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Por Equipo de Comunicación
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Eusebio Pérez: “La Iglesia debe denunciar los abusos y evitar el corporativismo”

El sacerdote vasco, suscriptor de EL PAÍS y antiguo miembro del colectivo Gesto por la paz, lamenta que “para obtener votos” Ayuso asegurase en campaña que ETA sigue viva

Eusebio Pérez, el pasado lunes, en la residencia para religiosos en la que vive en Bilbao.
Eusebio Pérez, el pasado lunes, en la residencia para religiosos en la que vive en Bilbao.Javier Hernández
Natalia Junquera

Eusebio Pérez, de 56 años, es sacerdote, licenciado en Derecho y Teología, profesor en la Universidad de Deusto, y uno de los 300.000 suscriptores de EL PAÍS. Recuerda leerlo “desde muy joven”. “Me gusta mucho la sección de internacional. Es el periódico que ofrece una información más exhaustiva. También leo bastantes artículos de opinión, de ciencia, de literatura en Babelia... picoteo”. Durante la semana consulta la edición digital y los sábados y domingos, la impresa. “Me gusta más esa lectura pausada”. Nos recibe en la residencia de religiosos en la que vive en Bilbao.

Pregunta. ¿Y su opinión suele coincidir con la de los opinadores del periódico? ¿Le han hecho cambiar de idea alguna vez?

Respuesta. Lo bueno de EL PAÍS es que ofrece opiniones muy diversas. Puedes leer desde Vargas Llosa, al que a uno le puede interesar mucho su calidad literaria y luego disentir en sus opiniones, hasta Soledad Gallego Díaz, que a mí me encanta. En ocasiones uno no va con una opinión formada, simplemente quiere descubrir un análisis profundo o una perspectiva sobre algo. Me resultan muy sugerentes determinadas lecturas del periódico, me ayudan a tener opinión o a contrastarla con la mía. Por ejemplo, ahora estaba leyendo un artículo sobre un tema apasionante, la inteligencia artificial, que es algo que me afecta como docente porque me encuentro ante el desafío de cómo examinar a un alumno que tiene acceso a ella.

P. Claro, es como el antiguo “rincón del vago”, pero mucho más sofisticado, ¿no?

R. Ciertamente. Y todo esto al final te hace pensar en qué es inteligencia. Es una reflexión sobre el ser humano y qué lo hace distinto. Es apasionante.

P. ¿Qué perfil tienen sus alumnos?

R. Yo en teología doy sobre todo asignaturas de historia de la iglesia. Tengo un perfil variado de alumnos, algunos son del ámbito eclesial, es decir, seminaristas o profesores de religión, pero luego también doy clases en distintas facultades sobre la influencia la Biblia en la cultura, en el cine, en la música...

P. Algo que no le guste o que eche de menos en el periódico.

R. Bueno, una de las razones por las que también estoy suscrito a un periódico local es porque me gustaría que EL PAÍS tuviese un mayor acercamiento a las cuestiones locales o autonómicas.

P. ¿Recuerda alguna cobertura o columna que le haya gustado especialmente?

R. He leído con gran interés la serie que se hizo sobre la guerra de Ucrania con un seguimiento diario, pegado al terreno. Y viví con especial intensidad la cobertura de la pandemia. Salir por la mañana a comprar el periódico era prácticamente el único momento de libertad. Ahí se demostró el valor de la prensa para informar, para reflexionar. Y era muy interesante leer a científicos, epidemiólogos... porque necesitábamos un contraste serio ante tanta especulación.

P. Y en su vida personal, ¿cuál ha sido la noticia más importante, su gran titular?

R. Cuando decidí ser sacerdote. Yo estudié Derecho, era profesor en Deusto, pero siempre había trabajado mucho en el ámbito de pastoral con jóvenes, grupos de confirmación, campamentos... y veía esa tensión entre la dimensión académica, que me gustaba, y la eclesial. Llegado un momento, tuve que ver qué era lo que más me atraía y finalmente opté por lo pastoral. Todos mis compañeros de la universidad me decían que iba a volver y lo hice, pero a la facultad de Teología.

Eusebio Pérez, el pasado lunes, en Bilbao.
Eusebio Pérez, el pasado lunes, en Bilbao. Javier Hernández

P. ¿Cuántos años tenía entonces?

R. Tenía 30 años. Fue una vocación que se dice tardía, pero ahora normalmente ese tipo de decisiones, tanto el sacerdocio como el matrimonio, se toman a esa edad.

P. ¿Alguien en su familia había seguido el mismo camino?

R. No. Había gente religiosa, como mi madre, y no tan religiosa, como mi padre... Era una familia normal.

P. ¿Y cómo se lo tomaron? ¿Qué le dijeron?

R. Bueno, hubo una perplejidad inicial. Yo ya tenía un modo de vida consolidado y dejarlo todo les llamó la atención. Luego mi madre reaccionó con ilusión y mi padre asumió mi decisión.

P. ¿Qué le parece la información que se da en el periódico sobre religión?

R. Ah, ese es un tema delicado. Yo soy lector de EL PAÍS desde hace años y confieso que a veces no sé si el tratamiento de lo religioso es el más adecuado. Coincido mucho con los planteamientos del periódico, pero a veces creo que hay una cierta tendencia a pensar en progresista y anticlerical como si fueran sinónimos, y a mí eso me parece un planteamiento decimonónico, una fase superada.

P. EL PAÍS ha investigado a fondo los abusos sexuales en la Iglesia. ¿Le sorprendió la magnitud, la cantidad de casos? ¿Cree que la Iglesia ha reaccionado bien?

R. La primera reacción es de tristeza porque es algo muy doloroso. Creo que la Iglesia, tras una fuerte perplejidad inicial, porque nos cuesta asumir esa realidad, que esas brutalidades se puedan cometer, está reaccionando. En Alemania, en EEUU... esto surgió antes y la sensibilidad sobre el tema también. Aquí nos cuesta asumir que se cometa eso, es muy duro. Pero la Iglesia tiene que hacer frente a esa situación y la sociedad en otros ámbitos también, tomar todas las precauciones y tener sobre todo presente a las víctimas.

P. En el caso de la Iglesia, ¿cuál cree que sería la mejor forma de afrontar los abusos y evitar que se produzcan?

R. Por lo pronto, hacer frente a la realidad, reconocer estos casos y ayudar a las víctimas en la medida de lo posible. Y en segundo lugar, tomar las máximas cautelas posibles para evitar que se vuelva a producir. Esto hay que denunciarlo y evitar planteamientos corporativistas o de gremio que no llevan a nada.

P. ¿Qué opina de estos grupos que saltan ahora a las páginas de política como Hazte Oír, El Yunque... o la intervención de la telepredicadora Yadira Maestre en un acto del PP?

R. El mundo religioso es muy plural y diverso. Ese grupo es muy, muy conservador, con planteamientos muy peligrosos. En cuanto a la telepredicadora, choca porque tiene un talante muy populista y sin gran recorrido o formación. Estos movimientos existen, pero creo que no se puede identificar catolicismo, protestantismo con uno u otro, no dejan de ser una pequeña corriente.

La identificación de la fe con una determinada ideología política es peligrosísima

P. ¿Y le sorprende la relación de estos grupos con la política? Hazte oír, por ejemplo, funciona como un lobby de presión.

R. No me sorprende en absoluto. Las corrientes evangélicas radicales están muy identificadas con determinados planteamientos ideológicos. Pero creo que la Iglesia no puede ni debe identificarse con una corriente ideológica concreta. En el Evangelio caben distintas opciones ideológicas.

P. Una cosa son los votantes y otra los feligreses.

R. El creyente puede tener distintas opciones ideológicas. Además, el Concilio Vaticano segundo está así planteado. La identificación de la de la fe con una determinada ideología es peligrosísima y además, ataca nuestra labor.

P. En el pasado hay ejemplos de esto.

R. Sí, el nacionalcatolicismo, por ejemplo, es una expresión de lo que nunca deberíamos volver a repetir.

P. Se ha criticado mucho al Papa actual, al que algunos tachan de comunista, por sus críticas al capitalismo.

R. Creo que eso es fruto de la ignorancia, porque el papa Francisco no está diciendo nada nuevo, es la moral de la Iglesia. Juan Pablo II también alertaba del sistema capitalista: él vio el riesgo del marxismo en sus claves de autoritarismo y el riesgo del capitalismo en cuanto al radical individualismo que diluye las estructuras de solidaridad. Escuece en determinados ámbitos que el Papa cuestione el capitalismo o los planteamientos que hace desde la ecología, acercándose a la naturaleza desde claves económicas.

P. ¿Ha seguido la campaña electoral de las autonómicas y municipales?

R. Confieso que ha sido tan virulenta y tan tensa que me apartaba. No había propiamente debates, eran descalificaciones...

Me resulta escandaloso que se recurra a ETA para obtener votos

P. ¿Por qué cree que la política ha llegado a eso?

R. Creo que ese tono violento es un recurso de movilización del electorado. Está la tentación de movilizarlo mediante discursos que demonizan al otro y le acusan de barbaridades, pero a la larga eso es agotador y el electorado de todas las corrientes ideológicas puede acabar distanciándose.

P. Isabel Díaz Ayuso dijo durante la campaña que ETA seguía viva. ¿Qué pensó cuando lo oyó?

R. Como vasco, confieso que me preocupó porque se estaba utilizando algo que no debía utilizarse nunca. En una contienda política recurrir a este tema para obtener votos me resultaba profundamente escandaloso. Es un tema que ha generado muchas heridas aquí. Ha habido muchas víctimas de esa violencia y no se puede equiparar la situación actual con la de entonces: vidas sesgadas, la libertad de expresión coartada...

P. ¿Ha estado en contacto con víctimas del terrorismo?

R. En mis tiempos jóvenes estaba en Gesto Por la paz y también desde el ámbito eclesial ha habido acercamientos a víctimas concretas. Para mí, Gesto por la paz es un movimiento que debería tener mayor reconocimiento social. No obedecía a planteamientos políticos, sino éticos, de defensa de la vida y los derechos humanos frente a cualquier agresión. Supo aglutinar a gente de distintas trayectorias políticas y creo que actuó de un modo honesto. Para mí, fue un proceso de crecimiento fuerte estar en ese movimiento, en esas concentraciones en silencio.

P. Consuelo Ordóñez asegura que ese grupo de gente la salvó del odio tras el asesinato de su hermano. Y contaba que en las concentraciones les tiraban piedras y gritaban cosas como “ETA, mátalos”.

R. Sí, hubo experiencias duras, pero siempre era mucho más duro lo que sufría la víctima. En esta sociedad hubo un ambiente en el que te insultaban por expresar tu oposición a la violencia. Afortunadamente,lo considero una etapa pasada porque aquel movimiento y otros lograron sensibilizar a la sociedad de la importancia del respeto de la dignidad humana, que no podía ser una herramienta, parte de una estrategia política.

P. ¿Conoce a periodistas? ¿Qué piensa de nosotros?

R. No tengo mucho trato con periodistas. Supongo que no hay un único tipo de periodista. Percibo la necesidad de que el que trate un tema tenga algún conocimiento sobre el asunto, eso hay que cuidarlo. Y a veces me pregunto cómo se siente un periodista en un medio que tiene una línea de pensamiento diferente. También pienso que en este momento en el que están tan presentes los bulos, los periodistas son muy importantes, hay que contrastar todo y eso lo veo en EL PAÍS. Si ha sido importante siempre, ahora mucho más.

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Sobre la firma

Natalia Junquera
Reportera de la sección de España desde 2006. Además de reportajes, realiza entrevistas y comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter. Especialista en memoria histórica, ha escrito los libros 'Valientes' y 'Vidas Robadas', y la novela 'Recuérdame por qué te quiero'. También es coautora del libro 'Chapapote' sobre el hundimiento del Prestige.

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