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OPINIÓN i

Volar alto, volar raso

En tres días vimos cómo se resuelven las negociaciones en el nivel más alto del edificio comunitario. Al revés que aquí

Ursula von der Leyen, el pasado 3 de julio al Parlamento  de Estrasburgo.
Ursula von der Leyen, el pasado 3 de julio al Parlamento de Estrasburgo. AP Photo

La política a veces es aburrida, por saturación de los discursos de unos y otros, por falta de algo inherente a ella, la incertidumbre. Pero a veces la actualidad se desarrolla en planos paralelos, podemos identificar momentos de vuelo alto y aceleración de los tiempos, y otros momentos paralelos de vuelo raso, con ritmos tan previsibles y lentos como para aburrir a un mejillón.

Ejemplo de lo primero: en tres días vimos no hace mucho cómo se resuelven las negociaciones en el nivel más alto del edificio comunitario. En la reciente cumbre de la Unión Europea, en dos días y medio el problema que parecía insoluble se resolvió, eso sí, con sherpas (asesores de los líderes), mucho café y pocas horas de sueño. De hecho ahora sabemos que el famoso bloqueo al candidato Timmermans se debía al bloqueo interno del grupo conservador del Parlamento Europeo, el famoso “grupo de Visegrad” (Chequia, Eslovaquia, Polonia y Hungría), que de las prisas iniciales por entrar en la UE hace 15 años han devenido en los países más antieuropeos del Club. Por tanto, el mes de junio terminaba en una especie de callejón sin salida. En realidad no: se vuelven a sentar juntos los que cuentan (y eso ahora incluye a España) y en pocas horas lo acuerdan todo, porque la Sra. Merkel ordena elevar el vuelo, entendemos que manda a los de Visegrad a paseo, y al final tenemos un póker de ases: el liberal belga Michel a la presidencia del Consejo; la ministra de Defensa de Alemania, Von der Leyen, a la presidencia de la Comisión; Josep Borrell al cargo de Alto Representante de la Política Exterior de la Unión, y, ya puestos, incluso añaden a Christine Lagarde a la presidencia del Banco Central Europeo (cosa que se pensaba que tardaría mucho en resolverse, no era fácil substituir al Sr. Draghi). Por si fuera poco, paridad: dos hombres y dos mujeres. Y los envites no eran menores, al contrario, eran de tal envergadura que eso ha sido un incentivo para que políticos de vuelo alto y luces largas se tomasen en serio aquello de que los ciudadanos de la Unión no se merecían el espectáculo del bloqueo anterior. Por tanto, a envite importante, vuelo alto y luces largas.

Al revés que aquí (España y Cataluña): luces cortas y vuelo rasante. Hay de todo para elegir ejemplos. Tres elecciones generales (Congreso y Senado) en cuatro años; serán cuatro si no hay investidura. Líneas rojas para dar y vender y mucha hemeroteca para que varios políticos vean cómo han dicho una cosa y la contraria, y han hecho otra cosa y la contraria. Cómo más de 20 ayuntamientos catalanes se han constituido con pactos entre ERC y PSC (cosa que debería ser de lo más normal), cómo una hermana del Sr. Torra quita un cuadro (o foto) de su hermano para que no vea “una cosa així”, es decir, que los concejales electos debatan legítimamente diversas alianzas posibles. Esto último ya tuvo un toque de “política vudú”.

Hemos visto un Sr. Canadell decir impertinencias lingüísticas ignorando que en Cataluña hay dos lenguas cooficiales

Hemos visto un Sr. Canadell decir impertinencias lingüísticas ignorando que en Cataluña hay dos lenguas cooficiales, y que no es verdad que “un país, una llengua”. ¿Conoce el Sr. Canadell a alguien que hable belga, o suizo o canadiense? Y, sobre todo, el día de la inauguración del nuevo Europarlamento hemos visto varias faltas de sentido institucional: una, de considerables proporciones, bastantes eurodiputados antieuropeos, brexiters y otras variantes dando la espalda al himno oficial de la UE; y otra, muy marginal, un diputado del Sinn Féin y una diputada del mismo grupo interrumpiendo al presidente de la Cámara y mostrando una foto de Puigdemont.

<TB>Nos queda el vuelo más rasante de todos, dicho con todo el respeto hacia los pacientes 10.000 manifestantes que fueron a Estrasburgo a apoyar a Puigdemont. Confirmado por activa y por pasiva que Puigdemont y Comín no eran eurodiputados y no entrarían en el Parlamento de la UE, a pesar de la densa clase teórica que su abogado infligió una vez más a los periodistas presentes, añadiendo que los dos fugados estaban a pocos metros del Parlamento (después hemos sabido que estaban al otro lado de la frontera, en suelo alemán), el martes Puigdemont señaló que esa UE “no nos interesa”. Se necesitaría a otro Cervantes para poder narrar con talento estas hazañas de los Nuevos Don Quijote y Sancho. Tiembla, Unión.

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