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Submarinos y aviones como armas terapéuticas

Josep Riera i Aragó expone su obra más reciente en la galería Marlborough de Barcelona

La obra 'Hanging Submarine', de Riera i Aragó (2018), en la galería Marlborough de Barcelona.
La obra 'Hanging Submarine', de Riera i Aragó (2018), en la galería Marlborough de Barcelona.

Parecería que Josep Riera i Aragón (Barcelona, 1954) se ha apuntado a la moda de los submarinos que han puesto en primer plano películas como Kursk, que cuenta el hundimiento de este sumergible en el mar de Barents en agosto de 2000 durante unas maniobras de la Flota Septentrional rusa, o la localización, el pasado mes de noviembre, a 600 kilómetros de la costa argentina, de los restos del ARA San Juan después de año y medio desaparecido con 44 tripulantes de ese país. Pero este artista lleva años casi obsesionado con los submarinos, que para él son más el transporte “para llevar a cabo exploraciones a la búsqueda de nuevos mundos” que potentes máquinas de guerra que utilizan los ejércitos de todos los países. De hecho, en 1991 creó Submarino enterrado,una escultura enorme, de más de 30 metros, para situarla medio soterrada en los Jardines de Hiroshima de Barcelona, tras un encargo del alcalde Pasqual Maragall dentro de sus planes por dignificar los barrios de la ciudad con esculturas de artistas reconocidos.

'Submarino pequeño vertical', de Riera i Aragó (2011)
'Submarino pequeño vertical', de Riera i Aragó (2011)

Y Riera i Aragó sigue con estas criaturas a las que dota de un carácter antropomorfo y totémico. Las últimas son las que pueden verse en la exposición La mirada del geógrafo, que estará abierta hasta el 12 de enero en la galería Marlborough; un título que hace referencia al cuadro de Johannes Vermeer, “y alude a la capacidad de imaginación del hombre, sus sueños, la memoria y lo que le depara el futuro”.

El artista, después de ocho años sin hacerlo en la ciudad, presenta en la exposición una docena de nuevas obras. La más impactante es Hanging Submarine, un enorme sumergible de casi dos metros y medio, suspendido, ingrávido del techo de la galería de Enric Granados “que habla del paso del tiempo, la descomposición de la materia y la huella del hombre”. Su aspecto es el de la piel de un animal prehistórico descompuesto que obliga al espectador a recomponer mentalmente todo lo que no se ve, como ocurría con el submarino semienterrado bajo la arena de 1991. No es el único submarino; otros, colocados en vertical, sobre la pared o sobre una peana, se presentan como pequeños “tótems, con un sentido casi religioso o de adoración”, explica Riera.

'Avión sobre humo y mundo', de Riera i Aragó (2018).
'Avión sobre humo y mundo', de Riera i Aragó (2018).

Junto a varias obras que abordan el tema de los mundos o las barcas; creados a base de collages en la que sobre una gruesa tela de algodón coloca metal y resina flotando, siempre en mares o espacios ingrávidos, Riera i Aragó presenta una instalación en la que destacan más de 40 esculturas de pequeño formato, sus característicos aviones, aspas y arqueros “no son maquetas de piezas más grandes, son obras de escalas diferentes”, colocadas sobre una peana. La impresión de que son marciales soldados de un ejército colocados sobre una especie de altar no es falsa. “Las realicé durante los cuatro años que mi mujer estuvo enferma. Cada vez que tenía tratamiento yo me dedicada a fabricarlas, buscando un efecto terapéutico. No las había expuesto nunca, pero ahora, que ya han hecho su función positiva, puedo desprenderme de ellas”.

Algunas de las 40 pequeñas esculturas de Riera i Aragó que se pueden ver en la exposición.
Algunas de las 40 pequeñas esculturas de Riera i Aragó que se pueden ver en la exposición.

Riera i Aragó ha creado muchas de las piezas con los restos del acero del casco del remolcador Montserrat que compró a finales de los ochenta en el desguace del Puerto de Barcelona. “Ya queda poco de ese acero”, explica.

Las aletas de color de muchos de estos aviones recuerdan al artista las constelaciones de Joan Miró y por eso las ha bautizado con nombres como Orion, Ursa Minor, Virgo, Casiopea, Pegasus y Perseo. Son las piezas más baratas de la muestra ya que se venden entre 1.500 y 1.800 euros. El enorme submarino colgante, que se vendió tras inaugurarse la exposición, era el más caro, ya que alcazaba los 55.000 euros.

Sin exposición pública

El artista Riera i Aragó, junto a una de sus obras.
El artista Riera i Aragó, junto a una de sus obras.

Los característicos aviones de Josep Riera i Aragó están presentes en muchas de las viviendas de los barceloneses. “Son 40 años de profesión”, justifica el artista. También en colecciones como las del Macba, el Ayuntamiento de Barcelona y fundaciones como la Vila Casas, La Caixa y Bassat. Pero este artista no ha tenido nunca una exposición en un museo público. “La gente me ha valorado más que las instituciones. No estaría mal una exposición en un museo. Parece que el respaldo del público esté reñido con el interés de las administraciones. Es un estigma que siempre he llevado”, se lamenta. “Es como considerar que El nombre de la Rosa, por popular es un mal libro”, media la directora de la galería, Mercè Ros

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