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OPINIÓN

De chapuzón en chapuzón

El estreno de su '¡Mira quién salta!', su versión de cómo convertir a un famosete en un avezado saltador de trampolín, convirtió a Telecinco en líderes de su franja

En Telecinco tienen que estar contentos. El estreno de su ¡Mira quién salta!, su versión de cómo convertir a un famosete en un avezado saltador de trampolín, tuvo una cuota de pantalla del 23,5% lo que les convirtió en líderes de su franja. Al menos por un día. Porque el programa que conduce Jesús Vázquez, una de las estrellas de la cadena, vio la luz solo un par de semanas después de que lo hiciera Splash!, el formato gemelo de Antena 3, que tuvo un millón de espectadores más en su primer día.

 Pero eso son datos. Lo que sorprende es que 3.376.000 espectadores encuentren el concurso entretenido, salvo que lo divertido sea comentarlo en Twitter porque ¡Mira quién salta! se convirtió en trending topic en un santiamén. El programa se hace largo y un poco pesado y los personajes, en su mayoría, tienen poco interés excepto si usted es un consumidor ávido de la parrilla de Telecinco o tiene especial intriga en saber cómo se lanza al agua Olvido Hormigos, aquella concejala socialista cuyo vídeo erótico circuló por la web, o Fortu, el cantante de Obús.

Y luego está la competición, el concurso en sí. El casting tiene su mérito porque tiene que ser difícil encontrar a tanta gente (la mayoría de ellos jóvenes) incapaz de tirarse de cabeza cuando empezaron a entrenarse. Pero es que además las notas son incomprensibles porque no se sabe si cuenta más la dificultad, la ejecución, el bañador (Boris Izaguirre, uno de los jueces, comentó casi cada una de las piezas) o simplemente el juego que pueden dar los concursantes al desarrollo del programa (esas lágrimas de Mónica Pont). Da igual. Cuatro de ellos (Tamara Gorro, Nacho Montes, Mar Segura e Isidoro) fueron eliminados. Pero aún nos queda Fortu, que ya apunta a favorito.

Javier Illana también promete dar juego como juez comprensivo y carismático. Ya ha conseguido algo: que después del primer programa le conozcan varios millones de españoles, algo que no consiguieron sus tres participaciones olímpicas. Para los amantes del deporte es duro pensar que fueron muchos menos los que siguieron las andanzas del madrileño en su final en Londres el pasado verano. Pero es lo que hay. Pueden consolarse soñando con que el programa, como su gemelo, atraigan a nuevos aficionados a una disciplina que no cuenta con 100 licencias en España.