Las heridas del mar

Tomás Ondarra expone medio centenar de pinturas inspiradas por la espuma de las olas - Las obras fueron creadas a partir de fotos

Tomás Ondarra (Bilbao, 1963) quería pintar marinas y empezó a plasmar paisajes en los que se veía el cielo, la playa y el agua. No encontró lo que buscaba hasta que renunció a la línea del horizonte y a las referencias al paisaje y se concentró en los dibujos que forma la espuma al romper las olas en la orilla. Medio centenar de pinturas que reflejan su particular colección de marinas conforman la exposición La mar de mares, que ayer se inauguró en el Aula de Cultura de la BBK (Elcano, 20. Bilbao. Hasta el 9 de enero).

Las pinturas que ahora presenta Ondarra, periodista e ilustrador, redactor-jefe de Infografía de EL PAÍS, comenzaron a gestarse hace más de 10 años. El título de la exposición habla de mares, en plural, porque fueron muchos los puntos geográficos en los que el pintor miró el espectáculo que le ofrecían las olas al acercarse a la costa. Desde los mares cercanos a Bilbao a las playas de Punta del Este, en Uruguay, una y otra vez fotografió la espuma que dejan las olas al romper.

"Impresiones digitales, óleo o acrílico, da igual; la base es el dibujo"
"Desde el mar el color es cambiante, es un juego de transparencias"

La espuma, escribe Ondarra en el catálogo de la exposición, "siempre blanca", "colorea el fondo" y "es una herida en un mar que no está herido". "La espuma desintegrada marca rutas en las cartas naúticas de la memoria", añade. Las pinturas, explica, "intentan representar mi sentimiento por el mar, por la mar, por la mar de mares".

Las fotografías captaron las formas caprichosas de la espuma. A partir de ahí empezó el trabajo del dibujante para trasladarlas a los lienzos. En el camino Ondarra ha utilizado las impresiones digitales, pero también, con toda la ortodoxia de la pintura tradicional, los pinceles y el óleo, para pintar encima de las imágenes creadas o sobre el lienzo desnudo. "Son mitad manuales, mitad digitales; mitad acrílicos, mitad óleos", añade. "El trabajo puede mezclar las impresiones digitales, el óleo o el acrílico, da igual; la base de todas las obras es el dibujo, que luego se acaba con una máquina o con pinceles".

La espuma blanca se muestra en las pinturas sobre una amplia gama de colores.

Aparecen los azules y los verdes, pero también el rojo, el naranja y el gris. "Desde el mar el color es cambiante, es un juego de transparencias".

Ondarra expuso hace tres años una colección de 37 láminas que fueron el testimonio de la añoranza por las cosas que dejó atrás cuando la vida profesional le llevó lejos de Bilbao. En De Bilbao, de toda la vida se veían los pasteles de arroz, el estadio de San Mamés y los vasos para el txiquiteo, con el culo tan grueso que pesan 600 gramos. Su autor avisa que las pinturas del mar no le han hecho renunciar ni a la infografía ni a las ilustraciones. La segunda parte de De Bilbao, de toda la vida está en marcha, ampliando los límites a toda Vizcaya.

Tomás Ondarra, junto a una de las obras de la exposición La mar de mares
Tomás Ondarra, junto a una de las obras de la exposición La mar de maresLUIS ALBERTO GARCÍA

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