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García Pelayo: “Triana tenía un componente musical místico”

Se reedita con temas extra el debut del trío que definió el rock andaluz y contracultural

Gonzalo Garcia Pelayo, productor musical, en Madrid.
Gonzalo Garcia Pelayo, productor musical, en Madrid.

Ya saben que Gonzalo García Pelayo (Madrid, 1947) tiene varios perfiles. Se le suele entrevistar por su faceta de jugador profesional, aunque él prefiere destacar su labor como cineasta. Hoy toca hablar del García Pelayo hacedor de discos: se reedita en Warner el primer álbum del grupo Triana, en vinilo y en CD (añadiendo cuatro temas en directo).

En 1974, García Pelayo era conocido como carismático presentador de programas musicales en radio y televisión. Gran catalizador de entusiasmos, se empeñó en grabar Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta, versos de Neruda adaptados por Olga Manzano y Manuel Picón. Aparte de la osadía de Gonzalo (“yo no era un productor al uso”), chocó que aquel disco saliera en Movieplay, empresa que entonces se relacionaba con el Opus Dei.

Recuerda Gonzalo que Movieplay tenía “accionistas misteriosos” pero editaba todo lo que pareciera vendible. “Habían dado un pelotazo con los Payasos de la Tele y querían reinvertir en música, algo que considero admirable. Me ofrecieron un sello propio, que llamé Gong, y me lancé a producir discos a destajo. Gracias a la viuda de Víctor Jara, conseguí los derechos de Quilapayún, Inti-Illimani, toda la Nueva Canción Chilena. Y vendimos toneladas. Luego, repetiríamos la jugada con la Nueva Trova Cubana”.

Triana llegó a través de su hermano, Javier: “Eran conocidos del ambiente musical sevillano. Habían grabado dos canciones con Teddy Bautista, que estaban inéditas. Para mí, que titularan un tema Bulerías 5 x 8 ya era suficiente garantía. El buen rock es una intersección mágica de tiempo y espacio; el tiempo explica que escucharan a Pink Floyd pero su espacio era Andalucía. Fue idea mía juntarlos con el pintor Máximo Moreno, que captó su combinación de modernidad y tradición”.

Demasiada audacia: el disco inicialmente pinchó. “En Gong, trabajábamos tres líneas: cantautores, flamenco, rock. Y lo que despegó fue Nuevo día, de Lole y Manuel. Ahí cometí un error: sugerí a Triana que, para el siguiente disco, tiraran por un sonido más acústico. Hicieron bien en ignorarme. Reconozco que, en 1975, yo no apostaba por Triana. Pensaba que lo que iba a triunfar sería Granada, con Carlos Cárcamo. En términos musicales, el disco más logrado fue 14 de abril, primer y único LP de Goma”.

Cuarenta años después, García Pelayo esboza claves religiosas para justificar el gancho de Triana: “Letras y músicas tenían un componente místico. Al estilo sevillano, claro: una canción te llevaba a la Semana Santa y otra a la Feria de Abril. Se consumía mucho LSD y Jesús de la Rosa retrataba sus viajes”. Respecto a la decadencia del grupo, cree que “en música, la democracia es la muerte”. “Cuando vieron el dinero que daban los derechos de autor, todos quisieron componer. Y Jesús, siempre generoso, aceptó. La degradación de Triana se hace evidente hasta en sus portadas”.

En otros tiempos, García Pelayo hablaba del caso Triana con amargura. Hoy, prefiere acentuar lo positivo: “Entre 1974 y 1975, yo no paré. Podía estar trabajando a la vez en dos estudios; a la vez, preparaba mi primera película, Manuela. Estaba concebida como continuidad de mi trabajo como productor: tenía la obsesión de poner en imagen determinadas canciones, incluyendo varias de Triana. Para mí, la música era otro personaje más. Y eso no se entendió. En pocas películas está Charo López tan hermosa como en Manuela pero ella siempre habla con displicencia de la película, supongo que hubiera preferido exagerar el drama que había en la novela de Manuel Halcón. Su desapego anticipaba las críticas, que fueron feroces. Algo que ha sido mi cruz hasta hace bien poco”.