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Colau asegura que se presentará a la investidura aunque no tenga los apoyos

La alcaldesa en funciones asume los riesgos de su decisión y el PSC avisa de que no la investirá sin un acuerdo previo de gobierno

Ada Colau, seguida de Joan Subirats, Janet Sanz y Laura Pérez, miembros de su candidatura, justo antes de ofrecer la conferencia de prensa. En vídeo, Colau anuncia que se presentará a la alcaldía de Barcelona.

Ada Colau, alcaldesa en funciones de Barcelona, ha defendido este sábado con vehemencia la necesidad de lograr un gobierno tripartito en el Consistorio, integrado por comunes, Esquerra y el PSC. Tras lograr el aval de sus bases para postularse como alcaldable, Colau afirmó que asumirá el riesgo de presentarse aunque no tenga los votos garantizados ni un acuerdo previo de gobierno con el PSC o Esquerra. Jaume Collboni, candidato socialista, advirtió de que no la investirá si con antelación no se cierra un pacto con el PSC. En su primera comparecencia en 12 días, Colau reivindicó ese gobierno tripartito liderado por ella para aplicar políticas de izquierdas y romper la política de bloques generada por el procés. “No voy a ser el trofeo de un bando ni de otro”, afirmó Colau.

Tras una larga semana de silencio, Colau se plantó ante los micrófonos arropada por buena parte de los miembros de su candidatura y el apoyo incontestable de sus bases. La sensación de alivio flotó en el ambiente el viernes entre la militancia de los comunes cuando pasadas las 21.00 salieron del centro cívico La Sedeta de Barcelona. Acababan de votar por 457 votos a favor y solo 27 en contra que Colau, líder de Barcelona en Comú, alcaldesa en funciones, se postule para repetir en el cargo. Entre los casi 500 militantes reunidos, había activistas anónimos, dirigentes de la izquierda catalana ya retirados, líderes vecinales o de plataformas ciudadanas, concejales del gobierno en funciones, altos cargos y gerentes afines al partido… y también cargos de confianza que, como en cualquier ciclo electoral, se juegan el empleo.

El sentimiento general era que se había elegido la opción menos mala por una cuestión de supervivencia de los comunes. Y de haber actuado con una madurez que no tenían hace cuatro años. Las bases votaron por intentar armar un gobierno tripartito pero con los vetos cruzados de PSC y ERC saben que lo más probable es que Colau acabe revalidando la alcaldía tras un acuerdo con el PSC y los votos de Manuel Valls, el candidato apoyado por Ciudadanos. En el partido conviven dos almas (los partidos tradicionales y los activistas) y en ambas hay opiniones distintas sobre la cuestión soberanista. Se pueden dar muchas vueltas pero el debate se reduce a si Colau es alcaldesa o no. En Barcelona en Comú la disidencia es prácticamente inexistente, a diferencia de Catalunya en Comú, la marca que Colau impulsó para toda Cataluña, donde las crisis han sido constantes.

El anuncio, el jueves, de que Colau se postula para repetir supone un punto de inflexión. De la Colau que la noche electoral reconoció la derrota frente a Ernest Maragall (ERC), se pasó a la Colau que ha reflexionado y que luchará por el cargo. Las tertulias de la radio y los matinales de televisión no hablaron de otra cosa el viernes. La alcaldesa no compareció ante la prensa durante 12 días (desde el día después de las elecciones hasta este sábado) y durante ese tiempo tanto ella como los suyos han esquivado la pregunta de si aceptarían los votos del ex primer ministro francés. Este sábado afirmó que no está pactando con Valls ni participando en “operaciones extrañas”. Y reprochó a PSC y ERC que no hablen entre sí y no sean fieles a la mayoría de izquierdas surgida el 26-M. Este sáado dijo que se presentará aunque no tenga apoyos y el PSC le avisó de que no tendría sentido investirla sino se compromete a gobernar con ellos. “Sería una irresponsabilidad”, le replicó Collboni. “No la investiríamos. No me puedo imaginar que alguien se presente para perder o que se tire a una piscina sin agua. Tenemos tiempo”.

Pero Colau ha dado el paso. Ha puesto las luces largas y ha analizado costes y beneficios. Se hace mayor. Y sus bases con ella. “Veo bien que dé el paso. Es lo que le pide su sentido de la responsabilidad sobre el trabajo hecho y sobre lo que hemos proyectado en el mundo estos cuatro años. Comparto la estrategia”. Quien habla es el politólogo Joan Subirats, comisionado de cultura en el Ayuntamiento y número dos en la lista del 26-M. Referente para Colau, aparece en la mayoría de fotos del proceso vivido por quien en 2014, siendo activista, decidió dar el paso a la política institucional, crear un partido, lograr una confluencia con formaciones como Podemos o Iniciativa, presentarse para ser alcaldesa, y ganar.

Subirats es de los pocos que no tiene problema en valorar con nombre y apellido qué supone para Colau su decisión. Otros prefieren no ser identificados. Como esta otra voz, de peso en el partido: “La noche electoral Ada hizo un discurso generoso, una propuesta valiente a ERC y PSC de hacer un gobierno que congregue el 60% de los votos y 28 de 41 concejales, y que rompa el bloqueo de la política en Cataluña por el procés. Esa noche sabía que existía la posibilidad de no ser alcaldesa, pero lo que cambia es constatar que el bloqueo se mantiene. Se acaba postulando para dar una patada al tablero para ver si rectifican, desde el vértigo de saber que pueden no tener la alcaldía. Pero no cambia su discurso, insiste en el tripartito amplio y transversal y se ofrece de puente”.

Con años de experiencia en la política y en la gestión, otra fuente responde en una sola palabra a la pregunta de qué ha cambiado: “Valls”. “La noche electoral pensamos que habíamos perdido la alcaldía, y en el momento en el que se abre la posibilidad de sumar para la investidura, todo cambia”, afirma y apunta que el liderazgo de Colau es “tan incontestable que incluso gente que no está de acuerdo con la operación Valls, la acepta”. “Y ojo”, añade este directivo municipal: “Su liderazgo no viene de la alcaldía, viene de la calle, es un liderazgo natural”.

Una colaboradora muy próxima a Colau, desde los años de activismo, analiza la trayectoria de la alcaldesa en funciones y concluye que ha alcanzado “la madurez de entender que la única salida son los votos de Valls”. “Ada siempre ha defendido lo que pensaba contra críticas feroces: cuando defendía ocupar viviendas vacías, cuando alertó de la injusta ley hipotecaria, cuando desobedeció las comitivas judiciales para parar desahucios… cuando decidió saltar a la política institucional… y ahora asumiendo que lo mejor para todo el espacio de los comunes es intentar ser alcaldesa”.

Los pactos dividen a los intelectuales de izquierdas

CRISTIAN SEGURA

Los posibles pactos de gobierno han dividido a la intelectualidad de izquierdas de Barcelona. “Es probable que haya división dentro de los comunes: los hay muy cercanos al procés y los hay que son muy antiprocés. Es una cuestión muy emocional”, dice el urbanista Jordi Borja, uno de los referentes más veteranos de los comunes. Borja es partidario de que Ada Colau sea de nuevo alcaldesa de Barcelona con el PSC porque, a su parecer, es la única forma de “no dar alas a los extremos y que la situación no afecte al gobierno de la ciudad”. Borja no ve problema en aceptar los votos de los concejales de Manuel Valls y de Ciudadanos en la investidura de Colau, “si es sin pactos ni nada a cambio”.

El dramaturgo Àlex Rigola, firmante de un manifiesto a favor de la alianza entre ERC, comunes y PSC, opina que aceptar el apoyo de Manuel Valls es un mal menor: “Creo que lo importante es que Colau acabe el trabajo que empezó. Vale la pena, aunque tenga que pagar una gran factura política por pactar con Valls si la opción del tripartito no saliera”.

El sociólogo Jordi Ortega considera que ante la improbabilidad del tripartito, Colau debería consolidar un gobierno con socialistas y con Valls para “una legislatura sin bloqueos”. Ortega admite que el apoyo del ex primer ministro francés tiene un riesgo porque “tiene mala fama”.

Frente a estas opiniones hay una legión de críticos de la izquierda soberanista que se habían posicionado a favor del acuerdo entre ERC y los comunes. “Por el afecto que le tengo a Ada, no le deseo por nada del mundo que para ser alcaldesa tenga que hacer un papel tan triste”, dice la arquitecta Beth Galí. “Entrar por la puerta de atrás no es nunca lo más honesto que esperamos de nuestro alcalde o alcaldesa”, añade la arquitecta.

El economista y activista social Arcadi Oliveres, un referente ideológico de la alcaldesa, rechaza a los socialistas catalanes por “sus errores, como la intervención de la Generalitat”.

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