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“La improvisación es un termómetro social y cultural”

El actor Jorge López está enganchado a la improvisación, “un universo que permite ser cualquier cosa”

Jorge López, actor de la compañia de teatro Improcafé, en La escalera de Jacob.
Jorge López, actor de la compañia de teatro Improcafé, en La escalera de Jacob.

A Jorge López (Zaragoza, 37 años) le picó el gusanillo de la interpretación cuando era un crio, “ya entonces me apuntaba a cualquier representación que se hiciera en el colegio, siempre en clave de comedia”. Pero no fue hasta que alcanzó la veintena cuando descubrió la improvisación, una disciplina teatral que rompe la cuarta pared y construye sus representaciones a partir de propuestas del público. “Es un universo que me permite ser cualquier cosa, desde un perro o una mitocondria hasta una planta o un planeta; en la forma, el espacio y la temporalidad que a mí me dé la gana”, dice López, miembro de Improcafé, una compañía que actúa todos los jueves en La Escalera de Jacob (Lavapiés, 9) y bajo contrataciones privadas. 

Suena interesante esto de la improvisación.

Ofrece posibilidades infinitas para un actor o una actriz y potencia mucho la creatividad, aunque hay cierto recelo a la hora de considerarla como una disciplina teatral. 

¿Por qué?

Empezó siendo una herramienta teatral que se utilizaba para desarrollar personajes y terminó siendo una disciplina, potenciada principalmente en Estados Unidos y Canadá. Con el tiempo, ha evolucionado hacia un formato propio, solo hay que ver la cantidad de espectáculos improvisados que hay en Madrid, pero todavía hay profesionales que no lo consideran teatro puro. Los que nos dedicamos a esto de la improvisación reivindicamos nuestra faceta actoral y los múltiples géneros que se dan en ella, no todo es en tono de comedia, también hay improvisación dramática. 

Pero lo suyo es la comedia.

Sí, a mí siempre me había gustado la comedia teatral, descubrir la impro me permitió adquirir ciertas herramientas para potenciar el humor. Empecé a notar que me divertía mucho más improvisando porque se añaden otras reglas. 

¿Qué tipo de reglas?

La principal es la aceptación, no negar nunca nada que el público proponga. Si niegas, te cargas la improvisación. Es precisamente eso lo que produce una descarga de adrenalina brutal y lo que a mí me tiene enganchado: sales al escenario desnudo sin saber en qué te vas a convertir, qué va a pasar o cómo vas a utilizar cada respuesta para crear el siguiente paso del espectáculo. 

¿Alguna vez se ha enfrentado a un público difícil?

Sí, hace poco. Vinieron a ver nuestro espectáculo de Improcafé un grupo de nueve amigos que habían estado de comida. Solo estaban ellos en la sala y encima venían borrachos. En esas situaciones te toca remar muchísimo para que el público se meta. 

Pero seguro que tiene recursos que sabe que siempre funcionan.

Con los años vas adquiriendo experiencia, claro, y te guardas alguna que otra cosa que sabes que te puede sacar de un apuro. Conocer tus puntos fuertes te ayuda a desenvolverte mejor. Hay actores que son buenos contando historias, otros creando personajes o generando lugares… Y por supuesto, trabajar en equipo te ayuda a salvar situaciones. A mí es lo que me encanta de la improvisación. 

¿Trabajar en equipo?

Sí, la mayoría de espectáculos de improvisación son de dos o varios actores, una forma (como digo yo) de destruir tu propio ego porque necesitas al compañero para que te rescate en el momento en el que te estás estrellando con tu improvisación.

Imagino que se necesita mucha complicidad para eso.

Los improvisadores siempre decimos que nosotros no ensayamos, sino que entrenamos, y lo hacemos precisamente para crear esa complicidad. No paramos de generar juegos que nos ayuden a conocernos y saber cómo improvisa el otro. Por supuesto, repetir sobre el escenario con los mismos compañeros también ayuda a conocerse. 

¿Vivimos tan estresados que nos cuesta reírnos?

Para nosotros, la impro es un termómetro social y cultural, y quizás sí que cuesta hacer reír más que antes. Por cómo acude la gente sabes en qué momento nos encontramos como sociedad. Eso añade mucha presión también porque tienes que tener mucho cuidado con qué ciertas bromas haces. 

¿Como cuáles?

Aunque tenemos público de todos los colores, es cierto que ahora llevamos dos meses en las que no sale la palabra “VOX” o “Abascal”. Al fin y al cabo, son palabras que propone el público y, visto lo visto, parece que ya no estamos de coña para el tema. Pero la gente, cuando ve que parodiamos la política, rápido se deja llevar y se descojona. 

Cafés de la risa

La compañía Improcafé nació hace dos años con la intención de crear un espectáculo original. “Todos hacíamos sustituciones en otras compañías de improvisación y nos dimos cuenta que teníamos la misma sintonía”, dice López. “Este espectáculo está ambientado en una especie de cafetería en la que ofrecemos cafés que en realidad son juegos”. El resto de “cafeteros” son Vero Andaluz, Nico Arranz Jovanovic, Teban Arroyo, Isa Aulló, Fran Cano, Noel León, Jota y Javi Palomino.

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