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Tras la máscara de los infectados

‘Rabia’, la nueva serie de Cuatro, defiende una apuesta por el ‘thriller’

Patricia Vico, en primer plano, junto a Nuria González y Concha Cuetos durante el rodaje. Ver fotogalería
Patricia Vico, en primer plano, junto a Nuria González y Concha Cuetos durante el rodaje.

No son perros rabiosos, pero casi. Ese es el punto de inicio de Rabia, la nueva serie que Cuatro estrenó el lunes pasado (22.30) y una de las principales claves para diferenciarse de la idea original de la estadounidense The Walking Dead. En eso inciden constantemente los creadores de este thriller de suspense en el que hay sangre, persecuciones, muertes violentas, malos que son buenos y buenos que hacen cosas muy malas. Manuel Sanabria, productor ejecutivo y director de esta ficción producida por Isla Audiovisual (Frágiles, La pecera de Eva), asegura que si tienen que compararse con algo, Rabia está más cerca de Perdidos “por tratarse de una historia de supervivencia”. “Aquí no hay muertos vivientes. Son rabiosos. Un grupo de gente que huye de la justicia, que no tiene nada que ver entre sí y que trata de sobrevivir”, explica.

Patricia Vico, Carles Francino, Fele Martínez, Malena Alterio y Paco Tous, entre otros, encabezan el elenco de esta serie de ocho capítulos que se empezó a rodar en septiembre del año pasado en Madrid y en Málaga, con la dificultad añadida de grabar más del 50% en exteriores. En la capital, un plató de 900 metros cuadrados dividido en pequeños sets de rodaje recibió durante cinco meses a los posibles infectados.

Los actores llegaban somnolientos antes de que empezara el día y se iban directos al camerino de maquillaje, una habitación llena de pelucas, máscaras de silicona, pegotes ficticios de sangre y un sinfín de diferentes tipos de polvos para el rostro, sombras de ojos y fijadores para el pelo. Tras la chapa y pintura, al tajo. Primero, los últimos ensayos, con mascarilla incluida. “En el refugio, que es el set principal, hay tanto polvo y tanta arena, que en cuanto se mueven un poco no pueden ni respirar. Les entra hasta dolor de cabeza. El efecto que produce en la cámara es maravilloso, pero para ellos es muy incómodo, así que ensayan con mascarillas y se las quitan solo para rodar”, explicó Sanabria a EL PAÍS durante esta visita al rodaje en febrero.

Meses después, pasados ya los dolores de cabeza, las persecuciones y las eternas sesiones de maquillaje, la serie se presenta ante el espectador con su principal baza: el efecto visual de la rabia. Personas altamente peligrosas capaces de matar con una violencia extrema, con sus rostros hinchados, las venas a punto de estallar, los ojos endemoniados y espuma en la boca.

“Es una apuesta arriesgada. Y Cuatro, con un público más urbano y joven, es la cadena idónea para dar ese paso adelante en la ficción española y darle a la gente productos diferentes”, explica Toni Sevilla, director de ficción de Mediaset. Por eso los dirigentes de la cadena contrataron los servicios de David Ambit, el responsable de caracterización de la serie, encargado de que el resultado del rabioso no resultara “cutre”, en palabras de Sanabria.

El actor Ismael Martínez, en la sala de maquillaje.
El actor Ismael Martínez, en la sala de maquillaje.

“Buscábamos algo creíble. Hablé mucho con Manu [Sanabria] antes de empezar, y los dos coincidimos en fijarnos en los mismos referentes: Amanecer de los muertos o incluso 28 días después. La idea era alejarse de la imagen del zombi y quedarnos con la de un perro rabioso. Pero en este caso no es lo mismo una persona que le acaba de entrar la rabia, que una que lleva con ella tres días. Los efectos son mayores, y eso hay que trabajarlo mucho. Algunos actores han tenido que sufrir hasta cuatro horas en maquillaje. Ha sido un trabajo muy duro, pero muy divertido”, explica Ambit.

La trama quedará prácticamente cerrada tras la primera temporada, aunque mantendrán “alguna puerta abierta”, según Sevilla, para darle continuidad a la historia en una hipotética segunda entrega. Dependerá, por supuesto, del nivel de aceptación de la audiencia y de cómo se propague la rabia.

El maquillador del terror

David Ambit ya es una eminencia del maquillaje de terror en el mundo del espectáculo. Estuvo nominado al Goya este año por sus caracterizaciones en la saga de REC y ha participado en películas como Crimen ferpecto o Torrente 3. También cruzó el charco para participar en el equipo de maquillaje de la serie estadounidense Juego de tronos y ha dado el paso definitivo en España con su trabajo en la ficción de Isla Audiovisual.

“Siempre he tenido claro que en Rabia había que innovar y teníamos que ir un paso más allá”, explica Ambit. “Había que dotar a los infectados de personalidad. Hemos trabajado en una línea más agresiva, con maquillajes más explícitos”, continúa. Para eso, el especialista ha trabajado con prótesis de silicona o látex, con las que perfeccionaba cada detalle del rabioso para ponérselas después a los actores y trabajar sobre seguro. Una vez colocadas en las caras correspondientes, hasta tres maquilladores trabajaban a la vez para acelerar el proceso todo lo posible. “Utilizamos también lentillas que recubren todo el ojo, maquillaje aerografiado… muchos elementos a los que siempre hay que añadir muchas dosis de paciencia”, explica. Y después, el arte del desmaquillaje. “Que también tiene su cosa”, se ríe. “Lo mejor de todo es que todos los actores querían pasar por la rabia, y eso es reconfortante”.

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