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La brújula sin norte del Centro de Vela

La entidad marítima lamenta que la inconcreción del Ayuntamiento sobre el futuro de sus instalaciones le impide realizar planes a medio y largo plazo

Dos embarcaciones se adentran en el mar desde el Centro de Vela. Ampliar foto
Dos embarcaciones se adentran en el mar desde el Centro de Vela.

En el Centro Municipal de Vela de Barcelona tienen muchas preguntas y pocas respuestas. Desconocen si en verano podrán acoger a los 400 niños por semana que participan en el campus anual, o si su edificio del Moll de Gregal estará patas arriba por obras. Tampoco saben si se les permitirá formar parte del futuro Centro de Deportes Náuticos que el Ayuntamiento pretende crear. La única certeza es que el equipo municipal pretende ampliar el centro. Pero no saben ni cómo ni cuándo. “No concretan qué quieren hacer con el centro, y la incertidumbre bloquea nuestras previsiones”, lamenta el presidente de la entidad, Francesc Fayol.

El Centro forma parte de la remodelación integral que el Consistorio pretende realizar en el Port Olímpic. Las concesiones de los locales nocturnos acaban el próximo mes de abril y el equipo municipal creará un gran espacio global dedicado al mar. La indefinición, sin embargo, se ha convertido en es un problema para el centro porque, según Fayol, no se pueden tomar decisiones a medio o largo plazo. “Desconocemos si dispondremos de los actuales espacios, o si tendremos más o menos”. Fayol y otros agentes del Port Olímpic se reunieron el pasado jueves con representantes municipales, pero los avances fueron escasos. “Nos informaron del nuevo modelo del Port, pero no concretaron mucho”, lamenta Fayol. El Ayuntamiento asegura a EL PAÍS que se esperan novedades, aunque no detalla cuándo.

Por el centro pasaron el año pasado más de 17.500 usuarios y unos 2.700 niños participaron en los campus de verano, según datos de la entidad. Las cifras han crecido un 19% desde 2016. El recinto, en cambio, es el mismo que en 1992, año de su inauguración. “En verano se acumula bastante gente”, explica Fernando, un usuario del centro desde hace poco más de un año. “Nos mezclamos adultos y niños. Hay muchos cursos, y los campus cogen las barcas y no hay disponibilidad. Así que, o coges otro tipo de barco, o vuelves otro día. Esto va así”. El resto del año, la convivencia es más sencilla. “La vela es muy estacional”, explica un exmonitor del centro. “En temporada baja no hay falta de espacio porque va mucha menos gente. Y no faltan embarcaciones por la menor actividad general”.

Las aspiraciones de expansión del centro no son nuevas. En 1998 la prensa barcelonesa ya recogía su demanda de crecimiento, cuando contaba con 9.000 usuarios. Entonces la Federación Catalana de Vela pretendía crear un gran complejo náutico de alto rendimiento en el Port Olímpic. Ahora las pretensiones son más modestas. El centro quiere mejorar el acceso al mar, ganar amarres y ampliar espacios logísticos para garantizar la convivencia de los usuarios. “Ahora solo tenemos dos vestuarios y dos aulas, además de los hangares”, muestra Fayol. También aspiran a gestionar el anunciado Centro de Deportes Náuticos que ocupará el Moll de Marina. “No podemos realizar grandes inversiones sin conocer qué pasará con nosotros”, prosigue el director del centro. “Hay riesgo de no poder cubrir estos gastos a corto plazo. Necesitamos seguridad jurídica para garantizar la calidad a los usuarios”.

Fernando reclama más inversiones: “A veces alguna embarcación está algo dejada. Tuvimos que volver a sustituir una embarcación, y la de repuesto también tenía problemas. Algunos monitores nos dicen que nos quejemos para que inviertan más en el mantenimiento”.

La vela, en crecimiento

La vela avanza con viento a favor en Barcelona. El año pasado se realizaron más de 1.000 cursos de formación en el centro, un 23% más que en 2016. “Se está rompiendo el estigma de que la vela es un deporte caro, pero aún existe la relación de ideas”, reflexiona Fernando. La reconversión del Port Olímpic parece un espaldarazo para abrir el mar a la actividad deportiva. “El Mediterráneo es el polideportivo más grande de todos. Aquí no hay paredes. Esto es infinito. Y el Ayuntamiento lo sabe”, celebra Fayol. “Lo que no sabemos es cómo quedará toda esta situación”.

 

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