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“El ‘tsunami’ de la nanociencia está por llegar y va a cambiar el mundo”

Rodolfo Miranda es el director del Instituto IMDEA de Nanociencia

Rodolfo Miranda, director del instituto IMDEA de Nanociencia
Rodolfo Miranda, director del instituto IMDEA de Nanociencia

Rodolfo Miranda (Almería, 66 años) tenía en su mente el plan de desarrollar un centro de ciencia que permitiera a España competir en el ámbito internacional. Doctor en Física por la Universidad Autónoma de Madrid, empezó a ejecutar su idea a finales de los años 90 tras regresar de Alemania y, finalmente, la llevó a cabo diez años después, en 2007, cuando la Comunidad de Madrid inauguró el instituto IMDEA de Nanociencia que dirige desde entonces y desde el que se proponen cambiar el mundo tal y como lo conocemos.

La nanociencia es...

Es el descubrimiento de que un trocito suficientemente pequeño de una materia tiene unas propiedades totalmente diferentes. Aquí el tamaño importa. Las cosas muy chicas se comportan muy distintas y su funcionamiento lo controla la mecánica cuántica y eso es muy raro y muy distinto de la escala macroscópica. El objetivo de la nanociencia es entender las propiedades básicas de esas cosas tan pequeñas y el de la nanotecnología es utilizarlas para algo útil.

Se dice que estamos rodeados de elementos nano.

Todo a nuestro alrededor va a contener elementos de nanotecnología, hasta la ropa. Ya sucede en los móviles, en la cabeza lectora de los discos duros, e incluso en las encimeras. Es tan común que es hasta un elemento publicitario. Hay áreas en particular en las que el impacto va a ser brutal. Lo que tenemos ahora son las primeras olas, pero el tsunami viene detrás y lo que veremos en los próximos años va a cambiar nuestro mundo.

Suena muy a lo grande.

La nanomedicina es el área en el que más pronto se aplicará. Tiene mucho impacto social y económico, se consiguen muchos fondos. Se pueden producir cosas que pueden tener un impacto inmediato en la sociedad. Tenemos potencial para cambiar el futuro.

Ustedes avanzan al tiempo que aprenden.

Es súper divertido porque estás en la frontera. Estamos levantando el velo de nuestra ignorancia y encontrando cosas que son muy diferentes. Cada día te llevas una sorpresa y estar aquí es apasionante y fascinante porque estamos biólogos, químicos, ingenieros o médicos y trabajas con gente que sabe mucho de cosas que tu no sabes. Además, la media de edad es de 34 años y la gente es muy joven. Estás aprendiendo todo el día.

La juventud suele ir ligada a la precariedad.

Este centro se crea con la administración de la Comunidad y el Ministerio. El propósito principal era atraer talento, traer el talento español que estaba fuera y también a extranjeros. Queríamos encontrar un mecanismo flexible para traer a jóvenes que quisieran trabajar aquí y procuramos que su grado de estabilidad sea el mayor posible, que tengan contratos largos, indefinidos y dignos a nivel salarial.

Pero sigue habiendo mucho éxodo.

El sistema tradicional ha estado colapsado y la empresa privada no demandaba científicos en grandes cantidades. Hemos producido más científicos de los que se quedaban. Es fundamental que un científico salga y aprenda para avanzar, pero lo ideal es que después puedas decidir si quieres volver y que ese retorno sea razonable, no para estar en una precariedad infinita. Había que crear instituciones que rompieran eso, que tuvieran la capacidad para incorporar gente de fuera y competir.

¿Cómo ayuda la Comunidad de Madrid en el centro?

Van aumentando la cantidad de fondos y cada año invierte en este centro, que tiene una dependencia de la Comunidad. Un 30% de nuestro presupuesto viene de ahí, el resto lo tienen que ganar nuestros investigadores. Hay mucha competencia con los centros de Barcelona, que han mejorado mucho.

Hacerles ver la importancia de invertir en algo tan desconocido no sería sencillo.

Ha costado mucho tiempo. Las tendencias en ciencia las vemos antes los profesionales que las instituciones. El científico tiene en su mano el futuro, y conseguir trasladar ese potencial a las instituciones en España no es fácil. La ciencia aquí no representa una apuesta clara de futuro. A mí me costó unos 10 años crear este instituto y fue con un acuerdo único entre un gobierno socialista a nivel nacional y popular en la Comunidad.

¿Es rentable?

Tenemos 200 investigadores que por cada euro que la administración española mete aquí nosotros traemos tres de fuera. Económicamente es rentable y damos trabajo a investigadores jóvenes. Les cuesta poco dinero y es un ejemplo de éxito, muy útil y que claramente funciona.

La sociedad sí que parece más concienciada.

Los estudiantes son cada vez más y mejores y los profesores que dan clase en colegios e institutos hacen un trabajo extraordinario. Esto genera una derivada que influye en los políticos y cada vez están más concienciados, pero España es un país con muchas necesidades sociales y su papel es establecer prioridades. El asunto es que esto también tienen que tenerlo en la mesa.

Si ahora es difícil, antes ni le digo.

Mi generación fue la primera que decidió volver y crear ciencia experimental importante en España. Desde entonces vimos crecer la inversión en la ciencia, la productividad de las universidades y su capacidad de pelear internacionalmente. Alcanzamos un gran nivel, pero llegó la crisis e hizo un daño bestial. A diferencia de otros países, la ciencia aquí no era una prioridad y se cortó la inversión en un 30%. Un disparate que provocó éxodo y frustración. Ahora estamos sacando la cabeza y la derivada vuelve a ser positiva.

Proyectos contra el cáncer y la paraplejia

De combatir tumores a tratar de ponerle remedio a la paraplejia. No hay límites para la nanociencia, tal y como expone Rodolfo Miranda a través de los diferentes proyectos que tiene en marcha el instituto que dirige. "Uno de ellos consiste usar nanopartículas magnéticas para eliminar células tumorales de forma selectiva. Ya está en fase clínica y si funciona es una revolución radical. También hay otro con el hospital de parapléjicos de Toledo para crear nanosensores que puedan detectar la señal del cerebro en personas que tengan la médula espinal cortada y traspasarla para que mande el impulso a las piernas, y la vuelta, que la señal vuelve al cerebro y aprenda que tengas piernas", cuenta.

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