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OPINIÓN i

Estoicismo

Junqueras tiene una manera de ser determinante en el estilo de liderazgo que transmite sin alzar la voz. Es un estoico

Oriol Junqueras, en un acto en apoyo al referéndum del 1-O.
Oriol Junqueras, en un acto en apoyo al referéndum del 1-O.

Normalmente, no sería necesario, pero conviene aclarar que este artículo no precisa en absoluto la opinión del autor en cuanto a sus opiniones políticas personales. Se trata de una opinión basada en la observación de datos.

La última encuesta de opinión del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) llamaba la atención por varias cuestiones, partiendo de la base de que el porcentaje de partidarios de la independencia se mantiene estable (47%) y de que la horquilla de escaños independentistas se sitúa entre 70 y 73. Lo que llama la atención es la diferencia de votos entre Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y el Partit Demòcrata Català (PDeCAT), que parece estar creciendo sin prisa pero sin pausa.

En Esquerra hay un líder, que ejerce ese liderazgo con un fuerte carisma. En la otra pata del independentismo ¿qué hay?

Para ello se puede aventurar una primera explicación, y es que ERC es un partido político clásico, sólido en su estructura y piramidal desde el punto de vista del liderazgo. Y en el campo de la partitocracia —que no gusta a casi ningún ciudadano, pero que se alimenta del hecho de que, al final, más del 70% de los ciudadanos votan a los partidos—, siempre ha sido determinante el liderazgo. Y ese liderazgo ha de ser unipersonal. Lo de la “dirección colegiada” y todo eso vale en parte para la CUP, que no es un partido como ellos mismo dicen, sino un conglomerado de grupos y estados de ánimo varios.

En ERC hay un líder, y se llama Oriol Junqueras, que ejerce ese liderazgo con un fuerte carisma, entre los suyos pero también más allá. Lo esencial es el estilo, y la esencia de ese tipo de liderazgo es determinante en el caso que nos ocupa. En la otra pata del independentismo ¿qué hay? Los restos agónicos de un partido que ya no lo es (Convergència); las diversas almas de un partido que existe pero no está muy seguro de ello (PDeCAT); una cosa que no es todavía un partido, pero no dice lo que es (La Crida); y varias, muchas, entidades, consejos y comités, el Consell de la República (el señor Comín) y una confusión de líderes y liderazgos que hace bueno el dicho “¡cuidado, que vienen más jefes que indios!”.

No hay color porque, además, entre estos últimos hay una confusión de roles notables, una competición por el poder y una notable desorientación táctica y estratégica. Todos los intentos para fagocitar a Esquerra (“unidos ganaremos”, “unidos somos más fuertes”, etcétera) han fracasado, lo que confirma que ERC es un partido y los demás no.

En cuanto a liderazgo, rara vez se ha visto tal fragmentación en una misma corriente política y eso en la historia de todos los partidos y movimientos políticos ha acabado siempre mal. Cuesta creer que Carles Puigdemont se vea como líder único e indiscutible del independentismo catalán, cuesta todavía más entender quién cree ser Quim Torra. Y los Comités de Defensa de la República (CDR) van cada vez más por su cuenta, en su día animados a ello por el mismo Torra. Quizá todo ello ayude a entender que ERC, que es un partido clásico con los defectos y virtudes de todos ellos, hace tiempo que ha entendido lo esencial: hay que reformular los tiempos para preservar el horizonte finalista, y hay que reformularlos en términos de táctica y de estrategia. Lo hace desde su propio criterio.

Hay un segundo elemento a tener en cuenta. Y es que Junqueras tiene una manera de ser que es determinante en el estilo de liderazgo que transmite sin alzar la voz. Es un estoico, observen el salto a la antigüedad que ello representa en términos de manera de ser. El estoicismo, que la historia de las ideas políticas sitúa en Cenon de Cipio, 350 antes de Cristo, tiene en su estela, según la mayoría de estudiosos, a Cicerón, Catón el Joven, Séneca o Marco Aurelio. No hay unanimidad en ello, pero uno se suma a los que incluyen a Sócrates en la lista. ¿Qué caracteriza a los estoicos? Sin duda una considerable dignidad personal en la aceptación de las contrariedades de la vida, una cierta renuencia a adjudicar esas contrariedades a los demás, y una clara capacidad de “controlar la razón” para lo bueno de la vida (eso parece fácil) y para lo malo. Y aquí es donde nos damos cuenta de esa cualidad que conocemos como dignidad de la persona, por lejos o cerca que uno esté de tal o cual líder, en este caso Junqueras.

Es decir, el concepto de partido (bastante antiguo) y el concepto de estoicismo (una antigualla, literalmente) para entender lo que sucede hoy en día en la política catalana.

Pere Vilanova es catedrático de Ciencia Política (UB)

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