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CRÍTICA i

La amistad acosada

‘L’amic retrobat’, de Fred Uhlman, muestra en el TNC los peligros de los totalitarismos

Una escena de 'Amic retrobat', del TNC.
Una escena de 'Amic retrobat', del TNC.

Hace bien el Teatre Nacional de Catalunya (TNC, Sala Tallers) ofreciendo entre semana funciones matinales para escuelas (y el fin de semana por la tarde abiertas al público) de L´amic retrobat, adaptación teatral de la novela de Fred Uhlman Reencuentros, que retrata la amistad de dos muchachos truncada por el nazismo. El montaje, con dramaturgia de Josep Maria Miró y dirección de Joan Arqué, invita a la reflexión y el debate en las aulas sobre los totalitarismos y sus terribles efectos en el individuo. Y en tiempos de ascenso de la ultraderecha, su mensaje es más valioso que nunca.

Jordi Martínez, que da vida a Hans Schwarz adulto, comparte protagonismo con Quim Àvila (Hans joven) y Joan Amargós (su amigo Konradin von Hohenfels) en una producción del Teatro de la Aurora de Igualada que aprovecha con precisión la sencilla escenografía de Xesca Salvà -tres paneles móviles blancos, usados como bancos, paredes, incluso lápidas al final- para delimitar y cambiar con rítmo ágil los espacios en los que transcurre el emotivo relato.

L'amic retrobat

L´amic retrobat, de Fred Uhlman. Adaptación y dramaturgia: Josep Maria Miró. Dirección Joan Arqué. Jordi Martínez, Joan Amargós, Quim Àvila. TNC. Barcelona. Hasta el 22 de diciembre.

La obra nos cuenta la historia de una hermosa amistad entre dos soñadores jóvenes alemanes de 16 años que van a la escuela más elitista de Würtenberg: Hans es miembro de una familia judía que se siente profundamente alemana; Konradin pertenece a una distinguida familia aristocrática y, a pesar de sus ideales románticos, contempla el ascenso de Adolf Hitler, líder adorado por su madre, furibunda antisemita, como único salvador de una nueva y gran Alemania.

La adaptación de Miró concentra los episodios más emotivos, intensos y dramáticos de esa amistad, desde su jubiloso inicio hasta su abrupto final con la marcha de Hans a Estados Unidos. El montaje, revisa las claves emocionales de esa historia desde la lejanía temporal; es Hans adulto -el propio Uhlman, que escapó de la Alemania nazi en 1933, vivió hechos parecidos- quien revive los sueños rotos de su juventud al recibir una carta de su antigua escuela pidiendo solidaridad con las víctimas del nazismo.

La complicidad entre Jordi Martínez y el actor y director Joan Arqué, forjada en los memorables espectáculos de la compañía de payasos Rhum & Cia, se mantiene aquí en un registro dramático que el veterano actor domina con sólidos recursos: sus silencios y miradas son tan certeros como su paleta vocal, sin sobrecargas histriónicas.

Quim Àvila y Joan Amargós, compañeros en la Kompanya del Lliure, se mueven en una paleta emocional bien perfilada y controlada. La sensible dirección de Arqué, que muestra con energía física y juego coreográfico el ilusionante nacimiento de la amistad, va tamizando los lazos afectivos con el devenir de los acontecimientos que provocan la traumática ruptura. Se agradece la contención y se disfrutan escenas de tensión dramática bien resuelta, junto a otras en las que el relato pierde ritmo y se hace un poco pesante.

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