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Arte/ Fotografía

Rafael Navarro: “Un autor se pasa la vida diciendo lo mismo”

La galería Espaciofoto exhibe un recorrido por su extensa obra a través de sus desnudos

Dúo IV. 1999. Ver fotogalería
Dúo IV. 1999.

Llegó, a través de la fotografía, a la misma conclusión que el filósofo Heráclito: “Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río”; disciplina que le ha servido para “dejar respirar a su libertad”, durante ya más de 40 años, tal y como el propio autor lo describe. Pero hubo un momento en su trayectoria en la que se planteó que sus fotografías funcionaban en círculos: volvía a pasar por el mismo sitio, haciendo cosas similares a los de anteriores años. No tardó en comprender que no era así: el sitio no era el mismo. Producía trabajo en espirales

La galería Espaciofoto nos ofrece la posibilidad de comprobar la máxima de Heráclito en la obra de Rafael Navarro (Zaragoza 1940). A través de una selección de 27 obras en blanco y negro, Lenguaje corporal, recorre algunos de los trabajos más emblemáticos de este fotógrafo, en una andadura cronológica que se inicia en 1975 y termina en 2012. El cuerpo humano, uno de los pilares fundamentales que estructura su obra, nos sirve de guía.

Formas, 1975 ver fotogalería
Formas, 1975

“Cuando un autor es sincero consigo mismo y trata de no llevarse por las modas del mercado artístico, se pasa la vida, prácticamente, diciendo lo mismo. El ser humano cambia muy poco. Nuestras preocupaciones e inquietudes internas permanecen a lo largo de nuestra vida. Al menos en lo esencial”, dice el artista consciente de la limitación de las transformaciones presocráticas. Y es que a lo largo de sus años de experiencia han permanecido tres constantes: su fascinación por la observación y reflexión sobre la naturaleza, su tendencia a la descontextualización, y su adherencia al mantra minimalista: menos es más.

Autodidacta, comenzó su camino en la fotografía a los 30 años. Poco a poco fue vislumbrando un camino de expresión difícil de consolidar dentro del sombrío y pacato panorama que ofrecía la España de los últimos años de franquismo, en permanente sospecha de aquello que tenía que ver con el arte y la cultura y totalmente aislada del ámbito internacional. Para ello se apoyó en el grupo Alabern, que fundó junto a Joan Fontcuberta, Pere Formiguera y Manuel Esclusa. El grupo no tenía ningún manifiesto en común. Los fotógrafos conservaron su individualidad como autores, pero servía de apoyo para aunar fuerzas y poder salir al extranjero. De hecho, una de las primeras series de Navarro, Evasiones, fue alumbrada en París. “En aquella España de grises y de incienso, concebir un discurso de arte sobre los pilares del desnudo era tan inviable como adquirir en farmacia un anticonceptivo”, señalaba Ángel María Fuentes, conservador y restaurador de Patrimonio fotográfico, en un texto que acompañaba a la obra del fotógrafo. “Los doce registros de Formas y Evasiones marcaron diferencias. 24 originales que incomodaban a quienes gustan de definir los temas y el estilo; ¿abstracción? ¿desnudo?, no, son Formas y Evasiones, así de simple y así de complejo.”

Ellas, 2000-2002. ver fotogalería
Ellas, 2000-2002.

No existía en España ningún antecedente de desnudo femenino fotográfico, ni muchísimo menos de desnudo abstracto del cual beber. Así, en su obra se aprecian los influjos de fotógrafos extranjeros como Edward Weston, Manuel Álvarez Bravo y Harry Callaham. Pero Navarro prefiere clasificar la influencias en mentales y subconscientes: “Hay una serie de grandes maestros que han influido en mi trabajo. Pero cuando has visto muchas fotografías y has estudiado a los grandes maestros, te quedan sus sustratos de los que no eres consciente, eso que obviamente puede encaminarte en determinadas direcciones. Nuestro cerebro va absorbiendo cosas y a la hora de sacar va sacando jugos que provienen de muchos sitios”.

Su recurrente presencia en el festival Les Recontres de Arles contribuyó a afianzar su discurso y a hacerse un nombre, tanto en el panorama nacional como internacional de la fotografía. En la actualidad su obra forma parte de los fondos de importantes instituciones culturales como: Maison Européenne de la Photographie en París, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Colección Polaroid de Cambridge, Estados Unidos, Fototeca de la Casa de la Fotografía de México, o el Muragame Hirai Museum en Japón. También ha sido distinguido como académico de número en la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis en reconocimiento a su aportación al arte contemporáneo.

Las formas del cuerpo, 1996. ver fotogalería
Las formas del cuerpo, 1996.

El cuerpo humano ha sido para el fotógrafo un pretexto para buscar su voz. “Trabajo con sugerencias más que con ideas. Me interesa más sugerir que explicar para que el espectador aporte sus vivencias y bagaje para interpretar la realidad de una imagen”, explica el autor. Huye de aquello que es evidente a través de exquisitos encuadres que buscan la descontextualización, fragmentando detalles del cuerpo humano, eliminando los detalles accesorios; de manera que se acentúa el impacto poético de la obra. Por encima de todo es un formalista que profundiza en la pureza de las formas, destacando lo esencial: “Mis desnudos no tienen rostro para que sean más universales. El cuerpo se convierte en un arquetipo de persona”. “Procuro ser fiel a la sintetización, de ahí mi interés en el arte japonés y en las teorías zen. Intento sugerir las cosas con el menor artificio posible, evitando el barroquismo, aunque a veces no lo consigo. Pero en líneas generales mi tendencia es hacía la síntesis”.

En 2010 Navarro se adentró en la tecnología digital, al tiempo que experimentaba con el color. “El paso a la fotografía digital, supuso para mi volver a aprender el oficio desde el punto de vista técnico, no de la imagen. El proceso digital tiene la ventaja de que al ir viendo el resultado del trabajo, se ve su evolución, pero el contrapunto es que se pierde ese misterio de ir trabajando en algo que intuyes, pero desconoces el resultado. No es comparable ver salir una fotografía de una impresora a verla subir en una cubeta de caldo. Una especie de milagro que aunque lleves 30 años haciéndolo te sigue emocionando”.

Agur, 1977. ver fotogalería
Agur, 1977.

Rafael Navarro, parece no haber perdido su capacidad de búsqueda y asombro a lo largo de su dilatada trayectoria y sigue bañándose en un río de sutil poesía visual. Una invitación a reflexionar sobre nuestras experiencias y emociones desde su universo visual.


Rafael Navarro. Lenguaje Corporal. Galería Espaciofoto. Madrid. Hasta el 18 de marzo

 

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