Luis Fernando Aguirre, una vida entre pinceles y periódicos

El artista, fallecido el pasado año, confeccionó e ilustró las páginas de EL PAÍS durante casi tres décadas. Una exposición recuerda su figura

José Ramón y Oky Aguirre posan junta a un autorretrato de su padre, Luis Fernando, en Madrid.
José Ramón y Oky Aguirre posan junta a un autorretrato de su padre, Luis Fernando, en Madrid.JOSE RAMON AGUIRRE

Llegaba a la redacción de EL PAÍS después de comer, desde su otro trabajo, el de artista. Mariposeaba entre las mesas y, cuando había algún compañero nuevo, le decía: “Vente, tienes que conocer dónde trabajas”. Luis Fernando Aguirre, pintor por la mañana y confeccionador por la tarde, guiaba a los recién llegados al diario por sus complejos pasillos, les mostraba las rotativas, presentaba a los compañeros... “Era un tipo genial”, coinciden algunos de quienes coincidieron con él. Medía con el tipómetro las líneas de las informaciones, veía las fotografías, valoraba su importancia y confeccionaba la página. Y, cuando faltaba una ilustración, sacaba el lápiz. Entró en el mismo año de nacimiento del diario, 1976, y no se fue hasta que se jubiló, casi 30 años después. Agui, como le decían sus colegas y allegados, falleció el pasado año. Su pueblo natal, Villaviciosa (Asturias), ha inaugurado una exposición con una veintena de sus creaciones, algunas personales y otras, trabajos para EL PAÍS.

Aguirre se mudó con solo 11 años de Asturias a Madrid, ya huérfano de padre. En la ciudad empezó la carrera de Derecho, pero la abandonó. “Lo deja porque lo que le gustaba de verdad era pintar”, evidencia uno de sus hijos, Borja Aguirre, Oky, rodeado de la colección de su padre, que descansa en dos almacenes a las afueras de Madrid. Aguirre, autodidacta, logró una beca para viajar a Alemania y allí se empapó del expresionismo. Lo atrajo especialmente la escuela Die Brücke (El Puente, en español) que, a principios del siglo XX, apostó por la libertad creativa y el color, en contra de la rigidez impresionista.

Pero la obra de Aguirre se desarrolló por su propio camino. Más allá de esta premisa original, cargó su arte de crítica social, pero también de erotismo, calidez, urbanismo. Fue siempre fiel a su primer taller, que compartió con otros dos artistas y amigos, Luis de la Cámara y Alfredo Alcaín. En el año 64 llegó su primera exposición, en la Galería Quixote de Madrid.

Las dos décadas siguientes serían las de mayor explosión creativa de su carrera. Compartió salas de museos y galerías de toda España con Luis Gordillo o Eduardo Úrculo. Oky se recuerda a sí mismo y a sus hermanos ―José Ramón, Sara, Nadia y Mauro―, de pequeños, correteando por aquellos pasillos y haciéndole reclamos a su padre por el aburrimiento. Hoy, en cambio, agradece aquella inmersión cultural y lamenta que su padre no reciba el reconocimiento de sus compañeros de sala, a pesar de que su obra forma parte de los fondos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y de la Sala de Estampas de la Biblioteca Nacional, ambos en Madrid, o del Museo de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo.

El artista Luis Fernando Aguirre.
El artista Luis Fernando Aguirre.

Oky retiene “mil imágenes” de su padre con el pincel en la mano y la música clásica como inspiración. También como este se excusaba en ocasiones ante su mujer por perderse parte de la vida familiar a causa del trabajo. Entre su propia obra y la colección que fue adquiriendo de otros artistas la familia ha hecho un cálculo aproximado de entre 500 y 700 piezas. Óleos, acuarelas, obra gráfica...

Además de las creadas en el taller, están las que nacieron de su trabajo en EL PAÍS. Entró al periódico casi por casualidad. Había hecho algunas colaboraciones en prensa, como con Pueblo o Nuevo Diario, y allí coincidió con otro artista que también sería un clásico en las páginas del periódico: Onésimo Anciones. El acuarelista le preguntó si tenía algo de experiencia en confección. Aguirre mintió, dijo que sí y empezó a formar parte de la plantilla del diario.

En la foto, entre otros: José Antonio Martínez Soler (i), Economía; Carlos Gómez (3i), Economía; José Luis Martín Prieto (4i), Javier López, confección (detrás, 5i); Julio Alonso (delante de Javier López), Joaquín Prieto, nacional (a la izquierda de Julio Alonso); Félix Monteira, documentación (a la izquierda de Joaquín Prieto); Juan González Yuste (entre Prieto y Monteira), Luis Fernando Aguirre, confección (agachado, 1º izquierda); Ismael López Muñoz, nacional (agachado 1º derecha) y Luis Velasco, conserje (3d).
En la foto, entre otros: José Antonio Martínez Soler (i), Economía; Carlos Gómez (3i), Economía; José Luis Martín Prieto (4i), Javier López, confección (detrás, 5i); Julio Alonso (delante de Javier López), Joaquín Prieto, nacional (a la izquierda de Julio Alonso); Félix Monteira, documentación (a la izquierda de Joaquín Prieto); Juan González Yuste (entre Prieto y Monteira), Luis Fernando Aguirre, confección (agachado, 1º izquierda); Ismael López Muñoz, nacional (agachado 1º derecha) y Luis Velasco, conserje (3d).

Entre los trabajos de EL PAÍS hay bocetos de ilustraciones que después serían imágenes icónicas del diario. Él mismo relató cómo era su función en un catálogo publicado con motivo de una exposición retrospectiva en 2007: “Cuando no se podía acceder a los juicios con cámaras de fotos, los diarios enviaban a ilustradores para dibujar lo que allí ocurría, de esa forma tuve la oportunidad de informar de los juicios de Atocha, el del 23-F, y el del GAL”. Y así no solo ilustró hitos de la historia de España, sino relatos de plumas como las de Manuel Vicent, Guillermo Cabrera Infante o Rafael Sánchez Ferlosio y salvó al lector de ver siempre la misma fotografía de Ronald Reagan o el Papa de turno improvisando sus retratos.

La periodista Carmela García Amalric fue compañera de Aguirre en EL PAÍS. Recuerda que el confeccionador no se limitaba a pintar las páginas, sino que ayudaba al responsable de la sección con la que trabajaba habitualmente a ordenar la información y jerarquizarla: “Seleccionaba las fotografías, la información gráfica, y todo ello en un diálogo abierto entre profesionales; no hay que olvidar que EL PAÍS supuso una revolución en el diseño gráfico periodístico”. La cultura y el buen talante de Aguirre le dieron su lugar en la redacción.

Pero más allá de este papel, García Amalric recuerda su compañerismo y enumera ejemplos: “Participó en todas las manifestaciones que en aquellos difíciles años de la Transición tuvimos: asesinato de los abogados de Atocha, el atentado a EL PAÍS, el 23-F... Lo puedo decir porque fuimos juntos. Apoyó las reivindicaciones laborales de los compañeros, si mal no recuerdo hicimos dos huelgas convocadas por el comité de empresa”. Fue además el míster del equipo de fútbol sala del periódico y muchos lo recuerdan por los grandes belenes que montaba en Navidad.

Cuando Aguirre se jubiló se llevó grandes amigos, como Javier Sicilia, jefe de la sección de Infografía; Pello, Pedro Gómez Damborenea, redactor de Confección, luego de Economía y, más tarde, viceconsejero de Industria del Gobierno vasco, o Manuel González, confeccionador y expresidente del Comité de empresa. Siguió pintando, pero cada vez menos. En 2012 su mujer, Cecilia Alonso, falleció y Oky explica que su padre también murió un poco.

La pandemia cogió al artista en los últimos años de su vida. Falleció en noviembre de 2021. El periodista Juan Cruz recordaría en su obituario cómo “alzaba el lápiz, lo posaba sobre el blanco, callado, su bigote progresivamente más blanco, su mano diestra, y de pronto, en su cara se imponía el chispazo de su ironía”. Sus hijos han recogido el trabajo y la pasión de su vida y parte de ella se muestra hasta el 5 de junio en Asturias, pero esperan que la obra completa acabe donde merece: expuesto a la vista del público.

Sobre la firma

Andrea Nogueira Calvar

Redactora en EL PAÍS desde 2015. Escribe sobre temas de corporativo, cultura y sociedad. Ha trabajado para Faro de Vigo y la editorial Lonely Planet, entre otros. Es licenciada en Filología Hispánica y máster en Periodismo por la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS.

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