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Los minutos clave del infarto

Un grupo de personas que sobrevivieron a una parada cardiaca cuentan en un acto del Samur cómo lo superaron

Desde la izquierda, Manuel Pérez, David Areso y Carlos Rodríguez Blanco.
Desde la izquierda, Manuel Pérez, David Areso y Carlos Rodríguez Blanco.

David Areso, de 48 años, acababa de estar corriendo en Madrid Río el pasado 10 de junio. Cuando regresaba a su casa, perdió el conocimiento en el paseo de Santa María de la Cabeza. El coche que conducía se salió de la vía y se metió en la acera. Allí chocó y se paró. Manuel Pérez, un joven de 19 años y socorrista de profesión, escuchó el estruendo y salió corriendo hacia el vehículo. Sacó a David del coche y, tras comprobar que estaba en parada cardiorrespiratoria, comenzó a hacerle la reanimación cardiopulmonar. A los pocos minutos llegó el Samur-Protección Civil y continuó con estos trabajos. Hoy, David, que está completamente recuperado, ha recibido un galardón de este servicio de emergencias junto a su particular ángel que le salvó la vida.

David, Manuel y el coordinador del Samur Carlos Rodríguez Blanco se han juntado esta mañana y han recordado esos momentos. “Estoy muy orgulloso de cómo actué en esos momentos y de que todo saliera bien. Durante la primera semana estuve muy preocupado por ver cómo evolucionaba David”, ha reconocido Manuel. Su ya amigo no ha parado de agradecerle desde aquel día su gran labor. Para el médico del Samur, actos como el de esta mañana resultan “muy emocionantes”. “En el servicio hay pocas alegrías. Tan solo ocurre con pacientes como estos y con los partos. Aquel día fue muy raro porque el aviso nos entró como un accidente de tráfico con una posible parada, pero no estaba claro”, ha añadido el facultativo.

Esta iniciativa, conocida como la cadena de la vida, busca reconocer a las personas de la capital que han sufrido un paro cardiaco y que han logrado salvar la vida. La directora del Samur, Isabel Casado, ha explicado que en la capital se recupera el 61,4% de estos pacientes. El 20% no sufre ninguna lesión cerebral. “Esta cifra supone el doble de la media europea. Somos punteros en este punto”, añade Casado. Según las cifras del Samur, el 91% de los pacientes más graves logran sobrevivir pasados siete días. Este porcentaje llega al 89% en el caso de los críticos. “Son cifras muy aceptables, pero nuestro reto es que mejoren cada vez más”, expone Casado.

Para lograr que los pacientes con paros cardiacos se recuperen es imprescindible que se avise de inmediato al 112 para que acudan los sanitarios. También es muy recomendable que todas las personas sepan las maniobras de reanimación. Solo en 2018, el Samur formó a 26.000 personas en estas labores. “Es necesario aplicar complexiones con la mano a cinco centímetros del comienzo del esternón a razón de 100 o 120 compresiones al minuto”, explica el subdirector general del Samur, Ervigio Corral.

Eso le ocurrió a Julián López Abad, cuando estaba corriendo hace unos meses por el carril bici del barrio de las Rosas, en San Blas. De repente, se encontró mal y se tumbó en el suelo. Dos personas mayores vieron lo que le había pasado y se acercaron. Una de ellas llamó al 112. En ese momento, llegaron un policía nacional fuera de servicio, Javier, y su novia, Selena, una auxiliar de vuelo. Ambos habían recibido formación en primeros auxilios. “Mientras uno me daba el masaje en el corazón, la otra recibía información y consejos por el teléfono. Fue una asistencia en condiciones”, recordaba hoy emocionado el atleta. Este paciente se recuperó después en la unidad coronaria en el hospital Ramón y Cajal.

También ha participado Yolanda Marín, la madre de una joven de 19 años que sufrió un accidente el pasado 28 de agosto y entró en parada. A los pocos minutos llegaron los sanitarios y lograron reanimarla. Estuvo siete días ingresada en la unidad de cuidados intensivos del hospital Gregorio Marañón, centro del que salió en silla de ruedas. Ahora es capaz de andar de pie con ayuda y se recupera poco a poco. “Está haciendo grandes avances. Quería haber sido bailarina, pero en el conservatorio en el que la habían admitido no la dejan ni ir a ver las clases. Ahora está haciendo un curso de repostería. En breve, iremos a veros a los del Samur con los postres que haga”, bromeaba Yolanda. “No habrá vida mía en la que no os deje de agradecer lo que hicisteis”, añadió visiblemente emocionada.

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