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Las estrellas

Las noches de los martes se produce la eclosión de los programas-estrella de las cadenas españolas con 'MasterChef', 'El Príncipe' y 'Allí abajo'

'El Príncipe'
Los actores José Coronado y Juanma Lara, en 'El Príncipe'.

Las inescrutables decisiones de los hados, y de los programadores de las cadenas generalistas, ha convertido las noches de los martes en la eclosión de los programas-estrella. La 1 nos ofrece MasterChef, el programa culinario de mayor éxito de los muchos existentes, con en esa vorágine masoquista en la que a mayor exclusión social, más supermercado repleto de excelentes productos, y sin cajeras. Telecinco presenta la serie El Príncipe, habitual triunfadora en las audiencias de la noche y en la que además de idilios interreligiosos (cristiano y musulmana) muestra esas proximidades entre fanatismo, droga y corrupción, un ambiente más verosímil que las explicaciones oficiales del ministerio del Interior a la hora de analizar el problema del auge del islamismo radical en Ceuta y Melilla.

Antena3, por su parte, emite un nuevo capítulo de Allí abajo, otra serie española de éxito en la que su primer obstáculo fue convencer a la audiencia de que poco o nada tenía que ver con ese fenómeno social en que se convirtió el largometraje Ocho apellidos vascos. En realidad es su viceversa: si en el filme es un andaluz el que por amor visita el País Vasco, en la serie es un vasco el que, por una desgraciada excursión del Imserso, primero, y por amor, después, decide instalarse en Sevilla.

Tres programas-estrella que han conseguido el favor del público y el respeto de la crítica. Tres ejemplos del buen hacer de una industria televisiva que hace tiempo conforma lo que se ha venido en llamar “cultura popular”, pues pocas dudas caben ya de que la televisión es uno de los baremos esenciales para medir los nuevos hábitos y gustos ciudadanos. En esto, como en otras cosas, el excelente ensayista alemán Hans Magnus Enzensberger deslumbró hace años a los lectores de EL PAÍS con una serie de reportajes sobre España. Y en uno de ellos, la fuente primordial era el tipo de películas que tenían mayor demanda en un vídeoclub de barrio.