Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La novela rosa masculina, un género casi inédito en catalán

Adesiara recupera 90 años después ‘La rossa de mal pèl’, novela de Josep Maria Francès

Portada original de 'La rossa de mal pel' de Josep Maria Francès.
Portada original de 'La rossa de mal pel' de Josep Maria Francès.

“Le sobran algunos cuadros que, probablemente sin intención inmoral del autor, resultan atrevidos, irreales e incluso de mal gusto”; “el deseo de lo pintoresco ha arrastrado al autor a innecesarias faltas de buen gusto”, dejaron caer, coincidentes, las críticas. Antes, Joan Puig i Ferrater, como editor de Proa, había ya rechazado su publicación sentenciándola ante su autor: “Es una novela picaresca del XVII adaptada a nuestros días (…) Escriba otra novela menos cargada de especias y yo le prometo editarla”. Pero es que resulta que el periodista, poeta y comediógrafo Josep Maria Francès lo había hecho con toda la intención: con su debut narrativo, La rossa de mal pèl, quería escribir novela rosa, sentimental…, pero para un público masculino, subgénero prácticamente inédito en Cataluña.

Los bajos fondos de la Barcelona de 1910, lo que se conocía como el Distrito Quinto (casco antiguo de Ciutat Vella) es el atrezzo real por el que se mueve Magina, joven rotundamente obsesionada en conseguir los favores de Bràfim, chico que tiene sorbidos los sesos por la poesía y por Dolors, una actriz tan en declive como aprovechada; en la extraña santa compaña que conforman sobresale Baldiri Clota, que actúa y piensa como una chica: lo que hoy se definiría como una transexual es la figura más honesta del cuadro.

“A nuestro público le gustan este tipo de obras. Sobre todo a nuestro grueso público de gente menestral (…) Me gustan sus personajes porque, como usted y como yo, no tienen pelos en la lengua. Se lo confieso… desde La Xava, no había leído nada tan castizamente barcelonés”, escribe, citando la famosa y polémica novela de Juli Vallmitjana, el librero y editor Joan Balagué i Pallarés, que en octubre de 1929 acogía la obra en su caótica y heterogénea Editorial Lux, seguramente porque el propio autor se había hecho cargo de la edición. Lo escribe en unas primeras páginas que, a modo de diálogo entre editor y debutante novelista, anteceden al relato. Y es que Francès (Lleida, 1891; México, 1966) no quería prólogos. No era la única rareza de quien fue un proletario de la pluma: hijo de padre militar fallecido joven, trabajó desde los 14 años en una miríada de oficinas; espiritista, francmasón, notable redactor de La Humanitat --diario que sería portavoz oficial de Esquerra Republicana de Cataluña donde militó--, se hizo muy popular en 1914 como autor de la letra de la sardana El saltiró de la cardina, que llevó al teatro 17 años después.

El autor de la novela Josep Maria Francès.
El autor de la novela Josep Maria Francès.

La rossa de mal pèl se acabó de imprimir en noviembre de 1929. Esa primera edición llevaba una triste portada con una niña mejillonera, oficio de la Magina. Cambió radicalmente en una de las tres reimpresiones que se hicieron en 1930: Magina ya es adulta y sus formas son sensuales. Un marinero con típico uniforme se acerca a la chica que está, bolso en ristre, haciendo la calle, cercana a un portal y a unas oscuras escaleras. La ilustración es, nada menos, que de Helios Gómez, y en ella predomina un verde chillón, más acorde al género sicalíptico, indecente, de la novela. La parte central de esa imagen es la que ahora ilustra la reedición que, 90 años después, ha llevado a cargo la editorial Adesiara.

Francès, que tiene 38 años, reproduce en el fondo recuerdos y escenarios de la Barcelona de su juventud, la de los años 10 y 20. Todo tiene tintes autobiográficos, pero no era un capricho. Ni tampoco el de Balagué de publicarlo. “No eran ingenuos. Tenían voluntad de hacer libros de subgénero, novelas un poco subidas de tono, que flirteaban entre esa literatura sicalíptica y una narrativa de mayor ambición”, enmarca Thiago Mori, autor de la edición, las notas y, obligado, el postfacio, de la nueva edición. Había un vacío en lengua catalana de ese tipo de obras, que intentaban ir más allá de las míseras publicaciones que, a principios de siglo XX y aparte de las ediciones clandestinas de sexo explícito, proliferaron en toda España: subidas de tono, pero, en general, muy mal escritas. Aquí se trataba hacer algo más refinado. Mori apunta como modelos las obras de entreguerras de autores como el italiano Pitigrilli o el francés Maurice Dekobra: sexo (mayormente masculino) que, “a pesar de estar lejos de lo que hoy entendemos por pornografía”, se ofrecía sin demasiado contexto psicológico, ni dudas, ni interioridades, si bien el texto rezumaba pretensiones estéticas. En Italia se les dio a posteriori el nombre de romanzo blu (novela azul), en contraposición a la novela rosa femenina.

149 notas para entender “la pollita” o la ruta del tranvía de Sants

La edición de Adesiara de La rossa de mal pèl incorpora 149 notas. No es un capricho. Una de las características de las novelas sentimentales masculinas y de gran parte de la narrativa midcult era la técnica de un hablar del aquí y ahora (hic et nunc), algo reforzado por el origen periodístico de muchos de los autores. Se trata de aclarar que “Eixampli” no es una errata sino como algunos llamaban habitualmente al Eixample; que una mímica “a lo Adams o Ibáñez” respondía al símil con dos actores de gran éxito del Paral·lel de principios de siglo; que bajar por “la Reforma” era hacerlo por la Via Laietana que entonces se estaba abriendo, que la “zona de las catacumbas” era una llena de billares en los alrededores de la calle Tallers o que “pollita” no es un diminutivo de lo que parece sino una especie de velo que usaban las chicas jóvenes. “Buscamos recuperar el frescor que tenía la obra para el lector en 1930”, justifica Thiago Mori, que ha reseguido hasta el trayecto del tranvía de Sants de esa época o el del 24 por Gràcia.

Que obras como esta o las de Juli Vallmitjana o Paco Madrid, las ambientadas en los años dorados del Paral·lel y, en general, las realizadas entre 1900 y 1930 que no son las de los nombres consagrados se recuperen ahora responde, en opinión de Mori, a “un tema político: cuando una literatura se está construyendo no se puede cuestionar el canon; cuando la tradición literaria es fuerte ya no sirve la lectura guiada; recuperar la obra no canónica de autores canónicos siempre se ha hecho; la recuperación aquí es de una obra donde, por no haber, no hay ni la etiqueta de lo que es”.

Coloca el estudioso este tipo de literatura “entre el canon artístico y la industria cultural de masas, lo que se ha venido en llamar midcult”. Y sostiene que el resto de la producción novelística de Francès tiene siempre voluntad de cubrir ámbitos de la literatura de masas: La guerra dels sants (1932), sobre luchas sociales y pistolerismo, y Retorn al sol (1936), ciencia ficción en clave de sátira política. Quedó inédita Marasme (1938), de espíritu similar a La rossa de mal pèl.

Si en castellano había cierta tradición en el género de la novela sentimental masculina, con nombres como José Maria Carretero, alias El caballero audaz, Álvaro Retana, Felipe Trigo, Miguel Rivas o “hasta el Jardiel Poncela novelista”, cree Mori, en catalán eran una franca minoría. Junto a Francès, en la misma editorial (que buscaba “al público cansado de la vulgar ficción erótica” y textos con “los primores de un estilo que realce y dignifique a la novela pasional”) apareció la obra de su colega en La Humanitat Lluís Capdevila, Memòries d’un llit de matrimoni. A pesar de ser tildado por la crítica (o quizá por eso) de “pornográfico”, del libro del reconocido periodista y escritor se vendieron más de 4.000 ejemplares.

Tras hacer él sólo la única página del que fue el último número de La Humanitat, el 24 de enero de 1939, dos días antes de la entrada de las tropas franquistas en Barcelona, Francès marchó al exilio. Se instaló finalmente en México. Ahí, en 1962, reconstruyó y amplió el centenar de páginas que había escrito en catalán de un texto autobiográfico camuflado que, en la huida, olvidó “en el cajón de mi escritorio de la fábrica”. Destilaba Memorias de un cero a la izquierda que se sentía menospreciado por el establishment literario catalán. Casi un siglo después, tiene una segunda oportunidad.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >