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Tras el rastro del rap en Madrid

El Club de los Poetas Violentos, La excepción y Chojin, a través de lugares claves de sus carreras

El Club de los Poetas Violentos (CPV) en diciembre de 1996. Ampliar foto
El Club de los Poetas Violentos (CPV) en diciembre de 1996.

La música nace, crece e, incluso muere. Sin embargo ni todos los grupos, ni los estilos brillan con la misma intensidad. En el caso del rap, su llegada a Madrid fue relativamente rápida. Entró, o quizás sería mejor decir salió, de la base militar estadounidense de Torrejón de Ardoz. Empezó como tendencia minoritaria, en salas pequeñas con capacidad para unas 250 personas. Las bases y la métrica han madurado, han calado en el público, y esta cultura representa una opción sólida con un circuitos propio fuerte y perspectivas de crecimiento aun mayores. Los conciertos hoy reúnen a miles de personas.

Pero hubo una época en la que no todo fue fácil. Un tiempo en el que había lugares puntuales, que se podían contar con los dedos de la mano, en los que comprar música, ropa o ver de los grupos en concierto. El hip-hop, que siempre se ha encontrado cómodo haciendo vida en la calle, encontró un problema adicional en el Madrid de los ochenta y, muy especialmente, los noventa con el auge de la violencia neonazi, que nuestros entrevistados aún recuerdan. 

Analizando las carreras de forma geográfica con un mapa delante, el rap en la Comunidad de Madrid nunca se ha prodigado por el centro, salvo algún concierto puntual o tienda -desaparecida en el caso de Tiempo libre-. Así, el hip hop se ha abierto paso desde la periferia desde el remoto Alcorcón hasta Pan Bendito, pasando por San Blas o Torrejón de Ardoz. Consultamos a algunos de sus protagonistas y con sus recuerdos hemos trazado un mapa. Es el primero de una serie, que recorrerá en próximas semanas


El Club de los Poetas Violentos, cuando Alcorcón era el centro

La intensa carrera de El Club de los Poetas Violentos -también conocidos como CPV- comenzó en distintos barrios de Madrid y encontró a finales de los ochenta dos lugares atrayentes cerca de la calle mayor de Alcorcón: las ya extintas salas Sapo azul y la Anagrama. "En Anagrama conocí a Frank T, a dj Zeta y Cowboy, etc. Allí se hicieron las primeras fiestas de hip hop y venía gente de todo Madrid", recuerda El Meswy (Zaragoza, 1972), uno de los cantantes, desde su residencia neoyorkina. De hecho, no muy lejos de allí el grupo produjo su primer disco, Madrid zona bruta (1993), en lo que antes fue una carnicería. Cerrada, dentro de un mercado tradicional de barrio, se convirtió en el humilde local de unos 6 metros cuadrados que vio nacer el disco. "Estaba abandonado y nos metimos a reformarlo. Allí teníamos todo el equipo y uno de nosotros dormía allí para que no nos lo robaran. Tenía un cierre metálico clásico. ¡Estaba to' guapo!",

Otro de los lugares por los que pasaron y les dejó huella fue la bodega La Sánchez en la calle Gutierre de Cetina 71 (Ascao), un local en el que el grupo se juntaba con amigos para beber, planear conciertos y, principalmente, hacer rimaderos en círculos. Con el paso de los años, la bodega cerró y pasó a ser la floristería La flor de Ascao.

El primer concierto de CPV llegó ese mismo año, en 1993, en la sala Aire, situada en la calle Cea Bermúdez 8, espacio que ocupa hoy una oficina bancaria. "Era una zona dura. Ahí nos fundíamos con los nazis, aunque algunos días solo correr detrás de ellos". Para atraer a gente CPV rodó un vídeo con los escasos medios que tenían y que se proyectaba semana a semana en la sala. "Grabamos un vídeo promocional cutre con música de Jesucristo Superstar, donde llevábamos a un colega de Valencia muerto en un carro por el mercado con velas y calaveras. Nos daban ataques de risa mientras lo hicimos", confiesa El Meswy.

Casi 16 años después el parecido con los inicios es escaso. "En 2009 dimos un concierto en el auditorio [municipal Parque Juan Carlos I] de Pinto en pleno agosto, cuando no hay nadie en Madrid, y aún así se petó", afirma el rapero.

La excepción, asados en el polideportivo de Pan Bendito.

Con espíritu de barrio, La excepción, el grupo encabezado por Juan Manuel Montilla, El Langui (Madrid, 1979), y Antonio Moreno, Gitano Antón (Barcelona, 1978), comenzó sus andaduras en el polideportivo de Pan Bendito, al sur de Madrid capital. "Aquí nos pasábamos el día: veíamos el fútbol, baloncesto, hacíamos nuestras papas asadas, escuchábamos rap y hasta cazábamos ratas. No salíamos del barrio, éramos unos jediondos", explica El Langui.

Su primera oportunidad llegó en 1998 en un concierto en la sala El grito de Fuenlabrada -ubicada en la plaza del huerto del cura-, que terminó con un sabor agridulce. "Cuando íbamos a subir a tocar, Locus [Duo kíe] dijo: 'Todos a vuestra casa. Esto se ha acabado'. Había venido nuestra peñita desde el barrio y negociamos con la sala para que nos dejara tocar. Al final aceptaron sacar dos platos", recuerda.

Meses después, se presentó un segundo concierto que, esta vez no desaprovecharon en la sala Savat, un local en los exteriores de la cubierta de Leganés. "Era un miércoles por la noche pero a la gente le llamó la atención ver un grupo de Pan Bendito en el cártel. Vinieron el mítico señor rojo y y la gente del fanzine Serie B, que nos dijeron de hacer una entrevista. Les dijimos: 'Vale pero venios al barrio que os hacemos un asado", dice El Langui, "así tratábamos a todos los que venían".

Radio Taraská en la vía Lusitana de Pan Bendito.
Radio Taraská en la vía Lusitana de Pan Bendito.

El grupo no paró de moverse por Madrid y de participar en sesiones de micro abierto, menos habitual hoy en día. "Éramos unos chicos muy formales y calladitos y siempre se nos colaban. Cuando íbamos a cantar uan vez en la Caracol dijeron que se había acabado", rememora. "Yo era muy chuletero y con  lo que me había costado subir las escaleras no me corté y grité: 'Dj, ponte una base, ¿no?'. Arranqué con mi típico 'buenas noches, ¿qué tal familia? y esto sorprendió a la gente,  acostumbrados a '¿qué pasa cabrones?", añade el de Pan Bendito.

Casi una década después el grupo despegó con el proyecto radiofónico Radio Taraská -en la vía Lusitana 130 posterior- que aún existe. "Era una antigua pescadería y viene gente de todos lados para hacerse una foto o una visita. Recuerdo a un tío que vino desde Bilbao solo para verme porque se había muerto un amigo suyo y dijo que mi libro le había ayudado mucho".

El Chojin, la memoria de Torrejón de Ardoz

Domingo Antonio Edjang Moreno, hijo de un ecuatoguineano y una extremeña, es, en realidad más conocido como el Chojin (Madrid, 1977). Su comienzos se remontan a su Torrejón de Ardoz natal en el que su primer acercamiento al rap le vino de un local llamado Stones que, subraya con énfasis, ha sido clave para quienes escuchaban rap. "Yo he crecido ahí, era mi casa. Igual que San Mamés es la catedral del fútbol, este local era la meca del hip hop", argumenta. Lo especial de esta discoteca consistía en que se convertía semana a semana en el punto de encuentro de los estadounidenses de la base militar norteamericana de Torrejón de Ardoz. "Aquí sonaba rap justo cuando fue el boom. Cada vez que paso ahora por ahí se me cae el alma a los pies porque ahora es un almacén de maderas", se lamenta el rapero.

Pero la vida en torno al hip hop tiene un gran componente de calle que Chojin encontró en el denominado parque la fuente de los colores junto a la calle los curas. "Rapeábamos, escuchábamos música...Nos tirábamos ahí la vida. Y sino, a casa a escribir. Claro, mi madre flipaba, un chaval encerrado en ese plan". Así pasaban los días y el rapero se preparó la primera actuación que tuvo lugar en la discoteca light Big Bang, en la parte baja de un hostal de la calle de la estación. "Lo pasé un poco mal porque se imitaba la pose en Estados Unidos con los brazos cruzados y la mirada clavada. Pero poco a poco vi que asentían con la cabeza y movían el pie al ritmo", sonríe con alivio.

Uno de los lugares claves en la carrera de Chojin está relacionado con la plaza mayor de Torrejón de Ardoz, cerca de donde grabó una maqueta en casa de su amigo Antonio. "Lo grabé para mi y mis colegas con mucha ilusión pero nunca pensé que saldría de ahí, como mucho, para impresionar a alguna chica", comenta mientras rompe a reír. De vuelta en la plaza, el rapero recuerda un concierto dentro de un concurso que, en 1991, logró reunir a mucha gente que le aplaudió a rabiar. "Me sorprendió. Me pidieron otra y yo la verdad que no quería bajarme de ahí. Gané el primer premio que fueron 25.000 pesetas (150 euros) que invertí sabiamente en unas Nike", ríe.

Cartel de Cultura urbana 2007 con Toteking, Chojin y Ja rule, entre otros.
Cartel de Cultura urbana 2007 con Toteking, Chojin y Ja rule, entre otros.

El antes y el después lo marco la grabación de Mi turno con Phono music en Ciudalcampo, una urbanización de alto nivel económico a 35 kilómetros al norte de Madrid capital. "Había un sofa, un técnico que sabía de lo que hablaba y una mesa que costaba 12 millones de pesetas (72.121 euros). Me pagaron un mes de estudio, antes las cosas se hacían de otra forma. Yo flipé", se sorprende aún Chojin.

Gracias a discos como este, Chojin pudo participar en festivales tan emblemáticos en la escena dcomo Cultura urbana en el año 2007 junto a gente como Tote, SFDK y Ja rule. "Debía de haber como 35.000 personas. Me sentí como un triunfador porque a Ja Rule le abuchearon pero a mi no", recuerda orgulloso.

Y si queremos más Chojin, no tenemos más que esperar hasta mayo cuando se publique su nuevo disco I.R.A. (Instinto Razón Autobiografía), que le llevará a ampliar aún más su mapa.

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