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OPINIÓN i

Madrid es otra cosa

Salvo los paracaidistas, todo lo demás merece una enmienda a la totalidad en la tradicional celebración del 2 de Mayo, día de la Comunidad

Dos paracaidistas ayer en la Casa de Correos.
Dos paracaidistas ayer en la Casa de Correos. GTRES

Madrid es otra cosa. Hay una línea invisible que los demógrafos descubrieron hace tiempo, una diagonal que divide la capital y la comunidad, según la cual en un lado se concentran las clases más acomodadas y en el otro las más vulnerables, tres años de promedio de vida mediante les separan. También es una línea ideológica, que puede explicar algunas cosas, pero no todas. Porque Madrid es mucho más que eso, es una región rica, libre, cosmopolita y extraordinariamente acogedora y emprendedora.

Madrid es la gente que se movilizó el 11-M, incluidos los taxistas que dejaron a un lado el taxímetro (¿harían lo mismo los VTC en el mismo caso?), Madrid es un fenómeno cultural que está rompiendo barreras, Madrid son sus científicos y sus nuevos empresarios, Madrid son las organizaciones que luchan al lado de los desfavorecidos, y sus emigrantes, y la comunidad china que ahora se moviliza.

Las autoridades de Madrid se citaron ayer en la Casa de Correos de la Puerta del Sol, en la tradicional celebración del 2 de Mayo, día de la Comunidad. Allí estaban las élites políticas para dar rango a la festividad, aunque andaban buscando el centro, sobre todo la derecha, que se ha perdido y ahora quiere recuperarlo. Y entre la derecha, Ángel Garrido, mitad traidor, mitad fichaje (no es un galáctico), que daba su punto de morbo: ahora tiene que besar el escudo de Ciudadanos. La escena era elocuente: un atasco de candidatos y asesores en fila esperando en un pasillo a ser entrevistados por un enjambre de cámaras y micrófonos, entre codazos y apretones. Un atasco más, que debe ser una seña de identidad digna de ser conservada, según alguna candidata.

La fiesta comenzó, naturalmente, con el debido retraso (otra seña de identidad), se procedió a la entrega de premios y medallas, a un discurso irrelevante de un presidente en funciones igualmente irrelevante, más un poco de zarzuela y un tradicional desfile. Todo esto sucede así cada año: ¿a quien se le ocurre organizar un desfile en la Puerta de Sol? Unas decenas de militares, algunos con panza sobresaliente, junto al cuerpo de municipales cuya vestimenta se confunde con un chándal de rebajas. Salvo los paracaidistas, todo lo demás merece una enmienda a la totalidad. Pero, ¿por qué cualquier celebración que represente a Madrid debe organizarse en el centro geográfico, entre atascos y apreturas, año tras año, zarzuela tras zarzuela?

Quizás porque esto viene de atrás, de las disputas entre el Duque del verso suelto y la Marquesa de las Mamandurrias, en cuyo estanque de su residencia crecían las ranas (y, por lo que se ve últimamente, también algún sapo), para ver quien se hacía el Palacio más grande y céntrico. Quizás, porque persiste una visión de Madrid demasiado pequeña y cortoplacista, de ahí que algunas cosas de la política madrileña resulten tan provincianas, un error que deberían evitar los futuros dirigentes de la ciudad y de la comunidad.

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