“Cualquiera podía acceder a las iglesias, la llave estaba colgada en la puerta de un vecino”
El cura de Trabada y Ribadeo juzgado por la supuesta apropiación de 40 piezas de arte sacro insiste en que no hay pruebas y abunda en el "descontrol" de los templos diocesanos

El antiguo cura de varias parroquias de los municipios de Trabada, Barreiros y Ribadeo, el valenciano José Emilio Silvaje (Gandía, 1980), ha asegurado hoy que no hay ninguna “prueba” en contra de él, sino “más bien todo lo contrario”. Estas declaraciones las ha realizado a las puertas de la Audiencia Provincial de Lugo, donde esta mañana se reanudaba el juicio contra el ex sacerdote, al que la fiscalía pide cuatro años y medio por apropiación indebida de más de 40 bienes del patrimonio religioso, y contra un anticuario de Mondoñedo, acusado de receptación y que se enfrenta a una pena de año y medio.
Silvaje ha confesado a la prensa que está viendo “bien" el juicio; “muy tranquilo todo”, ha apostillado. “Funciona bien, no hay ninguna prueba en contra, más bien todo lo contrario por todos los testigos que apoyan la versión de la defensa”, ha asegurado. Al respecto de la “mala gestión” que atribuía durante su declaración de ayer al Obispado de Mondoñedo-Ferrol, que ha renunciado a la acusación pese a que un informe pericial calcula que el valor de las piezas desaparecidas supera los 25.000 euros, hoy el religioso que colgó los hábitos se retractaba. “Al obispado yo no le acusé de absolutamente nada”, ha dicho ante la prensa. “El obispado es una cosa muy grande y los sacerdotes son muchos, muchas parroquias”, ha abundado.
Igualmente se retractaba sobre su polémica declaración del día anterior en la sala, cuando objetó que los sacristanes que le asignaba el obispado tenían algún tipo de "déficit" psíquico: "El que no era borderline era subnormal y me robaban dinero de las parroquias”. “Eso no lo dije así”, se ha enmendado esta mañana.
El abogado de Silvaje Aparisi, José Manuel Colmenero, ha subrayado que “lo que sí que se acredita, tanto en lo que se testificó ayer como lo que veremos hoy es que se trata de parroquias rurales, donde las capillas y las iglesias tenían varias llaves que estaban en posesión no solo de las personas eclesiásticas sino de varios vecinos”. “Se realizaron obras sin ningún tipo de control, es decir, había una serie de irregularidades en lo que se refiere a la tutela y a la adecuada protección del patrimonio histórico, algo que no debería de ser de esa manera", ha profundizado. "Cualquier persona pidiendo una llave -incluso hay casos en que la llave estaba colgada en la puerta de un vecino- podía acceder al interior de las iglesias”, afeaba el letrado.
Colmenero ha destacado que “ninguna persona acreditó que José Emilio se apoderara o hiciera desaparecer ningún tipo de bien, sino que lo único que se acreditó es que existía una falta de control absoluto en los bienes que había en las parroquias, incluso antes de llegar don José Emilio”. “No se realizó ningún tipo de inventario, no había ningún tipo de control y lo único que hizo don José Emilio es llevar una serie de bienes que estaban en mal estado a restaurar y a limpiar, y eso fue lo que provocó que la gente se alterara", ha continuado. "porque en aquel momento estaban ausentes esos bienes pero después fueron devueltos poco a poco y finalmente cuando mi defendido tuvo que abandonar las parroquias fueron devueltos todos”, afirmó.
El juicio se reanudaba esta mañana con la declaración de dos monjas de las Clarisas de Ribadeo. Una reconoció que el sacerdote les llevaba imágenes o candelabros para su limpieza. La otra religiosa testificó que a ella le encargaba la limpieza de ropa de los santos y de “manteles que estaban muy sucios”. Entre lo supuestamente apropiado, la fiscalía enumera imágenes de diversas parroquias que tenía a su cargo y un manto de la Virgen Dolorosa, también inventariado, además de candelabros, bandejas de plata, cálices, misales antiguos, muebles o diversos objetos litúrgicos de plata.
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