MÚSICA / ENTREVISTA

Spandau Ballet: “Es obvio que somos hijos del punk”

Los cinco miembros de uno de los grandes grupos de los ochenta y un entrevistador que pasó de detractor a fan. Una charla sobre clase obrera, soul, baile y trapitos

Spandau Ballet junto a George Hencken, directora del documental 'Soulboys of the Western World'.
Spandau Ballet junto a George Hencken, directora del documental 'Soulboys of the Western World'.Albert Garcia

A Spandau Ballet yo los veía cada día, en mi BUP. Era lo primero con lo que topaba al aparecer por clase durante 1986 y 1987. Por supuesto no les veía a ellos, sino a sus retratos: Spandau Ballet tenían un monopolio exclusivo del espacio carpetil femenino. O sea: todas las chicas les llevaban allí, cerca del pecho. Aquellas fotos de los cinco haciendo morritos eran mi pesadilla. Tendrían que pasar quince años para que empezara a distanciar mi recuerdo de ello y aceptara que –a pesar de la Spandaumanía y Live Aid– Spandau eran cinco chavales de clase obrera enamorados del baile, la ropa y el soul. Y, como tales, asaz parecidos a mis amigos y yo (no en belleza).

Déjenme que les diga ahora que yo he conocido a muchos de mis ídolos, y nunca me ha temblado la voz. Y sin embargo hoy, en un hotel de Barcelona, rodeado por los cinco Spandau Ballet (promocionan el documental Soulboys of the Western World para In-Edit Beefeater), noto una tiritona muy poco familiar. Y creo que es por todas esas carpetas, por la responsabilidad que siento hacia las fans de Spandau de mi BUP. Va por ellas.

PREGUNTA. Cuando habláis de Spandau Ballet en el filme seguís maravillados por lo que sucedió. Resulta contagioso el entusiasmo con el que revisitáis los inicios.

GARY KEMP. Tienes que tener en cuenta que éramos un grupo de gente que pensaba igual y que había vivido siempre en la misma zona, el centro de Londres, y que encima había pasado por el punk. Sentíamos que se nos había pasado el testigo para que continuáramos con ello haciendo algo, para que se nos ocurriese algo. En las reuniones de martes por la noche en todos aquellos clubs, creo que todo el mundo pensaba: nuestra misión es diseñar la próxima década.

TONY HADLEY. Estaba también lo del cambio notable que uno podía percibir en el Reino Unido a principios de los ochenta. Los años de Thatcher, lo que hizo económica y políticamente... Si miras el documental se percibe la posibilidad de que la música pueda servir de algo, como sucedió con Live Aid y Band Aid, la caída del muro de Berlín, la ruptura en Suráfrica... Era una década de cambios enormes en todo el mundo. Y pienso que nosotros tuvimos una premonición de aquello en 1978 y 1979, que al final resultó ser cierta.

Nos perdimos la Segunda Guerra Mundial, pero lidiamos con el hundimiento posterior. Era un mundo austero John Keeble

P. Me sorprendieron la cantidad de reflexiones sobre clase que efectuáis en el filme. Habláis del efecto que tuvo en vosotros el crecer en comunidades de clase obrera.

JOHN KEEBLE. A esa edad, eso es algo que te define por completo. A los dieciséis no conoces a nadie aparte de a tus compañeros de clase y a tu familia. No has salido de allí, no has visto mundo, no has explorado nada. Así que, en efecto, es fundamental en lo que somos.

GARY KEMP. Yo creo que aún estoy algo obsesionado con todo el tema de la clase social. Y no siempre de forma placentera. A veces me encuentro compartiendo espacio con gente que creció de una manera muy distinta a la mía, y siempre temo que en cualquier momento aparezca una mano en mi hombro y una voz me diga: "Perdón, caballero. Creo que ha habido un pequeño error..." (risas).

TONY HADLEY. Yo me he mezclado con mucha gente de clase media y clase alta, y nunca me he sentido intimidado por ellos. Tal y como yo lo veo, yo soy yo. Y me importa una mierda lo que piensen.

GARY KEMP. No me habéis entendido. No hablaba de cómo me siento yo en su compañía, sino cómo yo imagino que otra gente se siente respecto a mí.

P. ¿Cómo diríais, en todo caso, que aquel entorno de clase trabajadora influyó en vuestra manera de ser?

TONY HADLEY. Bueno, nuestros padres trabajaron muy duro; eso para empezar. Tienes que recordar cómo era Londres a principios de los sesenta. Sólo habían pasado 15 años desde la Segunda Guerra Mundial, y todavía estaba lleno de lugares donde habían estallado bombas, y que no se habían reconstruido. La gente vivía en casas con la puerta principal común, retretes exteriores, y a menudo no había ni bañera.

STEVE NORMAN. Todos compartíamos otra cosa, y que era la ausencia de dinero. Eso afectaba a todo el mundo. Dicen que el dinero no hace la felicidad, pero sin duda puede hacer las cosas mucho más fáciles. Así que todos estabamos metidos en la misma batalla, que era la de mejorar nuestras vidas; conseguir una mejor calidad de vida para nuestras familias.

GARY KEMP. ¿Y sabes otra cosa? Yo estaba obsesionado con la cultura juvenil, y eso se percibe en el film. Crecí rodeado de una serie de cultos juveniles que me marcaron: un día éramos soul boys, el otro éramos punks, al siguiente glam rock... Creo que lo de pertenecer a un linaje de culturas juveniles fue algo que la prensa rock no tuvo en cuenta al hablar de nosotros. Esa prensa siempre miró con altivez a los soul boys, que eran una subcultura de clase obrera con aspiraciones, que bailaba música negra con aspiraciones. Fue una tribu de la que nunca se habló. La única música negra que aparecía en semanarios como NME era reggae, porque tenía un contenido político.

Queríamos tener la banda que la gente mencionara al hablar de nuestra era. Estaba el dilema: "¿Estaremos aquí siempre, o no?". No podíamos pertenecer a un pequeño culto si queríamos ascender Gary Kemp

JOHN KEEBLE. Sucedía lo mismo en los sesenta con los Stones y el R&B negro americano, que trataban como algo muy preciado. Los soul boys tenían la misma actitud hacia el R&B moderno e importado. Lo consideraban algo precioso. Iban a clubs underground y bailaban discos que nadie conocía.

P. ¿Que sacaron Spandau Ballet del rollo soul? ¿El hedonismo, por ejemplo?

GARY KEMP: Sí. La obsesión con la ropa. El amor por el baile.

JOHN KEEBLE: Esa sensación de disfrute colectivo, ese momento de unión a través de algunos discos. Chicas bailando con chicas. Chicos bailando con chicos. Quizás nos perdimos la Segunda Guerra Mundial, pero tuvimos que lidiar con el hundimiento posterior. Nacimos poco después de que terminara el racionamiento, y era un mundo austero, te lo aseguro. Pero luego nos desquitamos.

Me encanta la forma en que definís la escena del Blitz [club new romantic] como “un montón de fabulosos don nadies”.

GARY KEMP: Cuando eres joven y vienes de donde nosotros veníamos, hallas tu fuerza en la tribu, en la pandilla, en el grupo. Ese es tu poder. Podríamos afirmar incluso que los músicos de clase media que buscan triunfar –y las listas de éxitos de hoy son un buen ejemplo de ello– poseen el valor suficiente para ser artistas de un arte "menor" como el pop. No necesitan a la tribu, ni a la pandilla, ni al grupo. Nosotros sí lo necesitábamos. Para que la gente supiese que existíamos. Para resaltar.

MARTIN KEMP: Es curioso que hayas recordado ese concepto de "fabulosos don nadies". Que, por otro lado, era cierto. Pero, ¿Cuántos de aquellos don nadies se convirtieron en alguien? Había mucha gente de aquel sótano que terminó haciendo cosas maravillosas.

Hablé con Kevin Rowland de Dexys y me comentó cómo la prensa musical inglesa despreciaba a todas las bandas que se preocupaban por su imagen.

JOHN KEEBLE: Con Kevin Rowland compartimos orígenes y pasado. Cuando tocamos por primera vez en el Roxy de Covent Garden en 1977, su primer grupo, The Killjoys, estaba en cartel con nosotros. O sea que nos conocimos entonces, y desde allí hemos seguido caminos similares.

GARY KEMP: Dexys y nosotros mirábamos a la música americana de baile más que al rock. Y también empezamos como punks. Dicho esto, y por mucho que nos encantaran las bandas, vamos a ser sinceros: los Sex Pistols eran un diseño de escuela de arte. Surgieron de un pijo que había ido a una escuela de arte, quien tuvo una idea, y quien de forma bastante condescendiente decidió prefabricar a un grupo.

Pero los cuatro Sex Pistols eran de clase obrera, como vosotros.

GARY KEMP: Cierto. Pero su creación se debió a las ideas de ese mánager, no surgió de ellos. Él los juntó. Y luego los destruyó. Echó de la banda al mejor músico y mejor compositor, que era Glen Matlock, y en su lugar puso a aquel demente (todos ríen). Así que, pese a ser fans de todo aquello, nuestra intención era distanciarnos. En cierto modo sabíamos, o intuíamos, que una nueva voz estaba a la vuelta de la esquina. Algo presagiaba la aparición de revistas como The Face, un nuevo tipo de prensa musical. Sabíamos que los semanarios rock no iban a reinar siempre.

Del punk sacaríais el hazlo-tú-mismo y el tema tribal.

GARY KEMP: Es obvio que somos hijos del punk. Jamás hubiésemos pensado en montar una banda si no llega a ser por el punk.

JOHN KEEBLE: Cuando empezamos a tocar, lo hicimos en el mismo circuito que todas las bandas punk. Ibas haciendo todo el circuito: un día tocabas para la peña del pub rock, al siguiente tocabas para una audiencia de rockers, y al otro estabas en el Roxy compartiendo cartel con Chelsea y tocando para punks. Estábamos un poco en medio de todas aquellas escenas.

GARY KEMP: Steve [Norman] y yo fuimos a ver a los Sex Pistols un día, durante el verano de 1976. Al siguiente lunes, cuando volvimos a la escuela, yo dejé de tocar con un grupo de tíos mayores, que no hacían punk ni nada parecido. Al regresar al cole, nos topamos con John [Keeble] casi de inmediato. Y en cuanto a Tony, era el único tío que conocíamos que tenía una chaqueta de cuero (carcajadas generales).

MARTIN KEMP: Lo que hizo el punk fue demostrar que para ser músico no tenías que ser Genesis. Vimos a The Clash a principios de 1977. Joder. Salieron al escenario con aquellos monos de trabajo grafiteados con aerosol, y llevaban las guitarras aquí abajo (señala sus rodillas). Y tocaban así (se pone en pie y separa ambas piernas). Alucinamos. Claro que ellos lo estaban copiando de los grupos de Nueva York.

Estamos orgullosos de todo lo que llevamos. La única forma de no estar orgulloso de tu look es si alguien lo ha escogido por ti, como sucede con muchas de las bandas prefabricadas de hoy Martin Kemp

¿Qué decidísteis dejar fuera al crear Spandau?

STEVE NORMAN: Vimos que el punk no era nuestro rollo. Éramos algo más jóvenes que ellos, dos o tres años, y nos habíamos subido al carro cuando la cosa ya existía, así que teníamos la sensación de que no nos pertenecía por completo.

MARTIN KEMP: Todo aquello cambió cuando empezamos a ir a Billy’s o al Blitz. Solo entrar la primera vez, nos dijimos: "¡Eh, somos nosotros!". Eran chicos que tenían nuestra edad. Nos sentimos identificados del todo.

GARY KEMP: Seamos honestos: el punk era una cosa importada de Estados Unidos. Si quitabas la voz de Johnny [Rotten], todo lo demás era americano. Mientras que lo nuestro miraba más a Europa. Por un lado, Rusty [Egan, DJ del Blitz] se había traido de Berlin todos aquellos discos increíbles, Kraftwerk y tal. Y lo mezclaba con los ritmos de baile del soul.

JOHN KEEBLE: También iba de ambición. Yo no quería tocar en Genesis, pero sí quería tocar en Wembley (carcajadas de todos).

Es emocionante cuando afirmáis ser el nuevo eslabón de una tradición que puede rastrearse hasta los primeros mods de los 60... Poca gente realizaría esa asociación.

GARY KEMP: Sí. Pero también queríamos tener la banda que la gente mencionara al hablar de nuestra era. Estaba el dilema: "¿Estaremos aquí siempre, o no?". No podíamos pertenecer a un pequeño culto si queríamos ascender. Piensa en The Who, es un gran ejemplo: empezaron como una pequeña banda mod que gustaba a unos pocos, y terminaron siendo otra banda de rock que le gustaba a medio mundo. Yo conocía a todas esas bandas, toda la tradición. Estaba Tommy Steele, tocando rocanrol al principio de todo. Luego vinieron los mods y The Who. Luego la psicodelia y Pink Floyd. Bowie y el glam. Sex Pistols y el punk rock. Nosotros teníamos que ser la banda que la gente mencionase al hablar de los ochenta. El siguiente eslabón.

A Spandau Ballet se os conocía tanto por las canciones como por el look. ¿Qué estilos Spandau os llenan de orgullo, y cuáles os avergüenzan?

MARTIN KEMP (entre risas cómplices): Estamos orgullosos de todo lo que llevamos. La única forma de no estar orgulloso de tu look es si alguien lo ha escogido por ti, como sucede con muchas de las bandas prefabricadas de hoy. Pero ese no era nuestro caso. ¿Sabes qué? Lo único que estábamos haciendo era llevar en el escenario lo que nos poníamos para ir a los clubs.

STEVE NORMAN: Nos influenciaba mucho David Bowie. Incluso las noches en Billy’s acostumbraban a llamarse "Bowie Nights". Pero decidimos dejar el homenaje, porque aquello nos pertenecía. Era nuestro, no queríamos que se llevara los honores otro, por muy Bowie que fuese. "We can be heroes / Just for one day". No se puede decir más claro que eso. Esa es un poco la filosofía de entonces. Y a veces era literalmente "por un día", porque al siguiente ya estabas metido en otro rollo.

JOHN KEEBLE: Era: "¿Qué vamos a tocar mañana? ¿Qué vamos a llevar mañana?". Porque a cada paso sonábamos distintos, y lucíamos distintos. Creo que ese es uno de los puntos fuertes de la banda: que nunca nos conformamos con ser una sola cosa. Que nunca fuimos la misma banda. Mira (se pone serio): por mucho que me gusten AC/DC, no entiendo como alguien a esa edad venerable puede llevar un traje de colegial (estallido de risas)... ¡En un escenario! (más risas).

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