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El MNAC ‘bajará’ de Montjuïc en 2021

El museo espera ubicar antes de dos años sus salas temporales en los 15.000 metros cuadrados del pabellón de Victoria Eugenia, que prevé ocupar y gestionar en su totalidad en 2029

Imagen aérea de Montjuïc, con la idea que baraja el propio MNAC sobre su ampliación, en trazo rojo.
Imagen aérea de Montjuïc, con la idea que baraja el propio MNAC sobre su ampliación, en trazo rojo.

La cultura no debería someterse a las reglas del aquí-ahora-ya de estos tiempos hipermodernos, ni a las del interesado cortoplacismo político. Así lo entiende el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), que ya tiene su Estrategia y plan de acción 2019-2022, pero con miras, proyectos y objetivos hasta 2029, cuando se cumpla el centenario de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 que dio vida a su sede, el Palacio Nacional, en Montjuïc. De acuerdo con ese documento, el MNAC pondría la primera pica de su ampliación en el deseado pabellón de Victoria Eugenia en 2021 con la apertura de unas salas de exposición temporal, para paulatinamente pasar a ocupar (y gestionar) los 15.000 metros cuadrados para cuando la efeméride, según avanzó ayer el director del museo, Pepe Serra.

El vaivén de la ampliación del MNAC y su vinculación con ese pabellón en desuso por parte de Fira de Barcelona es paradigmático de los tiempos. No hace ni dos años, el 30 de julio de 2017, el entonces teniente de alcalde del Ayuntamiento y concejal responsable del Instituto de Cultura de Barcelona (Icub), Jaume Collboni, anunciaba una inversión municipal de 2,5 millones de euros para remodelar el espacio, la mitad del cual se mantendría para usos del recinto ferial y la otra mitad para convertirse en sede de exposiciones temporales “para todos los museos de la ciudad y, de manera prioritaria, para el MNAC”, según afirmó Collboni. Era un espacio que iba a gestionar el propio Icub para acoger exposiciones blockbuster ante la falta de grandes espacios para estos eventos en la ciudad. “La inversión se ha hecho, y la adecuación es aceptable para exponer coches, pero no es útil para el MNAC”, admiten desde el museo, que nunca vieron bien un proyecto que no iban a pilotar y que tampoco les iba a permitir alojar de manera estable sus salas temporales, ni la biblioteca, el archivo y la colección de fotografía, como tampoco desplegar el arte de los años cincuenta a los setenta. “La gestión del espacio es muy difícil si es compartido”, admiten hoy desde un centro que sólo puede exponer un 20% de sus 180.000 piezas (sin contar las 155.000 de su gabinete numismático) y que apenas cuenta con 2.300 metros cuadrados para muestras temporales.

Nonell, Gaudí... y volver al 2008

El plan del MNAC hasta 2022 (y sus secuelas con miras a 2029) contiene 150 proyectos y acciones, fruto de un año de trabajo y de consultar planes estratégicos de, entre otros, hermanos mayores como El Prado, el MoMA, el Louvre o el Victoria & Albert Museum, pero también de un plan anterior del propio MNAC de 2013 a 2018 y que permitió doblar, por ejemplo, los visitantes, hasta los casi 900.000 actuales. De entre todos los nuevos objetivos, sobresalen ahora la configuración de una colección nacional de posguerra y segunda vanguardia, que extienda y refuerce los fondos del museo hasta los años setenta del siglo XX, así como el incremento y el despliegue en salas de la colección de fotografía. Castigado por el “sabotaje cariñoso”, como lo define Pepe Serra, del acceso a Montjuïc, admite su director que el MNAC “sigue sin ser demasiado conocido”, lo que se traduce en que “más de la mitad de sus visitantes son extranjeros, son pocos los catalanes y no tenemos público del resto del Estado, apenas un 3%, menos que franceses o estadounidenses”. Por ello se quiere potenciar el museo “como destino turístico, así como su proyección internacional”.

Las renovaciones de los ámbitos del gótico y el románico, exposiciones temporales como Nonell entre Goya y Picasso (2020) o sendas dedicadas a Gaudí y Remedios Varo (2021) forman parte de un programa tan ambicioso que se plantea, incluso, retocar la gobernanza de la entidad y su naturaleza jurídica, incorporando hasta artistas en los órganos de gobierno: “Los creadores son los mejores socios de esta institución; se trata de evitar que este museo se convierta en un dinosaurio”, defiende Serra, cuyo mandato expira, de manera improrrogable, en 2022, si bien podría presentarse al siguiente concurso público. También se aspira durante este largo periodo a superar los 20 millones de euros de presupuesto (el de este año es de 15,5 millones de euros). En realidad, seria igualar el que manejaba… en 2008.

Desde entonces, además, el patronato del MNAC, formado por el propio Consistorio, la Generalitat y el Estado, aprobó el pasado abril, por unanimidad, la ampliación del centro en el pabellón de Victoria Eugenia y que el museo gestione y ocupe el cien por cien del espacio. En paralelo, Fira de Barcelona prefiere ahora aparcar ese medio pabellón que le quedaría del Victoria Eugenia y centrarse, en cambio, en una ambiciosa remodelación que afectaría a todo el ala oeste del recinto ferial de la avenida María Cristina. Esa rehabilitación implicaría, entre otros proyectos, la reforma del pabellón casi gemelo de enfrente al de Victoria Eugenia, el de Alfonso XIII, que plantea elevados costes por tener el techo de uralita. También comportará, presumiblemente, la desaparición del Pabellón Italiano, de construcción moderna, lo que despejaría la plazoleta hoy llamada de Puig i Cadafalch.

“La ampliación es una herramienta, no un fin en sí misma”, puntualiza Serra, que admite que su objetivo es que “cuando uno llegue donde están las columnas de Puig i Cadafalch ya esté en el MNAC; hay que lograr una unidad de conjunto hoy fracturado de manera absurda; estar ahí nos permitirá acercar el museo a la ciudad y conectarlo con el metro”. En su hoja de ruta, que hoy parece imparable, el director del MNAC se ha fijado presentar este mismo otoño a las instituciones públicas una propuesta tanto física como de financiación, “con implicación de dinero privado”, aspecto del que no desvinculó a CaixaBank, cuyo CaixaForum es vecino del MNAC. “A principios de 2020” ya tendría un calendario de actuación para un espacio que sería utilizado “para exposiciones temporales y el despliegue de la colección de arte moderno”, junto a “un ámbito fijo” para la fotografía.

Así, para 2021, en una primera fase, ya podrían celebrarse exposiciones temporales, que Serra no descarta que puedan ser en coproducción con otros centros. En 2029, el MNAC ya ocuparía la totalidad de un recinto que se querría más o menos conectado con el Palau Nacional. El director cree que el pabellón de Victoria Eugenia satisface, con sus cerca de 15.000 metros cuadrados, las necesidades de ampliación del MNAC, máxime cuando la altura del recinto es de unos 15 metros, lo que seguramente permitirá hacer una segunda planta. Ello facilita el descarte de petición del espacio de Alfonso XIII.

Serra declinó ayer dar una cifra para este proyecto --“es peligroso; hay que calcularlo bien”, zanjó—, pero sí cifró en unos 800.000 euros la elaboración del proyecto básico, que se sufragaría con los 3,6 millones de euros que la Generalitat se comprometió a aportar hasta 2021 para el proyecto ejecutivo de una ampliación que enmarcó en una serie de mejoras inaplazables de todo el entorno de Montjuïc. “Debería haber un ajardinamiento más racional y que no permitiera zonas donde ocultarse; falta un gran parking público, un autobús que conecte por dentro todos los equipamientos culturales de la montaña y una señalética acorde”, desgranó, para concluir: “¿Montjuïc es ciudad de Barcelona o no? En los últimos años he hablado con tres responsables municipales de cultura, y otros tantos o más ministros y consejeros de la Generalitat, y ha sido un Dragon Khan; vale, empezaremos por la cocina, pero toda la casa ha de estar planificada porque luego no podemos pararla; es necesario trabajar a cuatro o cinco años vista y necesitamos que las administraciones también lo hagan”, fijó Serra. Porque estaba hablando de cultura.

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