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OPINIÓN
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Buscando a Kate Moss

Yo mismo me encuentro en horas bajas: me he enterado que está en Formentera Kate Moss y que no hemos coincidido en varios lugares, como el 10.7 Beach Club, por cuestión casi de minutos

Jacinto Antón

levo dos semanas en Formentera sin ver la televisión, lo que no me acredita precisamente para esta columna. Aunque ¡vaya serie se podría rodar aquí! Un jipi vuelve a la isla, no la reconoce y es secuestrado por italianos, escapa y se refugia en el Blue Bar donde nada parece haber cambiado, hasta que ve lo que cuesta una copa…

Formentera, hermosa, salvaje y seductora, peinada de espuma y cielos arrebolados, puede ser también una cruel amante. Y no me refiero solo a las lagartijas aplastadas en los caminos, ni a la mirada afilada de los alcaravanes escondidos bajo las higueras, ni a la partida precipitada de los amigos; ni, como ya he sugerido, a los precios; ni siquiera estoy hablando del temporal que ha dejado un velero encallado de manera inverosímil en las rocas de Es Caló como fondo para la rave del chiringuito Amore.

No, me refiero sobre todo a la crueldad de la isla con los corazones heridos y las almas perdidas. El espíritu perverso del lugar. Estar mal en el paraíso es una especial categoría de infierno. No es fácil escapar de una isla y menos de esta, que te envuelve con sus remolinos, recuerdos y árboles retorcidos como una melindrosa Circe azul.

Yo mismo me encuentro en horas bajas: me he enterado que está en Formentera Kate Moss y que no hemos coincidido en varios lugares, como el 10.7 Beach Club, por cuestión casi de minutos. En cambio, he topado dos veces ya con Oriol Pujol Ferrusola, y con el cormorán moñudo, ni te digo. A ver si no es para pensar que algo va mal en tu vida.

Lleno de indefinible desazón me fui a mediodía en bici al faro de Barbaria, a ver si me iluminaba. Fue una excursión épica: perdí el botellín de agua, no había cobertura y la soledad del paraje resultaba intimidatoria. Encontré un ratoncito que asomaba la cabeza entre las piedras del viejo murete. Quise creer que encarnaba al spirit of the place, así que, en plena insolación, lo interrogué sobre ese dolor sordo que nos golpea en vacaciones, convirtiendo la felicidad en cenizas. Me miró con sabiduría infinita y me susurró, por debajo de sus bigotitos, dónde podía encontrar a Kate Mouse…

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Sobre la firma

Jacinto Antón
Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.

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