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Guillermo del Toro saca los colmillos

Cuatro estrena ‘The Strain’, serie basada en la trilogía de novelas del director mexicano

Guillermo del Toro saca los colmillos

Cualquier otro se quejaría de la cortedad de miras del mundo del espectáculo después de que la cadena Fox rechazase en 2006 su proyecto para una serie de vampiros de los de verdad, de “los que dan miedo”. Sin embargo, ese no es el caso del director mexicano Guillermo del Toro. “Soy demasiado activo como para quejarme”, sentencia. “Me dijeron que hiciera una comedia”, recuerda jocoso de ese comienzo en falso.

Pero el realizador, además de darle a todos los medios, es cabezota. Para 2009 había convertido el guion de su episodio piloto en el germen de lo que terminarían por ser tres novelas —Nocturna, Oscura y Eterna, conocidas conjuntamente como La trilogía de la oscuridad y un cómic. Finalmente, en 2014 vio la luz su proyecto inicial: una serie televisiva sobre una pandemia vampírica en el mundo actual. “Quería que fuera una serie porque quiero contar una historia sin prisas, más arriesgada y que pueda cambiar de tono con cada temporada”, describe Del Toro a EL PAÍS.

El responsable de la ficción es Carlton Cuse, productor de ‘Perdidos’

Esa fue la génesis de The Strain —el título original de la primera novela—, serie que Cuatro estrena este martes (22.30) y que reinventa el género de vampiros, pero regresando a sus orígenes: nada de jóvenes imberbes que brillan o tienen crisis de identidad.

“Son parásitos que vienen a anidar al corazón de nuestra sociedad”, resume Carlton Cuse, productor de Perdidos y a quien le interesó el concepto en cuanto se lo propusieron. También amante del género, en The Strain encontró lo que buscaba.

Al tratarse de una idea de Guillermo del Toro, no es extraño que tras los colmillos de esos vampiros haya más que un monstruo, en una mezcla de la actualidad distorsionada con la herencia del periodo de 1939 a 1945 que tanto fascina al director. “Lo veo como El laberinto del fauno, una historia abierta a un público más amplio que al que le gustan las películas de terror”, añade el actor Corey Stoll, su protagonista. Él es el más escéptico del grupo y el único del trío al que no le interesan los vampiros. Ese escepticismo le viene bien a la hora de interpretar a este nuevo cazavampiros que desde un principio se niega a creer en ellos y que, como científico que es, intenta buscar una explicación racional a la epidemia a la que debe hacer frente.

Del Toro no se jacta de haber descubierto nada. Su planteamiento es el mismo que el del Drácula de Bram Stoker, que el realizador recuerda como una historia moderna para su época.

The Strain incluye ese elemento científico en su aventura, además de monstruos y mucha sangre. Tanta que Stoll ha llegado a tener pesadillas con criaturas subcutáneas similares a las que aparecen en la ficción. Todavía recuerda con horror lo real que era el primer cráneo abierto con el que se encontró en el rodaje. Pero Del Toro mantiene que en la serie también hay bastante diversión. “Nunca pretendí hacer Las uvas de la ira con vampiros”, bromea.

“El horror nos muestra lo delicada que es nuestra piel”, dice el mexicano

Él dirigió el primer episodio y reescribió los seis iniciales. Incluso para este realizador sin mesura, sus novelas, escritas junto a Chuck Hogan, incluye capítulos solo reproducibles en la imaginación. También controla el montaje, la paleta de color, que le gusta muy saturada —“como un cómic”— y los efectos especiales. El resto se lo deja a Cuse como máximo responsable de la serie en una producción que requirió una preparación de 18 meses —“como una película”, aclara el guionista—. Especialmente complicado resultó hacer funcionar unas criaturas valoradas en unos 443.000 euros y que mezclan maquillaje, efectos especiales, marionetas y la actuación humana. Además de tener que hacer frente a un gélido Toronto (Canadá), donde se rueda la ficción. “Cuando parece que estamos ateridos de miedo, lo estamos, pero del frío”, ironiza Stoll.

Con una audiencia inicial de ocho millones de espectadores en EE UU en sus diferentes pases en el canal FX, el equipo ya se encuentra rodando la segunda temporada. Los planes de Del Toro y Cuse apuntan a un total cercano a los 60 episodios en que las dos primeras temporadas correspondan a los dos primeros libros de la trilogía, y el tercero, Eterna, se desgrane en dos o tres temporadas más. Habrá que ver si la apuesta televisiva llega a cubrir todo el arco deseado por sus responsables.

Cuse considera que el género del horror supone una metáfora de los propios miedos de la sociedad actual. Para Del Toro, es su forma de hacerse hueco, con todas sus imperfecciones, en una “cosmología” que acepta otro tipo de monstruosidades. “El horror es un guantazo en la cara que nos muestra lo delicada que es nuestra piel y el callo que tenemos por alma”, concluye el director.

El omnipresente Corey Stoll

Guillermo del Toro saca los colmillos

Como si de una pandemia se tratase, está en todos lados. Hace poco, escasas personas sabían quién era Corey Stoll, protagonista de The Strain. Ahora está hasta en la sopa. Si a un espectador le suena su cara, quizá le haya visto haciendo de Hemingway en Midnight in Paris, de Woody Allen. O en la primera temporada de House of Cards. O en la cuarta de Homeland. Y estará haciendo de malo en el próximo estreno de Marvel, Ant-Man. “Cuando me contrataron en Ley y orden: Los Ángeles, recuerdo haber pensado: ‘Menos mal que no me dieron algo así recién salido de la escuela de arte dramático”, comenta.

Carlton Cuse compara a este neoyorquino de 38 años con un nuevo Indiana Jones en esta última cruzada contra los vampiros. Guillermo del Toro lo contrató por su magnetismo, su virilidad, pero, sobre todo, por su humanidad. “El tipo de héroes que me gustaban de niño, de los que te podías encontrar por la calle”, recuerda el realizador. Un perfecto cazador de vampiros que le debe su carrera a esa profesora que se empeñó en que tenía que ser actor. “Ella me inculcó la idea de que yo era un actor y no fue una mala idea. Pero todavía no le he dado las gracias”, se lamenta.

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