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Crear comunidad entre vecinos

El proyecto Edificios Positivos ayuda a combatir la soledad y el individualismo dinamizando los vecindarios

Balcones adornados durante el Carnaval en uno de los inmuebles del proyecto Edificios positivos, en Vilanova y la Geltrú.
Balcones adornados durante el Carnaval en uno de los inmuebles del proyecto Edificios positivos, en Vilanova y la Geltrú.

Cuatro de las diez viviendas del edificio en el que vive Marta Venceslao tienen la llave de su casa. Esta profesora universitaria de 43 años vive en uno de los inmuebles en los que se ha fijado la cooperativa de iniciativa social Territori Socialment Responsable (TSR), para su proyecto Edificios positivos, que entre otros aspectos, pretende promover las relaciones entre los vecinos.

Para Venceslao, madre monoparental de dos hijos y con su familia en País Vasco, la estrecha relación con sus vecinos se vuelve fundamental. Sencillos gestos como regar las plantas durante las vacaciones, o la activación de un grupo de WhatsApp en el que informar de la recogida de paquetes, facilita la vida de esta comunidad del centro de Barcelona.

“Si somos un edificio particular es porque estamos revirtiendo las prácticas del capitalismo moderno que empujan hacia el individualismo y han deshilachado el tejido social”, comenta Venceslao. En su bloque también se puede encontrar un ascensor decorado con felicitaciones en Navidad, o con la lista de cosas que cada uno va a llevar a la próxima celebración conjunta en la azotea. Un ascensor que deja de ser un montacargas con espejo para convertirse en un “espacio de vehiculización de mensajes”. “Hay una cierta apuesta política en nuestra forma de vivir”, señala.

Esta relación entre vecinos que Venceslao califica como “circulación de afectos”, recibió la atención de la cooperativa TSR, que con el programa Edificios positivos pretende extender este modelo colaborativo, como parte de su programa que también incluye medidas para hacer los edificios más sostenibles. El presidente de TSR, Josep Maria Canyelles, defiende que “no es un reto romántico sino una estrategia aplicada al siglo XXI, y los cambios sustanciales que van a experimentar las ciudades”. Según explica, las ciudades seguirán recibiendo habitantes, y los edificios tendrán que ser más altos —“viviremos más concentrados”— por lo que es necesario un cambio en el concepto actual que tenemos de los bloques de viviendas: “Serán algo más parecidos a las empresas, porque, por ejemplo, tendrán que generar su propia energía”.

La campaña fue lanzada la semana pasada, esperando la conformación de los nuevos ayuntamientos. Actualmente, cuenta con una subvención de la Generalitat y ya están trabajando directamente en cinco comunidades, que esperan que aumenten rápidamente cuando empiecen a colaborar con los nuevos consistorios.

Desde decorar la fachada conjuntamente durante el Carnaval a prestarse sillas en caso de un evento familiar, son algunas las acciones colaborativas que llevan a cabo en el edificio de Carles Anson, en Vilanova i la Geltrú, otro de los inmuebles que sirven de modelo para el proyecto. “Es un tema de voluntad, al igual que pretendemos estar a gusto dentro de tus cuatro paredes, también nos interesa extender este ambiente a nuestra comunidad de vecinos, que después de la familia es el círculo más cercano en el que vive cualquier persona”, señala Ansón.

“Se habla mucho de ciudadanía y de participación ciudadana, pero no se habla nada de la vecindad”, lamenta Canyelles, que apunta a la soledad como uno de los elementos a combatir. “Estamos en un punto en el que la gente disimula en el buzón para no coincidir en el ascensor con uno de sus vecinos, o que una persona muere sola en su casa y nadie se entera hasta muchos días después. Son síntomas de una sociedad enferma”.

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