ARCO 2015 / ESPECIAL COLOMBIA
Columna
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Colombia nunca se detuvo

Influyeron las instituciones, pero fueron los artistas los que abrieron horizontes

'Laguna' de Óscar Muñoz.
'Laguna' de Óscar Muñoz.

Colombia está de moda, dicen unos y repiten otros, pero las modas, como los amores, pasan y se olvidan. Esta repentina visibilidad de un país que continúa estando en el imaginario de muchos como uno de los más inseguros del planeta se refleja por estos días en Madrid, con la nutrida presencia de artistas y galerías en Arco y en los museos y centros de arte de la ciudad. Los siniestros años ochenta marcaron un punto álgido de violencia descrito ejemplarmente en la novela El ruido de las cosas al caer, de Juan G. Vásquez, que retrata a una generación atrapada por el miedo, la incertidumbre y el dolor. Pero ¿qué ha sucedido para que, después de casi tres décadas de conflicto armado, pareciera que se ha llegado por fin a una tregua?

El cambio se ha ido gestando poco a poco, lentamente, y a lo largo de todos estos años podemos percibir que la realidad cultural de Colombia nunca se detuvo, que seguramente gracias a ella estemos pasando del otro lado del espejo. Probablemente hayan influido los gestos simples, en ocasiones excéntricos y extraños para muchos, pero sin duda contundentes, a los que nos acostumbró Antanas Mockus, alcalde de Bogotá en la década de los noventa. Toda su política se centró en la importancia de la cultura como un espacio generador de comunidad. La cultura ciudadana que promovió y que tuvo eco en la población nos permitió encontrar intersticios en donde el horror podía ser transformado y la transición hacia otro capítulo de la historia de una sociedad era una utopía imaginable y realizable, como diría Yona Friedman. Estas estrategias permitieron una mutación del concepto de ciudad al que estábamos acostumbrados, así como del rol fundamental de la cultura en una sociedad marcada por la violencia, la desigualdad y el dolor. Este proceso de transformación ciudadana y de responsabilidad compartida ha sido también pieza clave en el arte.

Si bien es cierto que las instituciones han desarrollado un trabajo importante, son sobre todo los artistas quienes han realizado una labor ejemplar

Si bien es cierto que las instituciones han desarrollado un trabajo importante, son sobre todo los artistas quienes han realizado una labor ejemplar, no solo a través de su obra sino también expandiendo su campo de acción hacia otros horizontes. La gestión de talleres, residencias de artistas, exposiciones y otras actividades paralelas y multidisciplinarias que fomentan y estimulan el intercambio, los procesos de producción, la experimentación, la movilidad y las relaciones con artistas de otros países pero con preocupaciones similares. Basta recordar que ya en los años setenta grupos emblemáticos como el Sindicato de Barranquilla organizaban en esa ciudad increíbles proyectos multifacéticos en el ámbito nacional. Eventos fascinantes por su dimensión estética y política que podríamos comparar con la actividad de cualquier centro de arte contemporáneo europeo en ese momento. Igualmente en Cali, ciudad con una importante tradición cinematográfica, literaria y musical en la misma época, existía la famosa Ciudad Solar, una casa cultural liderada por un grupo diverso de artistas y cineastas, entre los que encontramos a Andrés Caicedo, Luis Ospina (presente en el Reina Sofía con sus películas) y Óscar Muñoz (en Tabacalera).

Muy probablemente esa experiencia colectiva se encuentre en el origen, 30 años después, de Lugar a Dudas, un proyecto liderado por el mismo Óscar Muñoz y Sally Mizrachi, que se ha convertido en un catalizador de ideas, fuerzas y energía creadora. Elena Producciones, también en Cali, lidera uno de los festivales de performance más pertinentes del continente, así como talleres de formación en toda la región dirigidos a un público más amplio. Medellín, durante mucho tiempo devastada en todos los niveles, siguió el ejemplo de Bogotá creando bibliotecas y colegios en los barrios más sensibles y fomentando eventos culturales a gran escala, como el Encuentro de Medellín, verdadera plataforma para las ideas y la creación que ha logrado mantenerse en el tiempo gracias a la tenacidad de sus organizadores y al apoyo local.

Bogotá ha tenido innumerables espacios independientes difíciles de citar en su totalidad: El Vicio Producciones, El Parche, La Rebeca, Mapa Teatro y El Bodegón, entre otros, y más recientemente Flora. Este último, una propuesta del curador José Roca y la abogada Adriana Hurtado que, retomando el modelo de Lugar a Dudas, ha sabido en poco tiempo convertirse en un espacio de referencia.

Sin lugar a dudas el arte en Colombia pasa por un buen momento, gracias sobre todo a sus artistas, que han comprendido que es un espacio de resistencia crítica para la emancipación del pensamiento y de nuestras vidas.

Las modas pasan, lo importante es la “eternidad en el instante”, como diría Baudelaire.

María Inés Rodríguez es directora del CAPC Musée d’Art Contemporain de Bordeaux.

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