llorado Miquel Caminal, muy oportunamente citado por Victoria Camps, “el federalismo no es solo un diseño jurídico-constitucional; es una cultura política necesaria para la vida y el desarrollo de las federaciones”. Quienes se obstinan en reclamar a los federalistas que expliquen hasta el último detalle qué significaría que nuestro país asumiera una lógica federal parecen confundir un modelo de edificio, un tipo de construcción, con un piso-muestra decorado hasta el más mínimo detalle. Ahora que lo pienso, quizá necesitan saber tanto porque les de miedo dudar. Pues qué quieren que les diga: considero mucho más sexi, por volver a los términos del principio, avanzar en la construcción de una cultura federal. O, tal vez mejor dicho, de un ethos federal.

Elogio de la duda. Victoria Camps. Arpa. Barcelona, 2016. 173 páginas. 16,90 euros

¿Qué es el federalismo?. Victoria Camps, Joan Botella y Francesc Trillas. Los libros de la Catarata. Madrid, 2016. 126 páginas.15 euros