ARTE/ FOTOGRAFÍA

Redefinir el mundo a través de la fotografía

La realidad siempre escapa a cualquier definición. Una muestra en el Museo Bellerive lo confirma

Man Ray. Electricity, 1931
Man Ray. Electricity, 1931Christian P. Schmieder, Munich © Man Ray Trust / 2015, ProLitteris, Zurich

La sombra de los árboles ennegrece la hierba que enmarca el camino donde Livia, posa con sus brazos extendidos hacía el cielo. László Moholy- Nagy tomó la instantánea desde el balcón del edificio de la Bauhaus en Dessau, en 1927, donde desde hacía cuatro años había introducido la fotografía. Fue allí donde acuñó el término 'Nueva Visión' que daría nombre al movimiento, convencido de que la fotografía podía llegar donde el ojo humano no alcanzaba a ver y así desarrollar su inconmensurable capacidad de expresión.

Está imagen, casi abstracta, donde la composición queda enfatizada por encima del contenido, contiene muchos de los elementos que caracterizaron la obra de Moholy Nagy: picados, sombras y diagonales marcadas. Desde hace 25 años pertenece a la colección de Dietmar Siegert, entusiasta coleccionista de arte, de cuyos fondos se nutre exclusivamente la exposición Real Surreal, que se exhibe en el Museum Bellerive de Zúrich. Son 220 las obras que dan muestra del brío creativo del periodo de entreguerras. Momento en el que la fotografía comenzó a consolidar su capacidad como medio artístico independiente, y con voz propia intentó redefinir el mundo. Un mundo que en un corto periodo de tiempo se vio resquebrajado por dos guerras y en el que quizás, fue más que necesario acabar con viejos parámetros para seguir adelante. La exposición abarca un recorrido que va desde 1920 hasta 1950 e incluye obras pertenecientes a la Nueva Visión, la Nueva Objetividad y el Surrealismo en Alemania, Francia y la antigua Checoslovaquia.

Herbert Bayer, autorretrato, 1932
Herbert Bayer, autorretrato, 1932Christian P. Schmieder, Munich © 2015, ProLitteris, Zúrich

¿Qué es la realidad?, ¿cómo capturarla?, son cuestiones que desde la invención de la fotografía, hasta nuestros días de la era digital, siguen abiertas a innumerables debates. Desde los comienzos de la fotografía su capacidad de representar fielmente la realidad fue observada como un valor. Sin embargo, existía una crítica que observaba en ello una falta de creatividad. Así cuando a mediados del siglo XIX William Henry Fox Talbot describía a la fotografía como el lápiz de la naturaleza, capaz de crear imágenes sin la intervención del hombre, no faltaron las objeciones: la realidad es siempre susceptible de escapar a cualquier definición y la fotografía tiene el potencial para dar cuenta de ello.

Los avances tecnológicos facilitaron las cosas a los fotógrafos quienes equipados con pequeñas cámaras con películas de carrete, comenzaron a abandonar el tono pictorialista que había dominado la fotografía de comienzos del siglo XX. El uso cada vez mayor de la fotografía como forma de ilustración en el mundo editorial y de la publicidad comenzó a cambiar los códigos visuales de la sociedad. “La cámara comenzó a funcionar como una expansión de la percepción humana que captaba la vida moderna a través de sus ciudades, sus máquinas y su sociedad”, dice Jacqueline Greenspan, responsable de proyectos del Bellerive Museum. Así fueron surgiendo distintas posturas que convivían entre ellas. La Nueva Visión (Neues Sehen) consideraba a la cámara como una herramienta fiable para describir con objetividad el mundo visible, en cierto sentido incluso superior al ojo humano. Moholy-Nagy haría entonces famosa su frase: “En el futuro serán considerados analfabetos no aquellos que puedan escribir, sino aquellos que no puedan fotografiar”, frase que cobra más valor en la actual sociedad caracterizada por una sobreabundancia de imágenes. Los fotomontajes, las imágenes de las máquinas, que simbolizaban el mundo moderno, tomadas desde puntos de vista y perspectivas poco usuales se convirtieron en distintivo de este movimiento, que contó entre sus filas con varias fotógrafas, algo también inusual hasta entonces.

Genia Rubin, Lisa Fonssagrives. Gown: Alix (Madame Grès), 1937
Genia Rubin, Lisa Fonssagrives. Gown: Alix (Madame Grès), 1937Christian P. Schmieder / Sammlung Siegert, Munich © Sheherazade Ter-Abramoff, París

Al tiempo August Sander y Albert Renger-Patzsch encabezaban la Nueva Objetividad alemana con su descripción naturalista de la realidad interesada en una cuidadosa observación del detalle. Pero mientras, en París los surrealistas se disponían a derribar cualquier barrera impuesta por la lógica de lo real, conscientes de que más allá de las cosas visibles existía un mundo irracional y onírico donde convivía lo mágico y lo contradictorio. “La fotografía es la forma más hábil de capturar esos pequeños momentos de interacción entre lo real y lo surreal”, proclamaba entonces Salvador Dalí. Así los collages, y las solarizaciones sirvieron de medio para desvelar la magia soterrada del inconsciente.

“Siempre trato de enriquecer mi colección con obra inédita y poco común de autores conocidos”, explica Siegert. Su extensa colección destaca por ser una de las más abundantes en obra del siglo XIX, pero ahora está concentrado en ampliar sus fondos del siglo XX. Destaca la presencia de la fotografía checa de vanguardia que compone esta exposición. “Checoslovaquia se convirtió en un importante lugar de referencia para la fotografía de vanguardia del siglo XX. Existía mucho intercambió de ideas con los movimientos provenientes de Alemania y Francia. Fuera de Checoslovaquia no existe una colección tan extensa dedicada a este periodo como la mía”, comenta el coleccionista alemán. Parte de esta obra checa podrá verse este otoño en la primera exhibición que se organiza en España sobre la fotografía de este país y que tendrá lugar en la Fundación Juan March, en su sede de Palma.

“La fotografía puede tomar muchas direcciones y es precisamente eso lo que la hace tan fascinante”, añade Siegert.

Real Surreal. Museum Bellerive, Zúrich. Hasta el 24 de julio

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