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CRÍTICA i

Ketama: como decíamos ayer

Tras 14 años de silencio el grupo regresa con igual repertorio, como una banda homenaje

Anotio Carmona, de Ketama, con Soleá Morente, durante el concierto de Barcelona.
Anotio Carmona, de Ketama, con Soleá Morente, durante el concierto de Barcelona.

Tras catorce años de silencio Ketama está otra vez en la carretera como si el tiempo no hubiera transcurrido. En el auditorio del Fòrum arrasaron en la noche del viernes utilizando el manido como decíamos ayer ante un público que no llenó la sala (se vendieron unas 1.900 entradas) pero que se entregó en cuerpo y alma a la propuesta del trío madrileño.

Una entrega total que había comenzado mucho antes en los aledaños de la sala donde se respiraba aire de fiesta grande y donde payos y gitanos, excitados por igual, convivían ruidosamente y luchaban por conseguir una bebida, cosa difícil en el bar del auditorio, y cualquier otro pilla a trasmano. Colorido en los atuendos, con toques de gala, risas, muchos abrazos y las primeras cámaras de móvil empezando a trabajar.

Ketama

Festival Guitar BCN
Ketama
Auditorio del Fòrum, 15 de marzo

Un poco de retraso en el inicio y Karta canción, un tema de 1997, abrió fuego dejando ya claros los parámetros que iban a marcar toda la velada. Una cierta confusión escénica, baño de masas para Antonio Carmona que comenzó entre el público provocando un aluvión de móviles a su alrededor, un repertorio sin ninguna novedad, músicos magníficos y el público en pie sin dejar de moverse.

Ketama iguales a sí mismos, nada ha cambiado en estos catorce años. Solo en la voz de Antonio se nota el paso del tiempo, y probablemente el recuerdo de su enfermedad de hace un año. Problema vocal que compensa con carisma, sin miedo, y que acaba no siendo un problema. El gran problema está en la ausencia total de novedades, Ketama han regresado simplemente para explotar su ilustre pasado y, por ahora, nada más. Tampoco se les puede tirar en cara porque ese pasado es suyo y el público lo estaba esperando, pero no es el regreso que ese mismo pasado glorioso se merecía. Y a eso se añade la sensación de improvisación constante sobre el escenario, como si muchas cosas no estuvieran ni ensayadas.

En esa línea de recuperación histórica fueron desfilando temas tan emblemáticos y contagiosos como Djamana Djana, Loko, Flor de lis o Loko de amor, antes de desembocar en un Vente pa Madrid convertido en un pequeño desmadre escénico favorecido por la colaboración del expansivo Macaco, invitado para la ocasión. Y, claro, No estamos lokos ofrecido como bis con todos los asistentes coreando y bailando.

Entre los temas populares de la banda se incluyeron tres interpretaciones solistas de cada uno de sus componentes. Lució la de Antonio con una rumba catalana dedicada a “Barcelona, Cataluña, que es como nuestra tierra”. Como anécdota apareció Soleá Morente para una canción de Antonio Vega pero hasta olvidó la letra y se quedó por segundos bloqueada. Y Antonio pudo haberse ahorrado una versión desorganizada, pura improvisación, de Aquellas pequeñas cosas de Serrat.

Ketama ha regresado. Si organizan un poco mejor las cosas escénicas seguirán arrasando porque el peso de su repertorio es muy grande pero, en el mundo la música actual, no puede vivirse solo del pasado sin caer en el riesgo de convertirse en una banda homenaje. El futuro de este regreso, por ahora, es incierto.

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