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El ‘boom’ de las becas Erasmus

El número de estudiantes madrileños matriculados en el programa de estudios se disparó a más de 8.200 en 2018, superando en un 26% los de 2013 tras años de descensos motivados por la crisis economica

Universitarios en las escaleras de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid. Ampliar foto
Universitarios en las escaleras de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid.

Lidia Caro tiene 20 años y estudia Economía y negocios internacionales en la Universidad de Alcalá de Henares. El próximo curso hace las maletas con destino a Estrasburgo. Como ella, miles de jóvenes madrileños protagonizan el boom de las erasmusen la región, donde estas becas han aumentado un 26% entre 2013 y 2018, según datos de una respuesta parlamentaria a la que ha tenido acceso EL PAÍS. ¿La razón? El fin de la crisis permite ahora que las familias compensen con sus recursos los escasos fondos con los que está dotado este programa educativo (entre 200 y 300 euros al mes) cuyo presupuesto nacional ha descendido drásticamente. Eso ha convertido a Madrid en la única región española que tiene tres universidades entre las diez que más estudiantes envían al extranjero, pese a que el Gobierno regional no completa la beca nacional.

Las claves del programa en la región

  • En 2011, 7.445 alumnos matriculados en universidades madrileñas se apuntaron a la beca Erasmus para estudios y prácticas. En 2018, fueron 8.219, según los datos oficiales provisionales. Eso supone un incremento del 10% que llega al 26% si se compara con algunos de los peores años de la crisis. Así, en 2013, solo 6.534 estudiantes de centros universitarios de la región lograron la beca.
  • Hasta el punto álgido de la crisis, Madrid fue una región exportadora de estudiantes —sin contar los becados para prácticas—. En 2011, 6.951 matriculados en la región se acogieron a esa modalidad, por los 6.453 que vinieron a la Comunidad. No obstante, entre 2012 y 2016 fueron más los extranjeros que llegaron que los madrileños que se fueron.
  • En paralelo, descendió el presupuesto destinado a las becas y la capacidad de inversión de las familias.

“El desembolso mensual que hago es de alrededor de 600 euros, contando la vivienda, por lo que la beca son más bien los padres o la familia, además lo que aportes tú mismo si trabajas, que la Unión Europea”, explica Ricardo, de 22 años, que está en Plymouth (Inglaterra) para completar sus estudios. “La gente que viene aquí de estudiante tiene una mentalidad muy abierta”, cuenta sobre las distintas formas de afrontar la experiencia de vivir fuera de casa por primera vez. “En mi caso, que soy buen estudiante, hago las cosas de manera meditada y buscando un estilo saludable de vida”, sigue. “Sin embargo, muchos otros cogen esta experiencia para tomarse un año salvaje”.

Salvaje. Monacal. Centrado en los estudios. Enfocado en descubrir el mundo. Hay tantas becas erasmus como estudiantes. Más de 40.000 españoles estudiaron así en el extranjero en el curso 2016-2017. En contrapartida, 48.500 extranjeros se mudaron temporalmente a España, que ocupa ininterrumpidamente el primer puesto en recepción de estudiantes desde 2001. Tanto a nivel nacional como madrileño, esas dos estadísticas vivieron una evolución bien distinta. Mientras el número de llegadas de extranjeros aumentó sostenidamente desde el curso 2009-2010, el de salidas de españoles vivió un dramático descenso en el 2013-2014 y en el 2014-2015. Años de crisis.

“Menos recursos para becas Erasmus supusieron menos recursos para los estudiantes e impedir que los hijos de las familias con menos recursos pudiesen ir al extranjero a estudiar”, opina Miguel Ángel Heredia, diputado socialista que descubrió con sus preguntas parlamentarias que el presupuesto nacional de las becas había sido recortado más de un 50% en seis años, pasando de los 61,3 millones del curso 2011-2012 a los 16,3 del 2014-2015 y los 29 del 2016-2017 (30 en 2018). “Ese recorte supuso que solo una élite pudiera enviar a sus hijos a completar estudios fuera de España”.

“Y, posiblemente, no tanto por la cuantía concreta de la beca como por la previsible actitud de mayor ahorro familiar propia de las crisis económicas”, matiza Pilar Marcos, del PP, la diputada que le preguntó al Gobierno por la evolución de los erasmus madrileños en los últimos años.

Sin ayudas en Madrid

En 2011, Madrid envió al extranjero a 7.445 estudiantes. La barrera de los 7.200 no se volvió a alcanzar hasta 2017. Y en medio, la estadística se hundió y tocó fondo en 2013, con 6.534.

La evolución de esos datos, que se mimetiza de una forma casi perfecta con la evolución del presupuesto nacional para becas Erasmus, y con la crisis, marcha ahora en sentido contrario. En 2018, 8.219 estudiantes de universidades madrileñas lograron una beca Erasmus, según los datos oficiales provisionales. El récord de los últimos años tiene doble mérito: Madrid es de las comunidades que más hacen depender este programa educativo del ahorro familiar.

“No se obliga a ninguna comunidad autónoma a hacer aportaciones adicionales a este programa del ministerio, aunque hay algunas que lo hacen”, reconoce un portavoz de la consejería de Educación, que ha optado por no completar la beca nacional con otra regional, como hacen, por ejemplo, en Andalucía, Castilla y León, Aragón, Extremadura, Comunidad Valenciana o Galicia. “En el caso de Madrid, hemos decidido destinar ese dinero a otros proyectos que consideramos más satisfactorios para nuestros alumnos, de tal manera que destinamos diez millones para alumnos con situaciones socioeconómicas desfavorables, alumnos con discapacidad y alumnos excelentes. Esa es la apuesta que se ha venido haciendo durante todos estos años”.

Apostar por salir fuera y enfrentarse al mundo. Eso es lo que hacen los becados Erasmus. Y, dicen, eso les cambia para siempre. “Es muy importante saber desenvolverse en ambientes diferentes al tuyo”, cuenta Lidia.

“Esto es un desafío personal y una aventura”, resume María, de 23 años, que se ha instalado durante 10 meses en Londres. “Una vez aquí cada día vives experiencias nuevas, y eso te ayuda a dar un salto en tu vida personal y a ser más abierto y tolerante”, argumenta. “Conoces muchísima gente nueva, aprendes a valorar las cosas, aprendes a gestionar tu tiempo y dinero, y lo más importante… ¡te conviertes en una experta cocinera de tortillas!”.

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