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“La casa ha volado. Da la vuelta y hagamos un plan”

Las conversaciones grabadas por los terroristas del 17-A muestran cómo se reorganizaron tras la explosión que mató al líder del grupo

Agentes de la Guardia Urbana tratan de localizar al autor del atropello de La Rambla, el 17 de agosto de 2017.
Agentes de la Guardia Urbana tratan de localizar al autor del atropello de La Rambla, el 17 de agosto de 2017.

La célula terrorista de Ripoll pretendía cometer un gran atentado, con bombas, el 20 de agosto de 2017. Tal vez en el Camp Nou, durante el partido entre el Barça y el Betis. Quizás en la Sagrada Familia. O durante la fiesta Churros con Chocolate de la sala Apolo. Un templo cristiano, un templo del fútbol y un templo del ocio gay. Los objetivos nunca estuvieron del todo definidos, pero sí la fecha. A las 23.18 del 16 de agosto, sin embargo, los planes saltaron por los aires. La explosión en la casa de Alcanar (Tarragona) acabó con la vida del cerebro de los ataques, el imán Abdelbaki Es Satty, y obligó a los chicos a improvisar. Así nació el 17-A.

Mohamed Hichamy, uno de los terroristas, grababa las conversaciones que mantenía con la célula mediante la app Call Recorder. Los Mossos han reconstruido así los diálogos de los jóvenes el día 17 de agosto, tras conocer el desastre de Alcanar, donde almacenaban los explosivos. El sumario que instruye la Audiencia Nacional muestra cómo, en pocas horas, planearon la alternativa.

A las 15.00, Hichamy está con Younes Abouyaaqoub. Reciben la llamada del hermano de este, El Houssaine, que está reunido con el resto de la célula. “Estoy con los chicos ahora. Vamos al río”, dice antes de explicarle el incidente de Alcanar, del que Hichamy no tiene noticia. “¿Tú? ¿Sabes que la casa ha volado?” “No, no lo sé”. “Pues que sepas que la casa ha volado. Da la vuelta y ven para que hagamos un plan”.

Younes apareció en La Rambla dos horas después de conocer la muerte del imán

Discuten. No está claro cuál debe ser el siguiente paso.

—Estamos lejos para llegar hasta allí, mirad de reuníos los cuatro y pensad qué hacer —dice Hichamy.

—¿Qué vamos a hacer? No sabemos qué hacer —replica El Houssaine.

—Bueno, coged los coches y moveos por la carretera y mirad lo que vais a hacer. Entrad en la AP-7 y si veis algo entrad yo qué sé, lo más importante es que os mováis.

La segunda llamada se produce a las 15.51. El Houssaine informa a Hichamy de que están saliendo de Ripoll. Hichamy les pide que “aceleren un poco” y le recojan en la AP-7, principal arteria viaria de Cataluña. Los Mossos aclaran que, poco antes, el terrorista ha sufrido un accidente en esa vía a la altura de Cambrils. Cuando el conductor del otro vehículo le dijo que iba a llamar a la policía, Hichamy saltó la valla y se fue por un camino.

El atentado “alternativo” copió a los de Niza, Berlín o Londres

La detallada cronología policial ayuda a poner en contexto lo ocurrido ese 17 de agosto. A mediodía, antes de las frenéticas llamadas, Younes e Hichamy acuden con una furgoneta a Parets del Vallès para alquilar otro vehículo para cuatro días. Seguían el plan inicial: emplear las furgonetas “para meter el explosivo TATP [conocido como madre de Satán] junto a bombonas de butano para acrecentar la intensidad de la deflagración”, recoge un informe.

Cada uno al volante de una furgoneta, circulan hacia el sur. “Su destino era el inmueble operativo de Alcanar”, dicen los Mossos. Aún no conocen las trágicas noticias sobre la muerte de su mentor. Antes de las 14.00 franquean el peaje de Martorell. Entre la primera y la segunda llamada grabadas con Call Recorder, Younes e Hichamy se separan: el primero circula ya hacia Barcelona —se convertirá en el autor del atropello de La Rambla, que acabó con la vida de 14 personas— y el segundo, hacia Cambrils. Desde allí recibe la segunda llamada en la que pide que le recojan.

Reunidos en Cambrils, Hichamy y otros cuatro terroristas —su hermano Omar, El Houssaine Abouyaaqoub, Said Aalla y Moussa Oukabir— circulan en un Audi A3. En paralelo, a las 16.50 Younes irrumpe en La Rambla. Horas más tarde, los cinco del Audi A3 son grabados en una gasolinera. Ya conocen la matanza. Y deciden seguir adelante según las directrices del Estado Islámico, que conmina a los suyos a tener listo “un ataque alternativo”.

Sobre las 22.00, compran cuchillos, un hacha y artículos para fabricar chalecos explosivos falsos en un bazar chino. Van a una masía desierta en Riudecanyes y queman su documentación personal en un ritual conocido como “camino sin retorno”. A la 1.00 irrumpen con el Audi A3 en el paseo marítimo de Cambrils, atropellan mortalmente a una mujer y son finalmente abatidos por los Mossos. Llevan un pañuelo rojo al cuello, como los atacantes de la sala Bataclan de París, en homenaje a Abu Dujana, coetáneo de Mahoma y conocido como “el guerrero de pañuelo rojo”. Los han hecho en la masía con jirones de una camiseta Tommy Hilfiger.

Dicen los Mossos que la geografía del 17-A es “aleatoria”, pero no así la operativa. El ataque de Barcelona “fue un calco de los sucedidos en Niza o Berlín”, mientras que el de Cambrils “imitó en su integridad” el que padeció, apenas dos meses antes, Londres.

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