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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Barbaridades

La basura se adjudica generalmente a aquello que tiene tinta rosa, lo cual elimina, parece ser, al blanco y negro

En una de sus conversaciones bárbaras, Borja Hermoso trajo este último domingo aquí a María Teresa Campos, que tiene como tercer apellido la palabra televisión. Ella le dijo a Borja que en la tele no es basura tan solo aquello que recibe ese nombre, que hay oropeles que también son basura y nadie lo dice. Tiene razón. La basura se adjudica generalmente a aquello que tiene tinta rosa, lo cual elimina, parece ser, al blanco y negro. Y en el blanco y negro, es decir, en la letra impresa, también hay mucha basura, del mismo modo que en la tele la basura no es tan solo, ni mucho menos, aquello a lo que llamamos con ese sinónimo del detritus.

Lo que pasa es que, como se decía en aquella conversación bárbara, nos hemos acostumbrado a poner a un lado lo que se dice en esos programas rosados y no nos fijamos en lo que se dice en otros donde no hablan cotillas profesionales o sedicentes periodistas del corazón. Y en otros programas donde trabajan también, por decirlo así, periodistas de corazón, uno escucha mucha barbaridad, por no poner aquí la tan gastada palabra basura.

El otro día escuché a un hombre que es famoso por decir lo que le da la gana, en sentido estricto y en sentido laxo, aconsejar a la gente que deje de buscar empleo, que en realidad el empleo empieza por uno mismo.

En una tertulia de otro lado escuché cómo equiparaban las manifestaciones de los médicos que protestan por los recortes sanitarios con las manifestaciones de jóvenes fascistoides de la derecha porque en aquella concentración médica se había colado un grupo de mastuerzos a decir una estupidez sobre la hospitalización de Cristina Cifuentes.

Esa simplificación descendió aún más grados en otra discusión bárbara a la que también asistí; en este caso hablaban del comunismo y sus crímenes. Como el asunto era tan suculento y tan español, uno de los contertulios derivó hacia la Guerra Civil y dijo algo que se le hubieran premiado en la barra de un bar:

—La Guerra Civil fue una guerra de malos contra malos.

Michael Robinson dijo una vez que a él le pagaban en la tele para hablar por encima del nivel de lo que se dice en la grada. Pues estas barbaridades que uno escucha en la tele no forman parte de lo que se dice en la grada. Las dicen periodistas. Qué barbaridad.

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